En un ambiente de oración y reflexión, paisanos, amigos e integrantes de organizaciones que acompañan a migrantes despidieron el pasado 11 de junio a Robinson Aguilar Mosquera, migrante colombiano que falleció en esta ciudad a causa de una meningitis criptocócica, que no fue atendida por negligencia y falta de humanismo, según palabras de la hermana de Robinson y de quienes lo acompañaron en sus últimos momentos.
Fue el pasado 11 de junio cuando se celebró una misa de exequias en la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe para dar el último adiós a Robinson, quien llegó de Colombia hace más de un año y obtuvo su residencia temporal para radicar en este país.
Robinson fue recordado durante la celebración como un hombre de fe, trabajador y profundamente comprometido con su familia. Sus más allegados destacaron su lealtad, sinceridad, cariño y capacidad de brindar apoyo incondicional a quienes amaba.
“Disfrutaba celebrando con amigos, haciendo karaoke, jugando fútbol y yendo al gimnasio. Le encantaban las aventuras extremas, los paisajes naturales y aprender sobre culturas. Amaba la Navidad”, expresó el padre Guillermo Morton, MSC, quien presidió la misa.
En su reflexión, el sacerdote invitó a los presentes a contemplar el misterio de la vida y de la muerte a la luz del Evangelio.
“La muerte adquiere sentido cuando nos impulsa a descubrir el propósito con el que hemos vivido y el amor que hemos sembrado en los demás”, expresó.
Hizo un llamado a renovar el compromiso cristiano con las personas migrantes, especialmente aquellas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad y recordando las palabras de Jesús, señaló:

“Jesús no preguntará cosas superficiales. Él nos dirá: porque fui forastero y me acogiste”.
Mejor atención sanitaria
Al lado del féretro se encontraba Oneida, hermana de Robinson, quien vino para regresar juntos a Colombia. Ella agradeció profundamente a Dios y a todas las personas que acompañaron a su hermano durante su estancia en México. Conmovida, compartió que tanto ella como su familia se sintieron sostenidos por una red de solidaridad formada por esta comunidad.
“En Ciudad Juárez me sentí acompañada y respaldada”, expresó.
Agradeció el trabajo de quienes luchan diariamente por la defensa de los derechos de las personas migrantes, especialmente en el acceso a la atención médica y pidió que el caso de su hermano impulse los esfuerzos para construir una atención sanitaria más humana, cercana y digna para todos.
La comunidad reunida elevó sus oraciones por el eterno descanso del alma de Robinson y por el consuelo de sus familiares.
Al concluir la celebración, quedó la invitación del padre Guillermo para hacer presente el Evangelio mediante la cercanía con quienes sufren, especialmente los migrantes que buscan en esta frontera no solo una oportunidad de vida, sino también un rostro de acogida, misericordia y esperanza.

































































