Samuel Pérez/ IBSJ
Lectio Divina correspondiente al 02 de agosto. Domingo XVIII del Tiempo Ordinario. Reflexión y acción de la Palabra de Dios, con la guía de integrantes del Instituto Bíblico San Jerónimo.1. Lectura: ¿Qué dice el texto?
Mateo 14, 13-21.
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. Pero Jesús les replicó: “No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer”. Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. Él les dijo: “Tráiganmelos”.
Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.
Ahora hagámonos las siguientes preguntas:
¿Qué hace Jesús al enterarse de la muerte de Juan el Bautista y cómo reaccionó la gente al saber hacia dónde se dirigía? ¿Qué sentimientos y acciones tuvo Jesús al ver a la muchedumbre que lo esperaba?
Al ver que se hacía tarde, ¿qué sugerencia le hacen los discípulos y cuál fue la respuesta de Jesús? ¿Con qué alimentos contaban los discípulos para alimentar a la multitud? ¿Qué acciones realizó Jesús con los cinco panes y dos pescados antes de repartirlos a la gente? ¿Qué sucedió después de que todos comieron y cuántas canastas llenas de sobras se recogieron?
Interioricemos en el texto
Jesús busca retirarse al enterarse de la muerte de Juan el Bautista, sin embargo, la gente no permanece indiferente y lo siguen. Jesús al ver a la multitud, manifiesta un corazón profundamente compasivo: los recibe, cura a los enfermos y responde a sus necesidades. Cuando los discípulos proponen despedir a la multitud, Jesús los invita a participar en su obra con las palabras: «Denles ustedes de comer». Con los cinco panes y los dos peces que le presentan, tomándolos eleva la mirada al cielo, pronuncia la bendición, los parte y los entrega a los discípulos para que ellos los distribuyan. El relato muestra que, puesto en las manos de Jesús, lo poco se convierte en abundancia. Todos comen hasta saciarse y aún sobran doce canastas, signo de la generosidad inagotable de Dios. Esta acción anticipa la eucaristía y el banquete mesiánico del Reino. El Evangelio nos invita a confiar en el Señor, a ofrecerle con sencillez lo que somos y tenemos, y a colaborar con Él para que nadie quede sin experimentar su amor, su compasión y su alimento.
2. Meditación: ¿Qué me dice Dios en el texto?

Para profundizar en el Evangelio contestémonos a nosotros mismos, con sinceridad, las siguientes preguntas:
Al contemplar la compasión de Jesús por la gente, ¿soy capaz de detenerme para reconocer y actuar ante las necesidades materiales y espirituales de las personas que Dios pone en mi camino?
¿Por qué el discípulo de Jesús debe ser profundamente cercano a todas las personas?
Ante el llamado de Jesús: «Denles ustedes de comer», ¿nuestras comunidades se ocupan por salir al encuentro de quienes tienen hambre de Dios, acompañarlos con cercanía y compartir sus dones para que todos experimenten el amor del Padre y encuentren un lugar en la vida de la Iglesia?
3. Oración: ¿Qué le digo a Dios?
Señor Jesús, enséñanos a poner en tus manos lo que somos y tenemos siendo sensibles a las necesidades de nuestros hermanos. Que, fortalecidos por tu amor, llevemos esperanza, consuelo y el alimento de tu Palabra a quienes más lo necesitan. Amén.
4. Contemplación:
Para intensificar la contemplación repitamos varias veces durante la semana un versículo de la Sagrada Escritura para que alimente nuestra fe: «Abres, Señor, tu mano y nos sacias de favores.» (Salmo 144).
5. Acción: ¿A qué me comprometo con Dios?
Pongamos nuestros panes y pescados en las manos de Dios para alimentarnos y alimentar a otros de su Palabra siendo sensibles a las necesidades materiales y espirituales de nuestros hermanos.
Propuesta: Compartamos de lo nuestro con una familia en necesidad, ya sea alimento, nuestra cercanía y oración. Pidamos a Dios para que nos envíe un Obispo con corazón de pastor.






























































