Dr. Alfredo Morales González/Ortodoncista
La amistad es una virtud o va acompañada de virtud y es, además, la cosa más necesaria en la vida. Sin amigos nadie escogería vivir, aunque tuviese todos los bienes restantes. Absurdo sería ciertamente hacer del hombre dichoso un solitario, porque nadie escogería poseer a solas todos los bienes, puesto que el hombre es un ser político nacido para convivir. Así que el hombre feliz tiene también necesidad de amigos.
La felicidad es una actividad, y es claro que la actividad nace y se desarrolla, por lo cual decimos que ser feliz consiste en vivir y actuar. El solo ver a los amigos es un placer, y llega a ser un reparo en la aflicción, porque el amigo, si es hombre de tacto, es una fuente de consuelo, tanto por su vista como por su palabra, puesto que conoce nuestro carácter y sabe de qué cosas recibimos agrado o desagrado.
Me detengo hablando un poco de la amistad ya que es un pilar fundamental para la felicidad. Dicho sea de paso, esta práctica está cada vez más abandonada en los seres humanos, y no se acaba de entender con claridad que es un elemento esencial para la sobrevivencia. Algunos dirán: “pero si ni siquiera tengo tiempo para cumplir mis tareas diarias, mucho menos para compartir con mis amigos o familia…a no ser que saquen cita para vernos y -por cierto-, pongo el reloj para no pasarme de los minutos que dispongo”.
Al estudiar la vida de Jesús, resalta el hecho de que Él siempre dedicaba tiempo a los demás. Nunca estaba demasiado ocupado con su propia agenda, con sus propios planes. No estaba tan enfocado en sí mismo como para no estar dispuesto a detenerse y ayudar a un alma necesitada. Él podía decir fácilmente: “Escuchen, estoy ocupado, saquen una cita, tengo una agenda muy saturada”. Pero no, Jesús tenía compasión de las personas, se preocupaba por que estuvieran bien y voluntariamente invertía tiempo en ayudarlas. Daba parte de su vida gratuitamente. Creo que Él no exige menos de quienes afirman ser sus seguidores hoy en día.
Nuestro mundo desea sentir el amor y la compasión de Dios. Está pidiendo a gritos personas compasivas, que amen incondicionalmente, que se tomen el tiempo de ayudar a quienes cohabitan con ellas en este planeta. Dios puso su amor sobrenatural en nuestros corazones cuando nos creó. Él ha puesto en nosotros el potencial para desarrollar un espíritu bondadoso, solícito y amable. Habiendo sido creados a la imagen de Dios, tenemos la capacidad moral de experimentar su compasión. Tenemos la oportunidad de marcar una diferencia en la vida de los demás. No lo ignoremos. Alguien necesita lo que tenemos, no perdamos la competencia con nosotros mismos.
El hierro se afila con el hierro, y el hombre en el trato con el hombre. (Prov 27,17)
































































