Víctor Hugo Estala Banda/Analista (Segunda Parte)
La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha establecido que la determinación de la custodia de los hijos, (cuando los padres se han divorciado) no debe basarse en criterios de género, sino en el bienestar y desarrollo óptimo de niñas, niños y adolescentes como valor fundamental y superior.
La corresponsabilidad parental no debe ser una excepción, sino una prioridad ineludible. Una ciudad sólida se debilita cuando perpetúa la idea de que un padre o una madre son sustituibles.
La custodia compartida exige responsabilidad, respeto y cooperación; cuando esas condiciones existen, puede favorecer la estabilidad emocional de los hijos.
También debemos preguntarnos si estamos preparando adecuadamente a los jóvenes para el matrimonio. Si bien formamos profesionistas, técnicos y emprendedores, con frecuencia descuidamos habilidades esenciales como el diálogo, el perdón, la resolución de conflictos y la construcción de relaciones duraderas.
Ciudad Juárez requiere fortalecer la cultura matrimonial, preparar integralmente a quienes optan por formar una familia y acompañar a las parejas que enfrentan dificultades. Asimismo, debe garantizar el derecho de los hijos a mantener una relación cercana con ambos padres, siempre que ello sea compatible con su bienestar integral.
Llamado a la acción
La familia constituye la primera escuela de amor, solidaridad y fe. Su defensa trasciende la esfera política y representa un compromiso ineludible con el futuro de nuestra sociedad.
Como católicos, estamos llamados a orar por los matrimonios, apoyar a quienes atraviesan crisis y recordar que la misericordia divina siempre ofrece un camino hacia la reconciliación, la sanación y la esperanza. Como ciudadanos, también debemos exigir decisiones públicas y familiares centradas en el bien de los hijos.
Si bien el divorcio puede disolver un matrimonio, jamás debería extinguir la responsabilidad de amar, cuidar y acompañar a los hijos. Con el paso del tiempo, los expedientes judiciales se archivarán, las discusiones se desvanecerán y las sentencias se convertirán en simples documentos.
Lo que perdurará será el recuerdo de un hijo que pueda afirmar: “Mi padre nunca dejó de luchar por estar conmigo. Mi madre nunca dejó de amarme. Aunque su matrimonio concluyó, jamás dejaron de ser mis padres.”
Ese debería ser el verdadero triunfo de cualquier divorcio: que los hijos nunca se sientan huérfanos de un padre o de una madre que aún viven.
Si aspiramos a una Ciudad Juárez más segura, más humana y con un futuro prometedor, debemos comenzar por fortalecer el núcleo donde se gestan los valores, la esperanza y el amor: la familia.
Una ciudad no se construye únicamente con fábricas, puentes o inversiones. Se construye, sobre todo, con hogares donde los hijos crecen conscientes de ser profundamente amados por su madre y su padre. Ese será siempre el mayor patrimonio de Ciudad Juárez.
Cuando un matrimonio termina, la misión de ser padre y madre continúa. Toda decisión sobre la custodia compartida debe buscar que los hijos conserven, siempre que sea posible y seguro, el amor, la guía y la presencia de ambos.































































