Blanca A. Martínez
Con una Acción de gracias por el amor y ejemplo que dejó en Ciudad Juárez, religiosas misioneras de María Dolorosa celebraron el 51 aniversario luctuoso de su fundador, monseñor Baudelio Pelayo, fallecido el 26 de octubre de 1975 a los 74 años de edad.
La misa se realizó en la Capilla San Antonio, Senecú, a un costado donde se encuentra una de las obras más emblemáticas del sacerdote fundador, el Asilo de Ancianos. Con ella concluyó el Año Jubilar por 50 años de su partida.
Como se sabe, monseñor Baudelio Pelayo, oriundo de Jalisco, fue un incansable sacerdote avecindado en Ciudad Juárez, donde llevo a cabo su ministerio sacerdotal, realizó numerosas obras sociales y fundó la congregación de Misioneras de María Dolorosa, que a la fecha sigue atendiendo algunos de esos proyectos.

La misa de aniversario luctuoso fue celebrada por el padre Francisco Galo Sánchez, vicario de San Felipe de Jesús y quien tuvo la dicha de conocer a monseñor Pelayo cuando era un seminarista. Incluso le tocó acompañar al sacerdote Efren Hernández (qepd) cuando fue a administrarle los Santos Óleos antes de su muerte.
“Venimos a dar gracias a Dios por todo lo que a través de monseñor Pelayo hemos recibido ¡Y para alegrarnos por eso!”, dijo en su homilía.
Habló a los presentes, entre quienes también se encontraban laicos misioneros de María Dolorosa que apoyan a la congregación, sobre signos y significados para los cristianos.
Se refirió a las flores como signo mediante el cual se expresa alegría, y en particular a las flores que ese día adornaban el recinto, algunas colocadas al costado de la foto de monseñor Pelayo.

“Cuando muere alguien se ponen flores como signo de la alegría de que un día nos volveremos a ver. Si les quitamos el significado, las flores se ven como mero requisito y no como el don que representan”.
Dijo que la presencia de todos ahí ese día, no debía ser por la muerte de don Baudelio Pelayo, “sino por la esperanza de que él nos espera junto a nuestra Madre Santa para no volvernos a separar. ¡Esa es nuestra fe!”, exclamó.
“No soy el mejor seguidor de monseñor Pelayo, pero me queda claro y me alegra saber que me espera, porque fue un sacerdote como yo”, dijo.
Durante la plegaria eucarística, el sacerdote rezó para que monseñor Pelayo “contemple lo que el celebró con fidelidad en su don” y luego de la Comunión, antes de finalizar la misa, la hermana Socorro Solís, MMD rezó una oración por su fundador:

“recompénsalo con el abrazo eterno que le permita gozar la plenitud de tu Gloria”.
Con las notas del canto “Peregrino de amor”, las flores que estaban a un costado de la fotografía del sacerdote fundador fueron llevadas a su tumba, que se encuentra en la parte posterior del templo. Ahí fueron colocadas por la hermana María Elena Hernández, MMD, y el sr. Juan Guerrero -de la asociación de laicos cooperadores- y quedaron como muestra de la alegría y gratitud por el amor y ejemplo que Don Baudelio heredó a esta frontera.
A petición del padre Galo, las Misioneras de María Dolorosa ahí presentes cantaron el himno de su congregación, compuesto por la finada religiosa Dolores Pelayo, MMD, hermana de Don Baudelio. Y finalmente el padre Galo despidió a los presentes con esta solicitud:
“Vayan a ser misioneros, como don Baudelio fue”.


































































