En los últimos días ha surgido incertidumbre debido a informaciones difundidas sobre la cancelación de visas a ciudadanos mexicanos que tienen hijos nacidos en Estados Unidos, luego de que el presidente de Estados Unidos emitió una orden ejecutiva encaminada a combatir el denominado “turismo de nacimiento”.
De acuerdo a medios de comunicación, se ha reportado ya el retiro de cientos de visas, lo que ha generado incertidumbre y miedo.
Por ello la pregunta de esta semana es:
¿Cuál considera el mayor impacto en la frontera, tras el retiro de visas por turismo de nacimientos?
J. Alfredo Rodríguez Castro
Desde que Donald Trump asumió su primer mandato como presidente del vecino país, las cosas cambiaron para muchos poseedores de visas, tanto de turista como para residentes permanentes, al implementar una serie de medidas tendientes a reforzar el control migratorio de sus fronteras y observar el cabal cumplimiento de las restricciones, obligaciones y el buen uso a los poseedores de dichos documentos. Menciona por primera vez la frase “turismo de nacimiento o maternidad”.
Oficialmente se desconoce a cuántas personas les han retirado, cancelado o destruido sus documentos -ya sea la visa de turista o la de residente, pero según testimoniales recogidos en publicaciones en redes sociales y declaraciones de abogados migratorios, se especula que en nuestra región (Juárez-El Paso) han sido unas mil personas las afectadas desde la implementación de estas medidas el pasado 6 de agosto.
Ahora, hablando del impacto que ha causado o causará en la frontera la implementación permanente de lo que ya es una política migratoria, se estima que sea en tres vertientes: uno; en lo económico, dos; en lo educativo, y tres; en servicios de salud.
En lo económico se prevé una mayor derrama en Ciudad Juárez ya que, ante el temor de perder su visa de turista, muchos juarenses dejarán de cruzar a El Paso, Texas a realizar sus compras habituales, prefiriendo hacerlas en nuestra ciudad. Al contrario, el comercio paseño se verá perjudicado al dejar de captar a esos potenciales compradores. Se retendrá a consumidores en comercios mexicanos.
Otro impacto, algo medible, es el que se dará en el campo educativo. Se calcula que hay entre siete y diez mil estudiantes que viven en Ciudad Juárez, pero que nacieron en Estados Unidos, -la mayoría en El Paso- y que cruzan todos los días entre ambas localidades. Cerca de un 35 por ciento son estudiantes de educación básica -del primero al octavo grado- el resto cursa estudios en media superior y profesional.
La dificultad y problemática de cruce se enfocará con los estudiantes menores, que generalmente son llevados por sus padres que cruzan con visa de turista. Pudiera ocurrir que, ante esa disyuntiva y el riesgo de perder sus visas, decidan matricularlos en alguna escuela pública de Ciudad Juárez. Se espera un éxodo escolar en escuelas de Texas y una saturación en las mexicanas.
En lo que respecta a los servicios de salud, se espera que genere un impacto inmediato en la demanda de los servicios, principalmente en los de gineco-obstetricia, ya que más mujeres embarazadas darán a luz en clínicas y hospitales del lado mexicano, cuando antes lo hacían del lado americano. Hospitales privados de Tijuana ya reportan un súbito crecimiento en la demanda de esta especialidad.
Entre otros impactos en la región, principalmente del lado mexicano, es que los tiempos de espera para cruzar a Estados Unidos aumentaron casi al doble, porque, aunque haya menos personas intentando cruzar (a pie o en auto) las revisiones por agentes migratorios son más exhaustivas en búsqueda de evidencias que incriminen (a los residentes o turistas) en un mal uso del estatus migratorio que les concede su respectiva categoría.
De cualquier manera, diversas organizaciones de defensa de derechos civiles, como la Unión Americana de derechos civiles (ACLU) ya han interpuesto demandas colectivas ante instancias federales de Estados Unidos por la inconstitucionalidad de esa medida que, consideran, el retiro masivo de documentos migratorios, como un abuso de autoridad.
Irma Del Real/ Abogada mediadora
Me parece que esta acción tiene mucho impacto en nuestra frontera: Impacto económico, político, social, físico, mental y espirítual, entre otros, sin embargo, a mí me gustaría analizar algunos de ellos.
Hablando del impacto social, hay una ruptura en la vida de miles de familias que viven en Juárez y El Paso, ya que esta medida impide que las personas adultas puedan pasar libremente a trabajar, o llevar a sus hijos a la escuela, y a los menores ciudadanos americanos, se les impide continuar con su vida escolar o servicios de salud en Estados Unidos generando un clima de pánico y separación familiar. Hay una afectación en la vida cotidiana de esos niños ciudadanos residentes en México, ya que pierden la facilidad de acudir a clases. Además, se fractura la convivencia armónica de ciudades vecinas muy unidas hasta hoy.
