Samuel Pérez/ IBSJ
Lectio Divina correspondiente al 19 de julio. Domingo XVI del Tiempo Ordinario. Reflexión y acción de la Palabra de Dios, con la guía de integrantes del Instituto Bíblico San Jerónimo…
1. Lectura: ¿Qué dice el texto?
Mateo 13, 24-30
En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la muchedumbre: «El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña. Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: ‘Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?’ El amo les respondió: ‘De seguro lo hizo un enemigo mío’. Ellos le dijeron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancarla?’ Pero él les contestó: ‘No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla; y luego almacenen el trigo en mi granero’ «.
Ahora hagámonos las siguientes preguntas:
¿Con qué situación compara Jesús el Reino de los cielos en esta parábola?
¿Qué hizo el enemigo mientras los trabajadores dormían y qué sucedió después en el campo?
Al descubrir los trabajadores la cizaña, ¿qué fueron a preguntarle al amo?
¿Qué le propusieron al dueño del campo y cuál fue su respuesta?
¿Cuál fue la razón del dueño para no arrancar la cizaña de inmediato?
En tiempo de cosecha, ¿qué indicación dará el dueño a los segadores respecto a la cizaña y el trigo?
Interioricemos en el texto
Jesús presenta el Reino de los cielos mediante la parábola del trigo y la cizaña. El sembrador siembra buena semilla, pero un enemigo introduce la cizaña mientras los trabajadores duermen.
Al darse cuenta, los trabajadores proponen al dueño del campo arrancar inmediatamente la cizaña. Sin embargo, él les responde con prudencia, pues existe el riesgo de arrancar también el trigo. La parábola muestra que el bien y el mal pueden crecer juntos durante un tiempo. Por ello, decide esperar hasta la cosecha, cuando será posible distinguir con claridad uno del otro. En versículos más adelante del texto, Jesús explica la parábola a sus discípulos: «El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña son los partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo” (cf. Mateo 13, 37-40). El Evangelio nos invita a confiar en la sabiduría de Dios que actúa con misericordia y concede la oportunidad para la conversión y el crecimiento del bien. Nos exhorta a perseverar como buen trigo en medio de las dificultades, sin perder la esperanza, confiando en que al final su Reino manifestará la victoria del bien.
2. Meditación: ¿Qué me dice Dios en el texto?
Para profundizar en el Evangelio contestémonos a nosotros mismos, con sinceridad, las siguientes preguntas:
Al contemplar la sabiduría y la paciencia del dueño del campo, en medio de las dificultades y el mal que puedo encontrar a mi alrededor, ¿cómo procuro confiar en los tiempos de Dios dando espacio para que su gracia transforme mi corazón y pueda permanecer como buen trigo para dar frutos de fe?
En nuestros grupos parroquiales, ¿qué ideas y acciones necesitan ser transformados para que el Señor haga crecer en nosotros el trigo del Evangelio y demos frutos para su Reino?
3. Oración: ¿Qué le digo a Dios?
«Señor Jesús, haz crecer en nuestro corazón el trigo de tu Palabra, danos sabiduría para confiar en tus tiempos y optar siempre por el bien. Aparta y arranca de nosotros todo aquello que nos aleja de tu presencia. Que nuestra vida dé frutos de amor, esperanza y santidad para tu gloria. Amén.
4. Contemplación:
Para intensificar la contemplación repitamos varias veces durante la semana un versículo de la Sagrada Escritura para que alimente nuestra fe:
«Tú, Señor, eres bueno y clemente» (Salmo 85).
5. Acción: ¿A qué me comprometo con Dios?
“Sean primero trigo; no se preocupen por la cizaña.” (San Agustín de Hipona, Sermón 73A).
Propuesta: Seamos trigo orando por nuestros hermanos de Venezuela y colaboremos por medio de las campañas que realiza la Iglesia.






























































