Con motivo del inicio del Año 2026, tiempo propicio para la reflexión y la renovación interior, surgen también diversos propósitos espirituales que invitan a fortalecer la fe y el compromiso cristiano. Aquí algunas sugerencias de personas consagradas…
Diana Adriano
Sacerdotes, religiosas y laicos consagrados compartieron con Periódico Presencia algunos de los propósitos espirituales que se han planteado para este año, así como las claves y caminos para alcanzarlos, destacando la oración constante, la vida sacramental y el servicio al prójimo como pilares fundamentales para crecer en la vida espiritual.
- Poner en práctica el amor
La hermana Alma de Jesús Bueno, laica consagrada, explicó que un propósito es la intención de llevar a cabo una acción que oriente la vida con el anhelo de llegar a ser una mejor persona y alcanzar la verdadera felicidad.
Señaló que, con la llegada de un nuevo año civil, el alma experimenta de manera natural la necesidad de renovarse y plantearse nuevos propósitos.
Desde esta perspectiva, la hermana Alma compartió dos propósitos de índole espiritual, fundamentados en el primer mandamiento. Recordó las palabras del Evangelio según san Mateo (Mt 22, 37-39): “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente… y a tu prójimo como a ti mismo”.
Como primer propósito, invitó a amar a Dios por encima de todo, subrayando que cuando este mandamiento se hace vida en el corazón, todo adquiere un sentido distinto. Las situaciones se comprenden de otra manera y se comienza a mirar a las personas como Dios las mira: con amor, comprensión, paciencia y perdón. Este amor auténtico, dijo, conduce a dejar de lado la amargura, la venganza, la envidia, la mentira y todo aquello que impide vivir en plenitud.
Asimismo, explicó que amar a Dios implica buscar estar con Él, y desear compartir tiempo con una persona amada. Destacó diversos medios para vivir este propósito: la oración personal, la oración ante el Santísimo Sacramento, así como la vida sacramental, especialmente la Confesión y la Eucaristía, donde el creyente experimenta el perdón, la purificación y la fortaleza espiritual.
Como fruto de este amor recibido, señaló que brota de manera natural el segundo propósito: amar al prójimo como a uno mismo, el cual se manifiesta de manera concreta en las obras de caridad. Recordó que existen obras visibles que benefician a muchos, pero también innumerables actos de amor ocultos que solo Dios ve, citando el Evangelio: “Cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha” (Mt 6, 3-4).
Entre estos actos cotidianos de caridad mencionó un saludo, una sonrisa, compartir alimento o agua, perdonar, visitar a un enfermo o a una persona sola, escuchar sin juzgar a quien atraviesa el dolor o el duelo, y brindar ayuda dentro de la propia familia. Acciones sencillas que, realizadas con amor, tienen un impacto profundo en la vida de los demás.
Finalmente, la hermana Alma de Jesús aseguró que vivir estos propósitos día a día conduce, casi sin notarlo, a convertirse en mejores personas y a experimentar la auténtica felicidad, recordando que quien se sabe amado, es capaz de amar. Concluyó su mensaje con una expresión de fe y esperanza: “¡Dios con nosotros!”.
- Oración, caridad… y una libreta espiritual
Por otra parte, la hermana Rosa Nery Escobar, Superiora General de las Misioneras de María Dolorosa, invitó a cultivar una relación más consciente y confiada con Dios, buscando vivir cada día desde la certeza de su presencia en lo cotidiano.
Señaló que la confianza en Dios transforma la manera de enfrentar las actividades diarias, las dificultades y las decisiones, permitiendo caminar con mayor serenidad y esperanza.
Para lograr este propósito, la hermana Rosa Nery recomendó dedicar entre 10 y 15 minutos diarios a la oración personal, ya sea a través del silencio, la meditación de un salmo o el Evangelio del día. Asimismo, sugirió iniciar la jornada ofreciendo el día al Señor con una breve oración, como: “Señor, pongo en tus manos este día”.
Al finalizar la jornada, propuso realizar un examen de conciencia sencillo, que incluya agradecer, reconocer lo vivido y renovar la confianza en que Dios acompaña y ayuda a crecer. También aconsejó llevar una libreta espiritual donde se puedan anotar luces, mociones o palabras que resuenen durante la oración.
Como segundo propósito, la madre superiora exhortó a crecer en la caridad y la misericordia en las relaciones, reflejando el amor de Dios mediante actitudes concretas de escucha, respeto y servicio. Subrayó que la vida cristiana se fortalece cuando el amor se traduce en gestos sencillos pero constantes hacia los demás.