El mayor impacto físico es el aumento de la tensión social por la incertidumbre generalizada entre los padres de familia.
El impacto mental, es el pánico crónico y las personas se sienten vigiladas y pierden su seguridad emocional, al separar a las familias.
Y el impacto espiritual, es la fractura de la confianza y el aumento de miedo, y esto, vulnera la paz interior de la familia, generando un profundo sentimiento de desamparo, culpa, separación, ante la incertidumbre del futuro de sus hijos. Aumenta la angustia familiar, hay una ruptura de la esperanza del sueño de un mejor futuro y por supuesto experimentan un sentimiento de persecución no sólo hacia su persona, sino también, hacia sus hijos.
A todo esto, hay que agregar la incertidumbre por los peligros para los niños de todas las edades que tienen necesidad de cruzar sin la compañía de un adulto. Ni siquiera podemos imaginar la angustia de los padres de no saber si llegaron bien, o si alcanzaron el camión, o si están solos esperando quien los reciba. Y a los niños no hay que transmitirles estos miedos, sino enseñarlos a ser valientes y a cuidarse entre ellos mismos, con ayuda de todos los ciudadanos ya sean americanos o mexicanos.
Los padres en la misma situación debemos hacer alianzas, vamos a conocernos más, a entablar más amistades entre niños y padres de familia, así como con los choferes de los camiones, y directivos de las escuelas. Formemos una gran cadena de personas con el fin de ayudarnos unos a otros.
Debemos tener confianza en Dios y poner a nuestros hijos en sus manos para que los proteja, no sólo en los cruces fronterizos, sino todos los días de su vida.
Y desde luego, vamos a confiar en que esta situación pase lo antes posible, para recuperar el tránsito normal hacia los Estados Unidos y con ello nuestra vida cotidiana de buenos vecinos entre dos grandes ciudades El Paso y Ciudad Juárez.
Héctor Ramón Molinar Apodaca /Abogado Facilitador Privado
Ante un tema tan delicado, lo primero que debemos evitar es la desinformación, las conclusiones precipitadas y, sobre todo, las generalizaciones.
Estados Unidos, como cualquier Estado soberano, tiene facultades para establecer su política migratoria y determinar las condiciones para el ingreso y permanencia de extranjeros en su territorio. Esa potestad debe reconocerse con absoluta claridad. Quien ingresa a otro país está obligado a respetar sus leyes y las condiciones bajo las cuales le fue autorizada su entrada.
Pero reconocer esa facultad soberana no impide advertir que jurídicamente existen situaciones diferentes que no deberían confundirse.
Juárez y El Paso constituyen una realidad social particularmente intensa. La frontera política existe y debe respetarse, pero no puede desconocerse que a ambos lados viven familias relacionadas entre sí y que diariamente existen motivos legítimos para cruzarla.
Hay quienes trabajan, estudian o realizan actividades comerciales. Hay abuelos que visitan a sus nietos y familias mexicanas con integrantes estadounidenses. Existen también personas que necesitan trasladarse por consultas, tratamientos médicos o circunstancias humanitarias.
Por ello, frente a cualquier modificación de la política migratoria, tan importante como hacer cumplir la ley es proporcionar certeza sobre su alcance.
La incertidumbre provoca temor; la información clara permite tomar decisiones responsables.
Quienes ingresen a Estados Unidos deben hacerlo respetando plenamente sus disposiciones migratorias.
De igual manera, es deseable que cualquier política pública distinga las circunstancias particulares de cada persona y evite que una finalidad legítima de control pueda convertirse, por una interpretación generalizada, en incertidumbre para quienes durante años han cumplido con las disposiciones aplicables.
Ciudad Juárez y El Paso no son dos comunidades desconocidas separadas simplemente por una línea internacional. Son ciudades pertenecientes a dos naciones soberanas, con ordenamientos jurídicos diferentes, pero profundamente vinculadas por su historia, economía y, principalmente, por miles de familias.
Por eso, en momentos de incertidumbre debemos privilegiar la serenidad sobre el rumor y la información sobre el miedo.
“Respeto a la soberanía, sí. Cumplimiento de la ley, también. Pero igualmente información clara, análisis individual de cada caso, debido proceso y respeto a la dignidad de las personas”.
Una frontera ordenada y segura no tiene por qué ser una frontera indiferente a la realidad humana que existe a ambos lados de ella.
El desafío consiste precisamente en encontrar ese equilibrio: hacer cumplir la ley sin perder de vista a las personas para quienes la frontera no es solamente una línea en el mapa, sino parte de su vida cotidiana.¿Cuál considera el mayor impacto en la frontera tras el retiro de visas por turismo de nacimiento y residencias mal utilizadas?





























































