Presencia
Con gran cariño y nostalgia, la comunidad de hermanas religiosas de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, quienes sirven en la Casa Eudes, dieron el último adiós a la hermana María Luisa Salazar Castro, quien falleció el pasado sábado 12 de julio.
El cuerpo de la hermana Isabel, como era conocida, fue velado el domingo 13 de julio, día en que el obispo don J. Guadalupe Torres Campos celebró una misa de honras fúnebres en la Capilla de la Casa Eudes.

Su vida
María Luisa Salazar Castro nació el 14 de noviembre de 1938 en Torreón, Coahuila. Ingresó a la congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor el 13 de junio de 1963 en la Ciudad de El Paso, Texas. En su noviciado tomó el nombre religioso de María Isabel.
Hizo su primera profesión religiosa el 8 de febrero de 1967 en El Paso, Texas y su profesión perpetua el 8 de febrero de 1972.
En 1970 pasó a formar parte de la comunidad de Saltillo, Coahuila, en la casa hogar El Buen Pastor, donde prestó su servicio por varios años acompañando grupos de jóvenes en situación de riesgo y vulnerabilidad a su integridad espiritual, física y emocional.
Durante su vida como religiosa de Nuestra Señora de la Caridad prestó varios servicios en diferentes comunidades de la república mexicana y en Francia y España.
En Tijuana trabajó en una misión con mujeres jóvenes residentes de la casa hogar y de colonias marginadas. Luego vino a Ciudad Juárez, donde vivió 33 años, durante los cuales presto su servicio con jóvenes de la Casa Eudes, y como ecónoma de la comunidad por varios años.

Hija de san Juan Eudes
“La hermana Isabel fue una mujer profundamente enamorada de Jesús sacramentado a quien dedicaba los primeros los minutos y últimos de cada día. Su amor a la Eucaristía la llevaba a buscar el sacramento con la fidelidad de cada día. Su calidad humana y cristiana la hacían una hermana cercana y acogedora que siempre tenía un gesto de bienvenida y atención para cada persona”, escribieron sus hermanas en una semblanza.
“La hermana Isabel fue una fiel hija de San Juan Eudes y con gran devoción a Santa María Eufrasia, a quienes veneraba y de quien aprendía cada día a vivir con el corazón lleno de misericordia y compasión”, dijo por su parte el padre Gregorio López, capellán de la Vida Consagrada en la diócesis, quien también participó de los servicios fúnebres y despedida de la hermana Isabel.
Descanse en paz.


































































