Ana María Ibarra
A propósito de la intención de oración del Papa León XIV para el mes de julio, dedicada al respeto y la protección de la vida humana en todas sus etapas, el padre Juan Manuel Orona, licenciado en Biblia, invitó a redescubrir, desde la Sagrada Escritura, el carácter sagrado e inviolable de toda vida humana.
Sagrado e inviolable
Invitado a reflexionar sobre este tema desde la Sagrada Escritura, el padre Juan Manuel Orona, párroco de la comunidad El Señor de la Misericordia, explicó que la Biblia, desde sus primeras páginas, presenta la vida como un regalo de Dios.
La Biblia es un referente desde la fe, desde la historia del pueblo Israel y desde la misma vida de nuestro Señor que nos enseña que la vida humana es algo sagrado e inviolable.
dijo el padre Orona.
Recordó que el libro del Génesis narra que el hombre y la mujer fueron creados a imagen y semejanza de Dios, otorgando una dignidad única a cada persona.

Cada rostro humano nos recuerda la belleza y la grandeza de Dios. En los primeros capítulos del Génesis nos dice que Dios formó al ser humano de una manera muy bonita, sopló sobre su nariz. El hombre y la mujer somos portadores de la misma vida divina que Dios nos comparte.
expresó.
Añadió que el Génesis también subraya el respeto absoluto al advertir que quien atenta contra ella lo hace contra Dios mismo.
El padre Orona señaló que esta enseñanza atraviesa toda la Biblia. En el Antiguo Testamento, dijo, Dios llama constantemente a proteger a los más vulnerables, como las viudas, los huérfanos y los extranjeros. También recordó el Salmo 139, que contempla con admiración la formación del ser humano en el vientre materno, reconociendo que cada vida es obra maravillosa de Dios.
Desde el Antiguo Testamento, insiste en la importancia de la protección de los indefensos. Por ejemplo, cuando habla de la protección de la viuda, del huérfano, y le recuerda al pueblo israelita: acuérdate que tú fuiste también extranjero. Habla del respeto a los no nacidos.
Proyecto divino
En el Nuevo Testamento, explicó, la Encarnación de Jesucristo en el seno de la Virgen María confirma el inmenso valor de la vida humana. Además, recordó las palabras de Jesús en el Evangelio de san Juan: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”, resumiendo así el proyecto de Dios para toda persona.

La misión de la Iglesia es comunicar la belleza y el valor de la vida, defenderla y custodiarla desde su nacimiento hasta su muerte natural.
afirmó.
Y añadió:
El proyecto de Jesús es que cada ser humano se desarrolle en plenitud, que sea feliz, amando a Dios y sirviendo a sus hermanos.
Desafíos actuales
El biblista se refirió a lo que hoy representan serios desafios para la vida humana. Reconoció que la sociedad enfrenta una creciente cultura de la muerte, pero insistió en que la respuesta cristiana consiste en volver a la Palabra de Dios y promover una auténtica cultura de la vida.
Subrayó que esta tarea comienza en la familia, donde los hijos aprenden a valorar la dignidad de cada persona mediante el ejemplo de sus padres.

Los niños deben crecer sintiéndose amados y aprendiendo a respetar la vida de todos: de los ancianos, los enfermos, los no nacidos, los migrantes e incluso de quienes han cometido errores y hoy se encuentran privados de su libertad.
señaló.
Añadió que las parroquias también están llamadas a fortalecer esta formación mediante el conocimiento de la Palabra de Dios y del Magisterio de la Iglesia, promoviendo siempre el respeto a la dignidad humana.
Orar y trabajar por la vida
Como mensaje final, el padre Juan Manuel Orona invitó a la comunidad diocesana a unirse a la intención del Santo Padre durante este mes de julio, agradeciendo el don de la propia vida y la de quienes los rodean.
Quiero hacer eco de la invitación y el mensaje del Papa en este mes de julio. Agradecer el don de la vida personal y de las personas que Dios nos ha regalado a nuestro alrededor, nuestros familiares y amigos.
También exhortó a orar por todas las situaciones que atentan contra la dignidad humana y a respaldar las iniciativas que promueven y defienden la vida en todas sus etapas.
La invitación es a rezar por todo lo que atenta contra la dignidad de la vida humana y apoyar las iniciativas de la Iglesia y de la sociedad que promueven y defienden el valor de la vida. Somos una ciudad donde están presentes muchas realidades que nos interpelan: los niños, las mujeres, los ancianos, los enfermos, las personas privadas de la libertad y los migrantes. En cada uno de ellos estamos llamados a defender, amar y respetar la vida.
concluyó.































































