Dios ha reconciliado consigo al mundo por medio de Cristo…
Jorge Sánchez/IBSJ
1. Lectura: ¿Qué dice el texto?
Mateo 18, 15-20
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.
Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
Yo les aseguro también, que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos».
Ahora hagámonos las siguientes preguntas:
En esta narración del Evangelio ¿a quién se está dirigiendo Jesús? Jesús les pide que si después de amonestar a un transgresor varias veces este hace caso omiso y tampoco escucha las llamadas de atención de la comunidad ¿qué deberán hacer? Después de dar esas indicaciones a sus discípulos los reviste de un don que les da una especial autoridad ¿Cómo expresó Jesus la asignación de la gracia que les fue concedida? Jesús les asegura que donde dos o tres de sus discípulos se reúnan en su nombre ¿qué sucederá?
Interioricemos en el texto
El Evangelio nos relata en esta lectura cómo Jesús aclara a sus discípulos que parte de su misión es vigilar el sano comportamiento de los miembros de la comunidad, al respecto San Agustín nos dejó esta frase: “El poder de la Iglesia para corregir procede de Cristo y de sus promesas.” Para el mejor cumplimiento de esa importante misión de cuidar a la comunidad, Jesús les dota del medio para ayudar a los hermanos a través de concederles una autoridad que no solo se limita a lo terreno, sino también a lo celestial: “todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo”.

San Cromacio (siglo IV), haciendo una reflexión sobre la oración nos compartió lo siguiente: “El Señor manifestó que el Padre del cielo concede todo a dos o tres que oran unánimes; Pues no hay nada para Dios más grato que la paz fraterna, nada mejor que la unanimidad y concordia.”
2. Meditación: ¿Qué me dice Dios en el texto?
Para profundizar en el Evangelio contestémonos a nosotros mismos, con sinceridad, las siguientes preguntas:
Cuándo en una homilia o escuchando a alguno de mis hermanos, recibo directa o indirectamente una llamada de atención por algún comportamiento o intencionalidad que trasgrede mi fe y adecuado comportamiento cristiano ¿me detengo a reflexionar? y en caso necesario ¿corrijo mi proceder, o hago simplemente caso omiso a esos llamados? El señor nos dejó en su Iglesia los medios necesarios para nuestra redención y salvación, uno de ellos es el sacramento de la reconciliación, por el cual a través de nuestro arrepentimiento y el don de Jesús concedido a nuestros ministros podemos lograr el perdón a nuestras faltas. Aparte de mi oración personal ¿procuro la oración en familia, la oración junto mis amigos cercanos?
3. Oración: ¿Qué le digo a Dios?
Señor te agradezco que antes de partir nos dejaste los medios que necesitamos para nuestra salvación, que no nos dejaste solos, que siempre estamos acompañados de nuestros sacerdotes. Señor Fortalece mi fe y permite que me acerque con humildad al sacramento de la reconciliación. Amén.
4. Contemplación:
Para intensificar la contemplación repitamos varias veces durante la semana un versículo de la Sagrada Escritura para que alimente nuestra fe:
«El que ama al prójimo, ha cumplido ya toda la ley» (Romanos 13,8)
5. Acción: ¿A qué me comprometo con Dios?
Reconociendo el tesoro que nos regaló Jesús al dejar en manos de los Apóstoles la gracia de poder ayudarnos, corregirnos y también perdonarnos en tu nombre y que esa gracia perdure a través de la Tradición Apostólica hasta nuestros días, empecemos a descubrir hoy que nuestra salvación está ahí esperándonos en el confesionario.
Propuesta: Esta semana como fruto de nuestra oración; reconozcamos el amor, la paz y la unidad fraterna con alguna acción concreta en favor de los necesitados. Podemos compartir alimentos no perecederos y artículos de higiene personal en algún refugio, asilo o comedor comunitario, si no puedes hacerlo directamente, hazlo a través del Ministerio de Caridad de tu parroquia que es un grupo que dona su tiempo para hacer llegar tu apoyo a los más necesitados.
































































