Dr. Alfredo Morales González/Ortodoncista
Nos decimos: Cuando me gradúe seré feliz. Cuando me asciendan, cuando se noten los resultados de la dieta, cuando tenga el dinero suficiente. Los psicólogos denominan a esta tendencia felicidad condicional.
Observa a algunas de las personas más poderosas, ricas y famosas del mundo. Ignora las particularidades de su éxito y lo que pueden comprar. Concéntrate en lo que tuvieron que dar a cambio, analiza lo que les ha costado el éxito.
¿Cuál es el costo principal? La libertad. Se les exige vestir de cierta manera, asistir a determinadas fiestas y reuniones, ser serviles con personas que no les agradan, se les exige también que no puedan decir lo que piensan. Peor aún, se les exige que se conviertan en un tipo de persona diferente o que hagan cosas que no les gusta hacer por complacer a los demás y mantener su status quo.
Demasiadas personas exitosas son prisioneras de las cárceles que ellas mismas han construido.
¿Es probable que la persona más ocupada que conozcas sea la más productiva? Solemos pensar que la actividad desmedida es un rango positivo y creemos que pasar muchas horas en el trabajo merece una buena recompensa. Pero es mejor que evalúes qué estás haciendo, por qué lo haces y cuáles serán sus consecuencias.
¿Alguna vez has escuchado la expresión “no permitas que lo perfecto sea enemigo de lo bueno”? la idea no consiste en renunciar o comprometer tus valores, sino en que no te quedes atrapado por el ideal de la perfección.
Afortunadamente podemos elegir ser feliz, optar por ser decente, decidir ser ahorrador, escoger ser generoso con tu prójimo, elegir ser libre, ser educado, alegre, tener voluntad, entusiasmo y siempre perdonar. Recordemos que todas éstas son decisiones adquiridas ya que no son emociones que se traen al momento de nacer.
Todos los que han sufrido de alguna enfermedad grave, sin excepción, opinan lo mismo: sienten mayor aprecio por la vida. Se dan cuenta de que cada nuevo amanecer es un regalo de Dios. Necesitamos aprender a vivir cada día a plenitud, como si fuera nuestro último día. Convivir más con nuestra familia es de las mejores inversiones que podemos hacer con nuestro tiempo. Algunos dirán: “pero si ni siquiera tengo tiempo para cumplir con mis tareas diarias, mucho menos para compartir con mi familia”. Eso es cierto, pero cuando llegue al final de su vida, aún tendrá cosas por hacer. Su horario nunca disminuirá por sí solo.
Aparte tiempo para lo más importante. Si no consigue tiempo para compartir con las personas que ama, nadie lo hará por usted.
“Y todo lo que te venga a la mano, hazlo con todo tu empeño”. (Eclesiastés 9,10)





























































