Ana María Ibarra
Bajo la intercesión de María, cuyo nacimiento se celebró el 8 de septiembre, el padre Guillermo Sías celebró sus 25 años de vida sacerdotal, la cual reconoció que ha estado marcada por la fragilidad, las heridas y, sobre todo, por la misericordia de Dios.
Con una celebración eucarística en la parroquia El Señor de la Misericordia, el sacerdote dio gracias a Dios por sus Bodas de plata sacerdotales, acompañado por su familia, sacerdotes amigos y la comunidad que durante los últimos meses lo recibió.
En su homilía, el sacerdote compartió cómo nació su vocación.
“Una tarde acudí a confesarme con el padre Celso Flores, en la parroquia Divina Providencia. Mientras hablaba de mis pecados y miserias, el padre Celso me hizo una pregunta inesperada: ¿No has pensado en entrar al Seminario?”, recordó el padre Sías.

En aquel entonces, el ahora sacerdote tenía novia y no contemplaba la posibilidad del sacerdocio.
No obstante, aquella pregunta dejó en él una inquietud que con el tiempo se transformaría en vocación.
“Dios sembró la semilla de la inquietud vocacional en medio de mi miseria”, señaló, para enseguida relacionar su historia con el pasaje en el que Jesús llama a Pedro, quien también se reconoce pecador ante el Señor.
A 25 años de aquella llamada, el sacerdote aseguró que celebrar su aniversario en la parroquia dedicada al Señor de la Misericordia no es una coincidencia, sino una manifestación de la fidelidad de Dios.
“Dios ha sido grande conmigo”, expresó, reconociendo que su sacerdocio ha sido, ante todo, una historia de la misericordia divina.

El padre Guillermo mencionó que una parte importante de estos 25 años la dedicó a la formación al sacerdocio de otros jóvenes al permanecer 17 años en el Seminario acompañándolos.
“Esa experiencia, me permitió contemplar cómo Dios trabaja a través de la fragilidad humana”.
Posteriormente, estuvo al frente de la Casa Sacerdotal San Juan XXIII, donde acompañó a sacerdotes enfermos, ancianos y algunos que vivían momentos de soledad, crisis y dolor.
Luego el padre Sías hizo una pausa de siete meses en el ministerio, aunque nunca en el sacerdocio “un tiempo en el que descubrí nuevamente cuánto me amaba Dios”, dijo conmovido.
De manera especial, habló de la cercanía de María, a quien describió como una madre que lo abrazó y acompañó en medio de sus lágrimas.

“El sacerdote también necesita pedir ayuda y reconocer su fragilidad y cansancio”, expresó.
Y luego de que se anunció su nombramiento como vicario de la parroquia Santa Rosa de Lima, la comunidad lo despidió con gratiutud y con palabras del párroco, padre Juan manuel Orona, y del vicario, padre Alberto Rodríguez.
Al concluir, el padre Guillermo pidió a la comunidad sus oraciones y agradeció a las personas y comunidades que han formado parte de sus 25 años de sacerdocio.
Su historia, dijo, no le pertenece solamente a él.
En frase…
“Son 25 años que pertenecen a Dios y a ustedes que han caminado conmigo y que, de una u otra manera, han sido parte de mi ministerio”.
Pbro. Guillermo Sías/Vicario de Santa Rosa de Lima
































































