Lectio Divina correspondiente al domingo 07 de junio. Domingo 10 del Tiempo Ordinario. Reflexión y acción de la Palabra de Dios, con la guía de integrantes del Instituto Bíblico San Jerónimo…

Samuel Pérez/ IBSJ
- Lectura: ¿Qué dice el texto?
Mateo 9, 9-13
En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió. Después cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?”. Jesús oyó y les dijo: “No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues y aprendan lo que significa: Misericordia quiero y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.
Ahora hagámonos las siguientes preguntas:
¿Qué estaba haciendo Mateo cuando Jesús lo vio y lo llamó?
Ante ello, ¿cuál fue la reacción de Mateo?
¿Con quiénes estaba Jesús sentado a la mesa en casa de Mateo?
¿Qué le preguntaron los fariseos a los discípulos al ver que Jesús comía con publicanos y pecadores?
¿Qué comparación utilizó Jesús para responder a la crítica de los fariseos?
Ante esa comparación, ¿a qué les llama Jesús a los fariseos?
Interioricemos en el texto
En el relato del Evangelio, Jesús llama a Mateo mientras este se encontraba sentado a su mesa de recaudador de impuestos. Es de destacar la fuerza de la palabra de Jesús: “Sígueme”. Al escucharlo, Mateo responde inmediatamente dejando su ocupación para iniciar el camino como discípulo. Ello muestra que el llamado de Cristo tiene poder para abrir un horizonte de conversión y transformar la vida con un nuevo sentido. Más adelante, Jesús comparte la mesa con publicanos y pecadores, gesto que escandaliza a los fariseos. Sin embargo, Jesús responde con una imagen clara: “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos”. Con ello, manifiesta que su misión está dirigida especialmente a quienes reconocen su necesidad de Dios. La cita “Misericordia quiero y no sacrificios” subraya que el verdadero culto a Dios debe expresarse en compasión y cercanía con los demás. Cristo sale al encuentro incluso de quien se siente indigno o rechazado, invitándolo a levantarse y seguirlo. El Evangelio nos exhorta a vivir una fe marcada por la misericordia, que es una práctica auténtica del amor, evitando juzgar a los demás y reconociendo que todos necesitamos la gracia y el perdón de Dios.
- Meditación: ¿Qué me dice Dios en el texto?
Para profundizar en el Evangelio contestémonos a nosotros mismos, con sinceridad, las siguientes preguntas:
Así como Jesús llamó a Mateo en medio de la cotidianidad de su vida, ¿permanezco atento cada día para reconocer la voz del Señor que me invita a levantarme y seguirlo con fidelidad?
Jesús dice que ha venido a llamar a los pecadores, ¿reconozco mi necesidad de conversión y permito que su gracia transforme mi vida?
En nuestras comunidades parroquiales, ¿qué implicaciones trae para la vivencia de la misericordia la convicción de que Dios es totalmente misericordioso? ¿Qué podemos hacer para que la misericordia sea un principio en nuestros grupos?
- Oración: ¿Qué le digo a Dios?
Señor Jesús, que nos llamas a acercarnos, a compartir la condición de las personas que encontramos,enséñanos a que nuestras palabras, gestos y actitudes expresen tu misericordia y la voluntad de no permanecer indiferentes al dolor y necesidades de los demás. Amén.
- Contemplación:
Para intensificar la contemplación repitamos varias veces durante la semana un versículo de la Sagrada Escritura para que alimente nuestra fe:
«Misericordia quiero y no sacrificios» (Mateo 9,13).
- Acción: ¿A qué me comprometo con Dios?
“La misericordia, es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia” (Misericordiae Vultus 10).
Propuesta: Hagamos el verdadero compromiso de que nuestra vida se rija por el principio de la misericordia reorientando nuestras ideas para que nuestras obras misericordiosas más que una acción, sean una reacción a las necesidades y el sufrimiento de nuestros hermanos. Haz una obra concreta de misericordia compartiendo una despensa con una familia en necesidad.
































































