Jorge Sánchez/IBSJ
Lectio Divina correspondiente al 23 de agosto. Domingo XXI del Tiempo Ordinario. Reflexión y acción de la Palabra de Dios, con la guía de integrantes del Instituto Bíblico San Jerónimo…
1. Lectura: ¿Qué dice el texto?
Mateo 16, 13-20
En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos le respondieron: «Unos dicen que eres Juan, el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas».
Luego les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Jesús le dijo entonces: «¡Dichoso tú, Simón hijo de Juan! porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, ¡sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.
Ahora hagámonos las siguientes preguntas:
En nuestra lectura ¿a qué región llegaron Jesús y sus discípulos? ¿Cuál es la primera pregunta que Jesús hace a sus discípulos? después de escuchar la respuesta de sus discípulos les hace una segunda pregunta ¿Cuál es este segundo cuestionamiento? ¿de entre los discípulos quién se anticipa a responder? esta segunda respuesta ¿cuál fue? Pedro le reconoce como el Mesías (el Ungido) e Hijo de Dios, ante esta clara respuesta Jesús se dirige a Pedro y deja claro que esta revelación no corresponde a inteligencia humana, sino que ¿de quién le ha llegado? Después Jesús le aclara que el será el fundamento de su Iglesia y ¿de dónde son las llaves que le entregará? Por último ¿qué instrucción les da a los discípulos?
Interioricemos en el texto
En este diálogo, después que Jesús ha predicado por varias regiones, se interesa en conocer qué piensa la gente que le ha escuchado sobre su identidad; los discípulos le aclaran que es considerado un profeta, incluso comparable a Elías o Jeremías. Eso es importante pues no solo le escuchaban como a un simple predicador, sin embargo, Jesús va más allá con una segunda y profunda pregunta ¿ustedes quién dicen que soy yo? Este grupo cercano era ya testigo de las grandes enseñanzas y signos prodigiosos que había realizado Jesús, de aquí la importancia de esa segunda pregunta a los testigos directos. Pedro, a nombre de los discípulos, responde reconociéndole como el Mesías, el Ungido, el libertador que durante muchos años había esperado el pueblo judío. Sin embargo, equivocadamente, esperaban un rey guerrero que los salvara de la opresión romana y no que les trajera la salvación eterna en el Reino de los cielos. Jesús no les pide, les ordena que no mencionen que es el Mesías pues lejos de ayudar, provocaría anticipadamente que quienes ostentaban el poder (Herodes, el Sumo Sacerdote, escribas, etc.) se sintieran amenazados y anticiparan al cumplimiento de su Misión, pues aun faltaba tiempo para su glorificación en la cruz.

2. Meditación: ¿Qué me dice Dios en el texto?
Para profundizar en el Evangelio contestémonos a nosotros mismos, con sinceridad, las siguientes preguntas:
Para nosotros como miembros de la Iglesia y discípulos de Cristo es importante que respondamos la pregunta que Jesús nos hace hoy en el evangelio ¿quién crees que es él? ¿piensas que fue un profeta de la antigüedad, o qué es el Ungido, el Mesías? ¿el Hijo de Dios? ¿lo aceptas como tu único y verdadero salvador? Si tu respuesta es sí entonces somos testigos vivientes de cómo su Iglesia permanece viva a pesar de tantas vicisitudes y situaciones adversas que ha enfrentado y que habremos de enfrentar pues estamos expuestos hoy, así como antes, a extrañas filosofías e ideologías contrarias a Cristo.
3. ORACIÓN: ¿Qué le digo a Dios?
Señor Jesús te agradezco que me cuestiones, que me hagas responderme a mí mismo quién eres, auxíliame a no olvidar que tu misión y tu Iglesia n tienen como finalidad mi salvación. Amén.
4. Contemplación:
Para intensificar la contemplación repitamos varias veces durante la semana un versículo de la Sagrada Escritura para que alimente nuestra fe:
«Señor, tu misericordia perdura eternamente» (Salmo 136)
5. Acción: ¿A qué me comprometo con Dios?
Esta semana el Evangelio nos invita a conocer mejor a Jesús, a ser sus discípulos y testigos fieles de su Iglesia, donde sabemos están las llaves del Reino esperando día tras día para nuestra salvación.
Propuesta: Pedro recibió una gran revelación del Padre; al igual que a él también nos espera la Revelación a través de su Hijo y del Espíritu que están esperándonos en las Sagradas Escrituras. Dediquemos esta semana a leer la Biblia al menos 15 minutos diarios e iniciemos la costumbre de dialogar con Cristo.





























































