Ana María Ibarra
Agradecimiento, perdón y esperanza fueron los tres motivos que monseñor Isidro Payán puso ante el altar del Señor y ante la comunidad de la rectoría San Juan XXIII al celebrar la Eucaristía por sus 98 años de vida.

La celebración se realizó el pasado domingo 17 de mayo, presidida por el festejado y concelebrada por los padres Omar Gutiérrez y Freud Cuellar.
Acompañado de sus familiares, amigos y fieles de distintas comunidades de la diócesis, monseñor Isidro Payán celebró esta especial acción de gracias.
Después de presentar a su familia, monseñor Payán expresó los tres motivos que enmarcaron la celebración.
“Primero, la acción de gracias a Dios por la vida que me ha concedido; segundo, pedir perdón por mis faltas, mis culpas y pecados; y tercero, la esperanza de compartir con ustedes la vida eterna”.
Luego, en su homilía, monseñor Payan agradeció a los asistentes su presencia, así como a los sacerdotes que lo acompañaron.
“Es un deleite contar con los congéneres del sacerdocio. El primer pensamiento es de gratitud a Dios nuestro Señor por la bondad de crearnos, agradecimiento a mis padres por darme la vida. Gracias también a quienes nos acompañan. La gratitud es una virtud cristiana, San Pablo dice: sean agradecidos”, señaló.
Otra virtud que monseñor resaltó es la fe, por la cual, dijo, se da adoración a Dios y se suplica su gracia.
“Hoy su servidor da gracias a Dios por la vida. También le doy gracias a Dios porque la vida es el principio de otros dones, como es la fe. Es para el sacerdote un don que el Señor nos haya elegido para el don del sacerdocio”.

Monseñor Payán dijo a los fieles que son ellos beneficiarios de la misión que Dios le da al sacerdote.
“Es un privilegio que ese llamado empiece con la niñez, como pasó con mi hermano y conmigo. El 10 de julio de 1940 acudimos al llamado, siempre misterioso y que se va descubriendo”, afirmó.
El celebrante hizo referencia al perdón por los pecados señalando que el sacerdocio es sujeto al sacramento de la Confesión.
“Nosotros somos como ustedes, solo la fortaleza de Dios nos sostiene. El Espíritu Santo nos da la fortaleza”, reiteró.
Por otra parte, monseñor mencionó la virtud de la esperanza recordando el pasaje de Mateo: Vengan a mí, benditos de mi Padre, y señalando que la esperanza “es la virtud de querer poseer lo que no tenemos, pero por la gracia de Dios se nos da”.
Igualmente recordó a los obispos que fueron sus pastores.
“Tengo agradecimiento al papa Juan Pablo II que me invitó a la familia pontificia. A las Hermanas Misioneras de María Dolorosa; a la hermana Gracia que colaboró conmigo en Catedral. Agradezco la generosidad de quién construyó este templo que es un instrumento de fe, caridad y amor. Gracias por la presencia gozosa de ustedes, finalizó.


































































