Presencia
El obispo de El Paso, monseñor Mark Seitz, publicó el pasado domingo 15 de marzo una Carta Pastoral sobre las detenciones y deportaciones masivas, en la que denuncia que “La actual campaña nacional de detención masiva (en Estados Unidos) es un grave mal moral al que hay que oponerse con la oración, la acción pacífica y los actos de solidaridad con los afectados”.

A su vez, la Diócesis de El Paso anunció que celebrará una vigilia el 24 de marzo para “implorar respeto por la vida humana”como “un acto de solidaridad cuaresmal”.
La carta pastoral fue firmada y dada a conocer por el obispo Seitz en la misa de mediodía en la Catedral de San Patricio, de la vecina ciudad.
Por su relevancia, presentamos el mensaje textual:

Mensaje pastoral sobre las detenciones y deportaciones masivas en El Paso
Vivid como hijos de la luz, porque la luz produce toda bondad, justicia y verdad. (Efesios 5, 8-9)
En este tiempo sagrado de Cuaresma, Dios nos invita a acompañar a Jesús sufriente en su caminohacia la Cruz y a una nueva vida en la Resurrección. Por esta razón, aprovecho esta oportunidadpara dirigirme a todos los fieles de nuestra comunidad católica de El Paso, y en particular a lasfamilias inmigrantes.
El pueblo de Dios comenzó como un pueblo en movimiento. En las Escrituras Hebreas,encontramos a Abraham y a los profetas, gente de la tienda, obligados a desplazarse por elhambre, la sequía y el conflicto, y siempre en camino hacia la libertad. En los Evangelios,encontramos a Jesús como un niño que vivía en el exilio y como adulto, sin un lugar dondereposarla cabeza. En su ministerio, Jesús llamó a sus seguidores a acompañarlo en el camino, yloscristianos siempre hemos sido un pueblo en movimiento.
Juntos hemos trabajado para forjar un hogar común. Construir comunidad en la frontera siempreha sido un acto de esperanza, ya sea contra la sequedad del desierto o contra los miedosartificialesde quienes son diferentes. La fiesta que celebramos siempre ha sido una danza quedesafía ladivisión y la muerte, un recordatorio de nuestra esperanza eucarística.

En los últimos meses, he escuchado sus miedos, sufrimientos y preocupaciones sobre ladeportación. He escuchado historias de familias separadas y de miembros que han sido separadosde nuestra comunidad. Secuestran a personas al salir de los tribunales de inmigración en elcentro.
Secuestran a trabajadores de obras de construcción por toda la ciudad. Madres y padres ya nopueden trabajar porque el gobierno les ha retirado sus permisos de trabajo legal. Mujeres jóvenesse consumen en tortura mental durante meses en centros de detención privados, incluso cuando,coaccionadas por las condiciones de su encarcelamiento, ruegan ser deportadas. Muchaspersonasse ven obligadas, una vez más, a sentirse menos que estadounidenses. La gente está muriendo enel centro de detención de inmigrantes Camp East Montana.

A quienes sufren odio y discriminación y temen lo que pueda suceder, sepan que la Iglesia losapoya. Como su Obispo llevo su dolor a diario en mi corazón y en mis oraciones. Estoy conustedes. Nuestro Santo Padre, el Papa León XIV, me pidió personalmente estar en solidaridadconlas familias migrantes que sufren y que no permaneciera callado. Haré todo lo posible pordefender la dignidad que Dios le dio a cada persona en nuestra comunidad fronteriza.
Nuestra Iglesia Católica de El Paso redoblará sus ministerios con quienes trabajan en el juzgadodelcentro, en los centros de detención, en Ciudad Juárez y con las familias de nuestras parroquias.
Seguiremos celebrando sus contribuciones a nuestra comunidad, defendiendo su dignidadhumana y trabajando para erradicar el racismo y hacer realidad la reforma migratoria.
Tengo la suerte de tener muchas amistades con nuestros agentes locales de policía y deinmigración. Su trabajo de mantener a nuestra comunidad segura es vital. Pero la muerte dequienes se encuentran en centros de detención migratoria es inaceptable. Un sistema migratorioinjusto que conduce a consecuencias mortales destruye nuestra humanidad compartida. Nadietiene que obedecer una orden inmoral. Imploro a todos los involucrados que disciernancuidadosamente los requisitos morales del Evangelio en este momento con integridad yhonestidad. Cuando nos quitamos las máscaras y nos encontramos como vecinos, podemosrecuperar nuestra dignidad común. Prometo el apoyo pastoral de nuestros sacerdotes, capellanesyel mío propio mientras abordan las exigencias de la conciencia con sinceridad. Ustedestambiénestán en mis oraciones.
Las deportaciones masivas no harán que nuestras comunidades sean más seguras. Separan a lasfamilias, dividen a los vecinos y amenazan nuestro bienestar económico. Si bien necesitamosreformas migratorias significativas, es una injusticia que las familias, los niños y las personasvulnerables paguen el precio de nuestra inacción. Las políticas, las leyes y las fronteras debenestarsiempre al servicio de la dignidad humana, la auténtica seguridad comunitaria y eldesarrollohumano.
Por estas razones debo dejar en claro, la actual campaña nacional de detenciones masivas y lasdeportaciones son un grave mal moral, una situación a la que hay que oponerse con oración,acciones pacíficas y actos de solidaridad con los afectados. En estos actos, tocamos las heridasdeJesucristo, y en esta solidaridad, llevamos adelante la esperanza de la Resurrección. Dios estádellado de la justicia, y al caminar hacia la Pascua, sabemos que Dios está forjando una nueva
humanidad que refleja sus bendiciones para todos.
Dado el mismo día, IV Domingo de Cuaresma, en la Catedral de San Patricio.
✠ Mark J. Seitz/ Bishopof El Paso
Patricia Lopez Rueda/Canciller
































































