Xandra Luna/ Escritora
¿Qué le dices a uno de los amores de tu vida en su cumpleaños número 20?
Hoy pienso en todos tus cumpleaños. De estos veinte, solo en dos no los hemos podido celebrar juntas. Y, aun así, cada uno vive en mi memoria con una intensidad especial.
Hija, cuando escucho la canción Quererte bonito, de Sebastián Yatra, recuerdo tus primeros días de vida. Con tu pañalero rosa me enamoré de ti. Desde que supe que estabas formándote dentro de mí, debo confesarte algo: la vida, entonces como ahora, estaba poniéndome a prueba. Yo me sentía —como dice la canción— a punto de estrellarme.
Recuerdo cuando el ginecólogo me dijo: —Es una niña, aunque todavía no se deja ver bien.
Jajaja… desde entonces mostrabas tu carácter. Cuando dices “no”, ¡que Dios nos agarre confesados! Que le pregunten a tu abue, a tus tíos, a tus primos, a tus amistades… y hasta a tus ex amores.
Pero hay algo que siempre supe: no importaba qué ni cómo, estabas destinada a llegar a este mundo.
Es curioso cómo, en los momentos que parecen más oscuros en nuestras vidas, Dios encuentra la forma de poner luz. ¿Y sabes qué?… no cambiaría nada de lo vivido contigo. Ni los viajes, ni las risas, ni las lágrimas. Ni las sorpresas, ni los regalos, ni la soledad. Ni las reglas, ni los sustos, ni las alegrías. Ni los hospitales, ni el amor, ni las distancias. Ni los encuentros, ni las carreteras, ni la música. Ni el dolor, ni las nostalgias, ni las carcajadas. Ni los silencios, ni los conciertos, ni las puertas cerradas. Ni las películas, ni los gritos, ni los teatros, ni los dramas. Ni tus ojos… ni verme reflejada en ti y en tantas vivencias compartidas.
Viniste a enseñarme tanto. Eres una gran maestra. Me muestras la vida desde tu mundo: tus problemas, tus alegrías, tus rupturas, tus logros y tus tropiezos. Cada batalla que conquistas me recuerda tu fortaleza.
No importa cuántas veces la vida nos ponga a prueba. Tú siempre serás mi hija y yo siempre seré tu mamá.
Hace unos días escuché una anécdota en la que alguien, desesperado, le decía a Dios: “Por favor ayúdame, siento que si me suelto no habrá nadie abajo para sostenerme”.
Entonces escuchó una voz que respondió: “Suéltate”.
La persona preguntó: “¿Dios, eres tú?”
Si alguna vez tienes dudas, hija, quiero decirte que es normal. A mí me pasa muchas veces. Sin embargo, Dios —como te escribí líneas atrás— siempre encuentra la manera de poner luz en nuestro camino.
Recuerda siempre esto: te quiero mucho. Tú viniste a enseñarme que hay momentos en los que hay que soltarse, confiar y creer. Dios estará ahí para sostenernos.
Y también para brindarnos la alegría de celebrar este y muchos cumpleaños más.





























































