CEM
Yo soy el camino, la verdad y la vida. Jesús es el camino, la verdad y la vida. Seguirlo nos acerca al Reino de Dios, un reino de verdad y de vida que orienta nuestra existencia presente y trascendente, que nos libera de errores y manipulaciones. En un mundo donde se niega que la verdad exista, donde proliferan las noticias falsas y la manipulación informativa, Cristo nos llama a ser valientes testigos de la verdad. Cuando la verdad no es apreciada ni buscada, se aceptan verdades a medias que no son del todo ciertas.
Se confía en mentiras disfrazadas o en datos falsos que se difunden masivamente, aunque no sean reales. En nuestro México hemos visto cómo la manipulación de información divide familias, polariza comunidades y destruye la confianza. Este alejamiento de la verdad nos aparta del bien y nos aleja de Dios.
Es preciso recordar el octavo mandamiento de no mentir, que prohíbe la falsedad con intención de engañar. La mentira daña la sinceridad y daña la confianza en las relaciones, en la convivencia cotidiana. Una democracia sin verdad, sin veracidad ni transparencia del gobierno y las instituciones, se convierte fácilmente en demagogia autoritaria, sea evidente o disimulada.
Esto daña no solo la vida política, sino también la vida social, cultural, religiosa y personal. En México hemos experimentado cómo la falta de transparencia corroe el tejido social. El pluralismo exige diálogo entre todos para reconocer la verdad.
Más allá del simple consenso, son necesarios argumentos racionales en apertura a la fe, complemento entre diferentes puntos de vista. Se trata de evitar la cerrazón que excluye, descalifica y censura. Necesitamos buscar puentes, coincidencias para encontrar valores elementales, universales y trascendentes sobre la humanidad.
Nuestro país vive en momentos de múltiples propuestas de cambio social y político. Aunque reconocemos la buena voluntad de muchos, la historia nos muestra que solo en Cristo encontramos la verdad que trasciende las limitaciones de todo proyecto humano. El Reino de los Cielos hace referencia a la vida eterna, que se realiza en plenitud después de la muerte, pero que empieza desde la vida terrenal como fuente de sentido a nuestra existencia.
Sería un error despreocuparnos de la vida presente pensando que podemos alcanzar la vida eterna sin trabajar en mejorar nuestra familia, sociedad y mundo. Pero también sería error pretender transformar las realidades temporales sin construir el Reino de Dios. Recordemos la pregunta, ¿qué he de hacer de bueno para obtener la vida eterna? La respuesta, cumplir los mandamientos.
No son prohibiciones, sino promesas de salvación que nos enseñan los deberes esenciales. Por ejemplo, el mandamiento, no matarás, implica que la vida es sagrada desde el vientre materno hasta su fin natural. En nuestro país esto significa defender la vida ante los feminicidios, la violencia del crimen organizado, el aborto.
Supone cuidado de la salud, instituciones que garanticen vida corporal y espiritual, evitar sustancias dañinas, denunciar la guerra, las divisiones, el odio y la violencia que destrozan nuestras comunidades. Cuando vemos las fosas clandestinas, los jóvenes perdidos en las drogas, las madres que buscan a sus hijos desaparecidos, entendemos que el mandamiento, no matarás, es urgente denuncia profética para nuestro tiempo. Que Jesucristo reine en nuestros corazones y vida, en nuestras familias y comunidades, en nuestras parroquias de apostolados, en nuestras escuelas y lugares de trabajo.
Que reine en nuestros medios de comunicación para que digan la verdad, en nuestras instituciones para que sirvan realmente al pueblo, en nuestras empresas para que se respete la dignidad del trabajador. Que reine en la sociedad mexicana transformándola desde dentro con la fuerza de la verdad y de la vida que sólo Jesús puede dar. Venga a nosotros tu Reino.





























































