Ana María Ibarra
Ser maestro no es cualquier profesión, menos en estos tiempos en que las nuevas generaciones requieren de un acompañamiento especial y, por diferentes circunstancias, han habido más reformas educativas que nunca.
Así lo expresan los testimonios de docentes de nivel secundaria y medio superior quienes comparten su experiencia en el desafiante arte de ser docente.
Acompañamiento real
Aunque es licenciada en administración, Karina Ivonne Moreno Pulido ingresó a la docencia a través de un interinato hace doce años, tiempo en el que ha experimentado los cambios en la enseñanza y en los jóvenes, así como la llegada y la implementación de la tecnología en la escuela.
“Ingresé a la docencia por interinato. Primero a la escuela privada, después al CBTis 270, y actualmente estoy en el CBTis 269. Es una experiencia muy gratificante. Aunque al principio pensé que sería difícil, cuando me fui adentrando y poniendo en los zapatos de los alumnos, me di cuenta de que trabajar con jóvenes entre 15 y 18 años es muy padre”, expresó la maestra Karina.
La enseñanza, dijo la entrevistada, sufre cambios constantemente debido a las reformas y planeaciones. A ello se le agrega el cambio en las generaciones.
“En la actualidad los jóvenes ya llegan manejando la inteligencia artificial y son personas que necesitan acompañamiento emocional. Además hay que adecuarse al contexto social”, mencionó.
Para la maestra Karina un gran reto para el maestro en la actualidad es adentrarse en la tecnología, redes sociales e inteligencia artificial, pero para contrarrestarlas y lograr que los jóvenes aprendan a interactuar personalmente.
“Ahorita los jóvenes solo están en redes sociales, pero hay que impulsarlos a la socialización personal”, dijo.
Por otra parte, reconoció que hoy los adolescentes pasan el mayor tiempo solos, lo cual afecta su conducta.
“Tenemos casos fuertes de indisciplina, pero buscamos canalizar a tiempo. A veces se juzga a los padres por no asistir a eventos escolares, pero hay que ponerse en su lugar: perder un día de trabajo implica 300 pesos menos en su presupuesto familiar”, reconoció la docente.

Arte y fe
Dada la realidad actual, para la maestra Moreno es necesario estar de la mano de Dios. Ella fue servidora parroquial durante muchos años, y como parte de su misión busca que los jóvenes descubran el amor de Dios y sepan distinguir lo bueno de lo malo. Todo sin meterse en la evangelización.
“Esto se logra con el trato, la manera de enseñar y el ejemplo. Dejar huella en los jóvenes es lo que hace que valga la pena ser maestra. Un alumno me dijo un día que quería ser como yo cuando fuera grande, eso me sacó lágrimas de emoción”, compartió Karina.
Otra técnica que la maestra ha asumido para formar a sus alumnos es involucrarlos en la cultura y el arte, cubriendo aspectos como lectura, pintura, escritura, historia, y elaboración de murales.
Al acercar a sus alumnos a estas disciplinas, busca enseñarles que los sueños se pueden lograr y las metas alcanzar.
“Fue una iniciativa que comenzó hace cuatro años al darme cuenta de que hay chicos que no conocen el teatro Paso del Norte. Entonces, si los chicos no pueden ir a la cultura, hay que llevárselas. Trajimos a los artistas para que compartieran con ellos sus experiencias”, añadió.
Adolescentes, un desafío
Para Yolanda Aguilar Granados ser maestra de educación secundaria y estar frente a los adolescentes, es un desafío constante. Con 25 años en la docencia, la entrevistada reconoció que su sueño de niñez se convirtió, con el paso del tiempo, en una experiencia enriquecedora, llena de alegrías, pero también de dificultades.
La maestra inició dando clases en el Seminario Conciliar de Ciudad Juárez. Posteriormente en escuelas particulares y en educación para adultos, específicamente en preparatoria abierta. Hace quince años ingresó al sistema federal, laborando actualmente en la Secundaria Federal Núm. 16 “Dr. Sidney Harman”
“Desde pequeña, la escuela marcó profundamente mi vida, siempre me llamó la atención la personalidad de mis maestros: lo que sabían, la manera en cómo enseñaban y la forma en que influían en los demás”.
Con el tiempo, esa admiración se transformó en vocación.
“Hoy entiendo que ser docente no solo es transmitir conocimientos sino acompañar a otros a descubrir sus talentos y su valor como personas”, dijo quien ve un gran desafío en el trabajo con adolescentes, pero también una gran bendición.
“Son personas en formación, buscando su identidad, y poder acompañarlos en ese proceso es algo verdaderamente valioso”, afirmó.

