Con la discusión sobre si se regula el uso de celulares por parte de los alumnos de nivel básico, inició el nuevo ciclo escolar 2026-2027.
Luego de que la presidente de México propuso eliminar el uso de dispositivos tecnológicos en las escuelas, tanto para estudiantes como para maestros y así regresar al lápiz y papel como ya se hace en distintos países, se anunció que la SEP realiza una Consulta Nacional para el Uso y Regulación de Dispositivos Digitales.
Por ello la pregunta de esta semana es:
¿Qué opina de la propuesta presidencial de quitar/restringir celulares en las escuelas de nivel básico?
Mtra. Fátima Anaya/ docente
La propuesta de restringir el uso de teléfonos celulares en las escuelas de educación básica me parece pertinente y necesaria, pero considero que el verdadero desafío no está solamente en quitar el celular de las aulas, sino en educar para utilizarlo responsablemente.
Los datos nos muestran que estamos frente a una realidad que ya forma parte de la vida cotidiana de nuestros niños y adolescentes. En México, de acuerdo con la ENDUTIH 2024 del Instituto Federal de Telecomunicaciones, los niños de 6 a 11 años utilizan internet en promedio 2.6 horas al día, mientras que entre los adolescentes de 12 a 17 años el promedio alcanza 4.5 horas diarias. Esto representa casi 32 horas a la semana para los adolescentes.
El celular es una herramienta útil, pero no debe convertirse en el centro de la vida de niñas, niños y adolescentes; limitar el uso del celular durante la jornada escolar puede ayudar a recuperar algo que a veces estamos perdiendo: la capacidad de concentrarnos, conversar cara a cara, jugar, escuchar al otro y estar verdaderamente presentes. La escuela no solamente transmite conocimientos; también enseña a convivir y a relacionarnos con los demás.
La propuesta presidencial busca precisamente regular su uso, con excepciones para fines pedagógicos o situaciones de emergencia, y considerando la opinión de docentes.
Desde la perspectiva cristiana, la respuesta no puede ser demonizar la tecnología. El Papa León XIV, en la encíclica Magnifica Humanitas nos recuerda que la tecnología no es buena ni mala por sí misma, sino que debe ser orientada al servicio de la dignidad de la persona y del bien común.
Por ello, más que preguntarnos si estamos a favor o en contra de los celulares, debemos preguntarnos: ¿estamos educando a nuestros niños y jóvenes para ser libres frente a la tecnología? Regular su uso en la escuela puede ser un paso importante, siempre que vaya acompañado del compromiso de las familias, los docentes y la sociedad. Educar no es aislar del mundo digital, sino enseñar a habitarlo con responsabilidad, criterio y libertad.
Mtro. Noé A. Sánchez Navarro/Comunicólogo y docente
Prohibir no es lo mismo que educar
Creo que la discusión sobre restringir los teléfonos celulares en las escuelas de educación básica debería partir de una idea muy clara: prohibir no necesariamente equivale a educar digitalmente.
Es cierto que el teléfono se ha convertido en una fuente permanente de distracción. Las notificaciones, mensajes y esa necesidad de revisar constantemente un dispositivo interrumpen la atención; nos pasa a los adultos y, por supuesto, también a niñas, niños y adolescentes. Por eso me parece razonable que la escuela establezca límites claros y que, particularmente en educación básica, esos límites puedan ser más firmes.

Pero quitar el teléfono es apenas una parte de la respuesta. La pregunta que sigue me parece mucho más importante: ¿qué hacemos con el espacio que deja? ¿Cómo recuperamos la conversación, el juego, la interacción, la convivencia, la capacidad de concentrarnos y de estar con los demás?
Ahí está, para mí, el verdadero desafío. La tecnología debe tener un lugar en la escuela cuando contribuye a su función principal: aprender. No tendría sentido incorporar un dispositivo simplemente porque está disponible. Si está presente, tendría que existir una intención educativa detrás de ello.
También creo que debemos hablar de gradualidad. No necesariamente tendría que existir la misma regla para primaria que para secundaria o bachillerato. Conforme aumenta la edad, me parece que podemos transitar de una mayor restricción hacia una autonomía pero acompañada, porque finalmente queremos formar personas capaces de relacionarse con la tecnología con responsabilidad y criterio.
Y esa responsabilidad no puede recaer únicamente en la escuela. También corresponde a las familias, a quienes educamos, a las mismas plataformas y a las propias políticas públicas.
Después de las reflexiones que escuchamos recientemente en el foro Crecer en la era de las pantallas, organizado por la UACJ, me quedo precisamente con esa idea: en un mundo lleno de pantallas necesitamos volver a encontrarnos. Podemos estar permanentemente conectados y, paradójicamente, sentirnos cada vez más solos.
Por eso, más que preguntarnos únicamente si debemos quitarles el teléfono a los niños, preguntémonos qué queremos devolverles a cambio: atención, conversación, juego, convivencia y autonomía. Si logramos recuperar esos espacios, entonces la restricción tendrá un sentido muy significativo.
Prof. Rubén Villalobos/ Asociación de Colegios Particulares de Ciudad Juárez
Considero muy valiosa la iniciativa para el control y límite de la vida digital en las escuelas, ubicando la realidad de cada escuela, su nivel y ubicación, así como su situación de escuela oficial o escuela particular.
La adecuación y reglas de uso son sanas para el desarrollo de los alumnos, compaginando de la misma forma a maestros. En nuestro colegio los alumnos no llevan celular, a menos que se les autorice en alguna circunstancia, ya existen en nuestra escuela lineamientos establecidos.
Hay que recordar que no se debe prohibir por prohibir. Conociendo que son herramientas de trabajo, se debe educar en su uso, en trabajar bajo lineamientos. Se trata de garantizar el buen uso de los aparatos dentro del aula y de toda la escuela.
Y finalmente no debemos olvidar que los aparatos deben usarse para educar bajo la premisa de 49% digital y 51% presencial-humana.
Mtra. Ivonne Reyes/Educadora
Quitar el uso de celulares en las escuelas, desde una prohibición presidencial, para los alumnos implica un reto a superar, pues sabemos que lo que se nos prohibe, es una invitación a desafiar determinada autoridad.
Más que prohibición, debe hablarse de “Regulación de los celulares en las escuelas”, limitando su uso a tiempos y tareas precisas, como unos minutos durante el receso, comunicación interfamiliar y de seguridad o alguna actividad pedagógica que conlleve el uso de la tecnología.
Es innegable que vivimos una era digital, donde el uso desmedido de dispositivos, especialmente el celular, es un riesgo para el sano desarrollo integral de niños y jóvenes, hablando de aislamiento social, bullying, dependencia de la IA, por mencionar algunos.
Sería un ejercicio muy interesante que niños y jóvenes sean partícipes en las propuestas de regulación, pues, al saberse tomados en cuenta y escuchados, además de sorprendernos con su creatividad, se involucrarían en el reto del uso moderado del celular durante su jornada escolar.






























































