Paulina Ruiz
Con el propósito de ofrecer un espacio de restauración espiritual y encuentro con la misericordia divina, la parroquia Sante Inés llevó a cabo una edición más de su Congreso de sanación y liberación.
Bajo el lema bíblico “El señor sana los corazones heridos y venda sus heridas” (salmo 147, 3), el evento buscó ser un bálsamo para aquellos que atraviesan momentos de crisis o dolor profundo.

Fruto tras la pandemia
José Manuel de la Rosa, servidor con 16 años de entrega a la comunidad, compartió en entrevista que esta iniciativa surgió con la llegada del padre Hugo. En cuanto las restricciones sanitarias permitieron la reapertura de los templos, el párroco impulsó estos congresos tras observar la gran necesidad de acompañamiento espiritual en la población.
“Al ver el fruto que iba dejando año con año, hemos seguido hasta ahora. Este será ya la cuarta edición”, explicó. Dijo que los temas del congreso están estrictamente basados en las sagradas escrituras y ofrecen herramientas espirituales para que las personas puedan salir de situaciones de opresión o amargura interior.

Momentos de liberación
A diferencia de otros retiros, este congreso destaca por sus momentos de oración profunda. El servidor resaltó que se viven dos momentos clave de liberación interior: “se realiza con Jesús Sacramentado andando por el pueblo y han habido testimonios de grandes liberaciones”, detalló.
Aunque el congreso nació en el territorio de la parroquia Santa Inés, la convocatoria ha trascendido el territorio parroquial. En las últimas ediciones, se ha registrado una creciente asistencia de personas de distintos sectores de la ciudad, quienes llegan atraídos al conocer los frutos espirituales.

Invitación abierta
José Manuel extendió una invitación a todos los feligreses, sin importar su nivel de cercanía con la Iglesia, a que se den la oportunidad de vivir esta experiencia con el corazón abierto. “Lo que viene de Dios siempre dura y es algo maravilloso; siempre nos deja algo bueno”, afirmó.
El servidor concluyó recordando que el congreso es una oportunidad para que el ser humano reconozca su fragilidad y permita que sea la gracia de Dios la que venda sus heridas u restaure su paz interior.

































