Formar personas
También reconoció que la enseñanza ha cambiado mucho con el paso del tiempo.
“Hoy se nos exige estar en constante actualización, adaptarnos a nuevas metodologías y responder a diversos lineamientos. Sin embargo, más allá de los cambios estructurales, el verdadero reto sigue siendo el mismo: formar personas, no solo estudiantes”, resaltó.
Señaló que los adolescentes de hoy viven en una realidad muy distinta con distinta forma de pensar y de relacionarse, por las nuevas tecnologías.
“Eso también impacta en sus valores, intereses y actitudes, por lo que es aún más importante guiarlos con paciencia y firmeza”.
Aunque reconoció los retos de la modernidad para las familias, la docente considera que la educación no debe recaer únicamente en la escuela.
“Cuando familia y escuela caminan juntas, los resultados son mucho más sólidos”, opinó.
Por otra parte, compartió que su fe católica ha sido fundamental en su trabajo como docente.
“Me ha permitido mantener la esperanza, creer en cada estudiante y seguir adelante incluso cuando los resultados no son inmediatos. La fe me recuerda que sembramos todos los días, aunque no siempre veamos de inmediato los frutos”.
Pidió a los padres de familia reconocer la necesidad de fortalecer los valores, el respeto y la responsabilidad desde el hogar, así como acompañar de cerca a los hijos. Y a sus compañeros docentes, dijo:
“Reconozco su esfuerzo diario y los animo a no perder su vocación: nuestro trabajo, aunque muchas veces silencioso, tiene un impacto profundo en la vida de las personas. Educar también es una forma de servir y de transformar el mundo”, concluyó.

Estar donde pertenece
Siendo ingeniera en sistemas computacionales, Norma Lorena Quiñones Gutiérrez quiso convertirse en maestra para tener más tiempo para su familia. Realizó un diplomado en educación y pedagogía y desde hace once años es docente en el Centro Multicultural Yermo y Parres, con experiencia en primaria, secundaria y preparatoria.
Once años de camino en la educación es buen tiempo para darse cuenta de los cambios en la enseñanza.
“Anteriormente el maestro enseñaba, transmitía información y el alumno escuchaba, pero ahora los niños son nativos digitales, tienen la información a la mano y este ha sido un gran reto”, dijo la docente.
Aunque aclaró que el verdadero reto, es “hacerlos pensar y analizar, que sean más críticos, lograr que ese aprendizaje que les transmitimos sea significativo”.
La docente reconoció que un maestro necesita estar constantemente actualizándose e innovando. Dijo que es indispensable usar las herramientas digitales y las redes sociales que hoy forman parte de la vida cotidiana, pero es necesario mantener el vínculo humano con los jóvenes y adolescentes.
“Doy mi clase en un laboratorio y ellos tienen una computadora de frente. Utilizamos las herramientas digitales que nos permitan realizar el contenido del programa de la clase. Ellos utilizan mucho su celular, sin embargo, busco que ellos logren memorizar contenidos”.
Si bien Norma se preparó para la docencia por cuestiones personales, en este tiempo se ha dado cuenta de que es su vocación.
“Me gusta mucho trabajar con los adolescentes y jóvenes. Cada día compruebo que es mi vocación, estoy donde me gusta estar. Ser maestro no solo es enseñar, es acompañarlos, escucharlos, inspirarlos. Tenemos una responsabilidad: ser capaces de cambiar algo en ellos”, concluyó.
































