Entre las acciones para vivir este propósito, destacó la importancia de practicar la escucha atenta, evitando juicios apresurados o respuestas defensivas.
También invitó a proponerse un gesto concreto de servicio cada día, como una llamada, un favor o una palabra de ánimo. Además, animó a pedir la gracia de mirar a los demás con los ojos de Jesús, especialmente a aquellas personas con las que resulta más difícil relacionarse. Finalmente, recomendó revisar cada noche el propio actuar, preguntándose: ¿en qué momentos amé?, ¿en cuáles me cerré?, y poner todo en manos de Dios.
- El silencio
El padre Gary Eduardo Reyes, párroco de la parroquia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en Porvenir, D.B., reflexionó sobre un propósito espiritual fundamental para el tiempo actual: el silencio.
El sacerdote señaló que un propósito espiritual puede ser aprender a valorar y practicar el silencio en medio de una rutina acelerada y exigente.
Explicó que, en la vida diaria, pocas veces se permite ese espacio de quietud necesario para la mente y el propio cuerpo, un momento de silencio que ayude a desconectarse de las preocupaciones, los miedos, los pendientes y el trabajo.
Reconoció que estas realidades no desaparecen, pues siempre estarán presentes, pero afirmó que dedicar tiempo al silencio puede fortalecer interiormente, ayudar a calmarse y favorecer la toma de buenas decisiones.
“El silencio nos permite evitar actuar impulsivamente ante las situaciones que tenemos que enfrentar”, expresó el párroco, al tiempo que subrayó que en un mundo tan movido y saturado de estímulos, esta práctica se vuelve cada vez más escasa y necesaria.
El sacerdote destacó que actualmente se vive constantemente conectados a redes sociales, televisión y tecnología, elementos que no son malos en sí mismos, pero que requieren ocupar su lugar adecuado en la vida. En este sentido, invitó a dar al silencio el valor que merece dentro de la escala de prioridades, para que se convierta en una fuente de tranquilidad, paz y discernimiento.
Finalmente, enfatizó que hacer del silencio un propósito espiritual para el nuevo año puede ayudar a reencontrarse con uno mismo y con Dios, permitiendo vivir con mayor serenidad y profundidad la fe en medio de las exigencias del mundo actual.
- Compromiso de vida y fe
Por otra parte, el padre Jorge González, párroco de Santa Margarita de Cortona, invitó a vivir los siguientes propósitos espirituales para 2026 como un compromiso de vida y de fe que impulse un crecimiento auténtico en la relación con Dios.
Consideró un propósito importante acercarse más a la Sagrada Eucaristía, meditar con mayor constancia la Palabra de Dios o incluso leer un libro que deje una experiencia espiritual profunda, más allá de los contenidos superficiales que suelen encontrarse en redes sociales.
En este sentido, animó a los fieles a acudir a las librerías parroquiales, donde se pueden encontrar materiales sobre diversos temas de la vida cristiana, o bien a utilizar las múltiples aplicaciones católicas disponibles, que ofrecen propuestas accesibles para fortalecer la vida espiritual.
El padre Jorge destacó que, en ocasiones, las personas expresan en la Confesión que no dedican tiempo a la oración; sin embargo, afirmó que muchas veces no se trata de falta de tiempo, sino de no destinarlo a lo que realmente debe ocupar un lugar prioritario: la vida espiritual.
Reconoció que para algunos la oración puede ser un reto, ya sea porque no saben cómo orar o cómo mantener una amistad constante con Dios, por lo que invitó a plantearse como propósito para el 2026 crecer en la vida de oración de manera concreta y perseverante.
Como otro propósito, exhortó a considerar dejar algún vicio o pecado que se ha arraigado en la vida personal y que requiere un paso firme para superarse.
Finalmente, el párroco recordó que hay actitudes y pecados cotidianos, como el chisme u otros comportamientos que parecen pequeños, pero que afectan profundamente la vida espiritual y las relaciones con los demás. Por ello, subrayó que este tiempo es una oportunidad para reconocerlos, trabajarlos y dar pasos concretos hacia una vida más plena y coherente con la fe cristiana.

































































