Paulina Ruiz
En torno al Día del Albañil, que en México se celebra el 3 de mayo, los trabajadores de la construcción de la Torre Centinela recibieron una bendición especial en una celebración encabezada por el padre Eduardo Hayen, párroco de la Catedral de Ciudad Juárez, realizada el pasado sábado 2 de mayo.
El acto no solo honró la tradición de colocar la Santa Cruz en lo alto de la obra, sino que dignificó la labor de quienes levantan este proyecto para la seguridad de la población.
Un trabajo que trasciende
Durante la homilía, el padre Hayen se mostró cercano a los obreros, saludando a ingenieros, personal de limpieza y albañiles. Destacó que su labor va mucho más de ganar el pan con el sudor de la frente, pues el trabajo es una fuente de dignidad que permite aplicar talentos y desarrollar comunidad.
“Ustedes, con su trabajo, están construyendo esperanza para Chihuahua y para nosotros que habitamos en esta frontera”, expresó el sacerdote, recordando los tiempos difíciles de violencia que ha enfrentado la ciudad desde 2008.
“El trabajo es algo mucho muy digno en nuestra vida cristiana, nos dignifica a todos. Hacemos algo por los demás, por la ciudad, no solamente para ganar el pan, sino que tiene un sentido más profundo”, explicó el sacerdote a los trabajadores.
El padre Hayen invitó a los trabajadores a ver la imponente estructura que se levanta en el corazón del Centro Histórico como un proyecto destinado a devolver la paz y la tranquilidad a las familias juarenses y de todo el estado. Desde una óptica espiritual, comparó la figura de la torre con la protección divina.
“Para mí Cristo Jesús es el que me da seguridad… Él es nuestro centinela en realidad. Yo los invito a que vean en esta Torre Centinela también representado al Señor”, señaló.

La bendición de la Cruz
La ceremonia incluyó la bendición de una cruz adornada con flores, siguiendo la tradición de los trabajadores de la construcción. El padre Hayen pidió que, al ser colocada en lo alto de la edificación, no sea vista solo como un adorno, sino como un signo de fe y de que el trabajo realizado es para Dios y para el bienestar del país.
Al finalizar la homilía, el sacerdote elevó una plegaria por la comunidad laboral: “oremos por todos los obreros de la construcción, especialmente lo que trabajan en esta construcción. Que Dios derrame abundante gracia, bendición, fortaleza, paz en sus familias”.
Tras la bendición de la cruz, se llevó a cabo un pequeño convivió dedicado a los obreros, celebrando su esfuerzo diario y su contribución a la construcción de una sociedad más segura y fraterna.
“Estuvo bien, bien, trajeron comida y todo, hay mucho compañerismo y está chido”, dijo Martín González Hernández, uno de los trabajadores en eese proyecto en el centro de la ciudad.


































































