El Gobierno Federal, a través de la Secretaría de Gobernación (SEGOB), abrió investigaciones para auditar y rastrear el financiamiento y apoyo logístico que reciben los colectivos de madres buscadoras, específicamente para costear sus traslados a manifestaciones en la Ciudad de México.
Esta medida ha generado una fuerte indignación social y señalamientos de criminalización. Mientras los colectivos exigen ayuda para localizar a sus familiares desaparecidos —cuya cifra supera las 133,000 personas— y denuncian falta de apoyo oficial, la respuesta del Estado se ha centrado en indagar quiénes patrocinan sus protestas.
Por ello la pregunta de esta semana es:
¿Qué opina de la medida del gobierno federal recientemente anunciada para investigar a colectivos de madres buscadoras y qué le diría a la presidenta en este sentido?
Yadira Soledad Cortés Castillo/Red Mesa de Mujeres
Ante la reciente intención o planteamiento de investigar a los colectivos de madres buscadoras, mi postura es clara: cualquier análisis o investigación que pretenda comprender el fenómeno de la búsqueda de personas desaparecidas debe partir del reconocimiento de una realidad fundamental, no de la sospecha.
Las madres buscadoras no son un actor político surgido por conveniencia; son el resultado de una ausencia estructural del Estado. Su existencia misma evidencia una falla profunda en los mecanismos de investigación, identificación y acceso a la justicia.
Si realmente se llevaran a cabo investigaciones serias sobre los colectivos, sería importante que estas no se orientaran a deslegitimar su labor, sino a comprender las condiciones materiales en las que realizan su trabajo. Y ahí aparecería una verdad contundente: la mayoría de las buscadoras sostienen sus jornadas de búsqueda con un alto costo personal, económico y humano.
Muchas de ellas dejan de comer o reducen su alimentación para poder destinar recursos al transporte que les permita acudir a fiscalías, servicios forenses o puntos de búsqueda. En múltiples casos, deben elegir entre cubrir necesidades básicas de su familia o pagar un camión, un taxi o cualquier medio de traslado para dar seguimiento a la investigación de su hija o hijo desaparecido. Esta realidad no es excepcional, es cotidiana.
Las afectaciones no son solo económicas. Son también físicas y emocionales. Las buscadoras enfrentan deterioro en su salud, abandonan tratamientos médicos, postergan cuidados personales y, en muchos casos, caen en enfermedades derivadas del desgaste, la angustia y el estrés prolongado. Todo esto ocurre mientras continúan, sin descanso, en la exigencia de verdad y justicia.
Por ello, insisto en que, si el Estado desea “investigar” o comprender en profundidad a los colectivos, el resultado debería ser otro: evidenciar la necesidad urgente de un sistema de apoyo real para las familias buscadoras. Esto implicaría reconocer que no pueden seguir asumiendo solas los costos de una responsabilidad que corresponde al Estado.
Más que vigilancia o desconfianza, lo que se requiere es una respuesta institucional que se traduzca en políticas públicas concretas: la creación de un presupuesto o fondo específico para acciones de búsqueda, así como el fortalecimiento real de las instituciones encargadas, particularmente la CEAV y las comisiones estatales de atención a víctimas, dotándolas de recursos suficientes y dignos para apoyar a las familias.
La prioridad no puede ser observar a quienes buscan, sino garantizar que nadie tenga que buscar en condiciones de abandono, precariedad y desgaste extremo. El centro de la discusión debe seguir siendo el mismo: la obligación del Estado de buscar, localizar e identificar a las personas desaparecidas con verdad, justicia y dignidad.
Daniel Alejandro Durán/Acompañante psicosocial.
Ante las recientes actividades de visibilización y protesta de varios colectivos de Madres Buscadoras en la Ciudad de México, en el contexto del mundial de futbol, la presidenta Claudia Sheinbaum ha realizado declaraciones en contra de ellas, mencionando que se realizaran investigaciones para indagar de donde se financian.
Que se investigue, pero que en verdad se investigue, y así la actual administración de Gobierno que encabeza la presidenta entendería por todo el dolor y la complejidad que viven las familias buscadoras: el desgaste del alma, el dolor permanente, la búsqueda de los desaparecidos que cala hasta los huesos…
Sin embargo, los colectivos de familias buscadoras y los acompañantes tenemos claro que estas acciones y declaraciones son parte de una manera de reaccionar ante quienes son de los -bastiones de dignidad- que quedan en nuestro país, las madres, las Madres Buscadoras, quienes son en cierto sentido “la piedra en el zapato” no solo del presente Gobierno sino de la conciencia política en general.
Ya que son las madres un colectivo en todo el país al que no han podido ni comprar, ni distraer, ni marear. Son las familias buscadoras quienes, movidas siempre por el Amor creativo, encuentran signos que incomodan y recuerdan (incluso para aquellos que no aceptan) que a lo largo y ancho de nuestra nación hay sillas vacías y sueños mudos en cientos de miles de hogares.
Sin embargo, siempre hay otra cara de la moneda, como ejemplo habrá que ver y dejarnos mover por los cientos de personas extranjeras que afuera de los estadios realizaron gestos de amor y comprensión, abrazado a las familias buscadoras.
¿Y Nuestra Iglesia?
Como Iglesia centrada en Jesús la invitación es clara: acompañar con fe a las familias buscadoras, quienes tienen hambre y sed de Justicia.
Amós 9,11.
Ricardo Alemán/Periodista
El fallido gobierno mexicano ha recurrido a atrocidades impensables para desanimar la protesta de las familias de miles de desaparecidos, para tratar de ocultar –a los ojos del mundo–, el drama de cientos de miles de familias que han perdido a sus seres queridos.
Una tragedia que, en el primer día del mundial en México, ganó las primeras planas en todo el mundo, ya que se trata de una de las mayores atrocidades cometidas por el Estado, contra la población indefensa.
Todo empezó en la mañanera del pasado jueves, cuando a una pregunta directa, la presidenta, Claudia Sheinbaum, se burló de la protesta de las “Madres Buscadoras”.
Así lo dijo en medio de una risa burlona:
Hubo un momento en que había más compañeros de la Comisión de Víctimas que de los manifestantes… Pero se les atiende a todos los colectivos.
A la burla lanzada por la presidenta, le siguió la amenaza directa contra las madres. Y es que la titular de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, también dijo en “la mañanera”, que se investiga a los intereses oscuros que están detrás de las protestas de las “madres buscadoras”.
Por eso la orden presidencial para que mediante la policía –granaderos que supuestamente ya habían desaparecido–, las “madres buscadoras” no sólo fueran criminalizadas, sino reprimidas con la fuerza policiaca.
Y el mejor ejemplo es una imagen estremecedora que recorrió el mundo y delató las atrocidades que comete el gobierno mexicano. Resulta que, en medio del llanto, una madre implora, de rodillas frente a los policías, que la dejen pasar, que no hace daño a nadie con la protesta que busca localizar a su hijo desaparecido.
Luego apareció un video que también fue tendencia y captado cuando dos aficionados futboleros le arrebataron la pancarta a una “madre buscadora”, para usarla a manera de sombrilla ante la lluvia. Un reportero que detectó el abuso trató de impedirlo y como respuesta recibió una paliza.
Es decir que, por todos los medios, el gobierno federal, el que debía garantizar la vida ciudadana, parece empeñado en deslegitimar la lucha de las “madres” que, con uñas y dientes, buscan a sus hijos desaparecidos. (Publicado en La Silla Rota)






























































