Lectio Divina correspondiente al 05 de julio. Domingo XIII del Tiempo Ordinario. Reflexión y acción de la Palabra de Dios, con la guía de integrantes del Instituto Bíblico San Jerónimo…
Samuel Pérez/ IBSJ
1. Lectura: ¿Qué dice el texto?
Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, Jesús exclamó: «¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien. El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre; nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera».
Ahora hagámonos las siguientes preguntas:
¿A quién dirige Jesús su oración de alabanza y por qué motivo le da gracias?
De acuerdo con las palabras de Jesús, ¿a quiénes han sido reveladas las cosas del Reino y a quiénes les han sido ocultadas?
¿Qué afirma Jesús acerca de su relación que existe con el Padre?
¿A quiénes les dice Jesús “Vengan a mí”, y qué promesa les hace?
¿Qué exhortación hace Jesús respecto a su yugo y qué razón da para aceptarlo?
¿Cómo describe Jesús su propio corazón y qué promete a quienes aprendan de Él?
Interioricemos en el texto
El Evangelio comienza con una hermosa escena al presentar a Jesús elevando una oración de alabanza al Padre porque ha revelado los misterios del Reino a los sencillos y humildes de corazón. El relato destaca que la verdadera sabiduría no depende del prestigio o del conocimiento humano, sino de la apertura confiada a Dios. Jesús afirma la profunda comunión que existe entre Él y el Padre: solo el Hijo conoce plenamente al Padre y lo da a conocer a quienes Él quiere revelarlo. En la segunda parte del relato, Jesús dirige una invitación que nos permite ver su corazón lleno de ternura: “Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados”. Las “cargas” que impone el mundo y los desafíos que enfrentamos cada día nos pueden desanimar y quitar la esperanza. Jesús no promete una vida sin dificultades, sino el descanso que nace de caminar con Él. Su “yugo” no es una carga opresiva, sino un camino de amor y seguimiento porque Él es “manso y humilde de corazón”. El Evangelio nos anima a acercarnos a Jesús con confianza, a depositar en Él nuestras cargas y a aprender de su humildad, descubriendo que solo en su amor el corazón encuentra el verdadero descanso.

2. Meditación: ¿Qué me dice Dios en el texto?
Para profundizar en el Evangelio contestémonos a nosotros mismos, con sinceridad, las siguientes preguntas:
Jesús me invita: “Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados por la carga”; ante las preocupaciones y dificultades de mi vida, ¿acudo a Él con confianza? ¿Qué acciones puedo realizar para fortalecer mi confianza de caminar con Él y recibir el verdadero descanso que me ofrece?
Jesús se presenta como “manso y humilde de corazón”; ¿Qué actitudes necesito transformar para aprender de Él y vivir con mayor humildad, paciencia y amor hacia los demás?
En mi grupo parroquial, ¿estamos llevando a los demás al descanso y la paz que ofrece Jesús? ¿Nuestras actividades y servicios reflejan la mansedumbre y humildad de su corazón en el acompañamiento de quienes están cansados y agobiados?
3. Oración: ¿Qué le digo a Dios?
«Señor Jesús, que eres manso y humilde de corazón, venimos a Ti con nuestras cargas y cansancios. Toma nuestras preocupaciones y danos el descanso y la paz que solo Tú puedes ofrecer. Enséñanos a aprender de Ti y a vivir con un corazón humilde. Fortalece nuestra fe en medio de las dificultades de cada día. Amén.
4. Contemplación:
Para intensificar la contemplación repitamos varias veces durante la semana un versículo de la Sagrada Escritura para que alimente nuestra fe:
«Acuérdate, Señor, de tu misericordia» (Salmo 144).
5. Acción: ¿A qué me comprometo con Dios?
“Aprended de Cristo, porque es manso y humilde de corazón.” — San Agustín de Hipona.
Propuesta: En oración, pondré en manos de Jesús aquello que me preocupa, confiando en que Él camina conmigo. Además, viviré una actitud concreta de mansedumbre y humildad visitando a una persona enferma o compartiendo una despensa con una familia en necesidad.
































































