Al acercarse la fecha de la fiesta de San Juan María Vianney, patrono de los sacerdotes, presentamos la historia de dos párrocos de la Diócesis de Ciudad Juárez …
El próximo 4 de agosto, la Iglesia católica celebrará la fiesta de San Juan María Vianney, mejor conocido como el Santo Cura de Ars, un sacerdote francés (1786-1859) reconocido por su profunda sencillez, su entrega incansable al sacramento de la Reconciliación y su inmenso amor por la Eucaristía.
Su testimonio de vida sacerdotal marcó la historia de la Iglesia y lo llevó a ser proclamado por el papa Pío XI como patrono de los párrocos y de todo el clero diocesano o secular.
Por esta razón, también se conmemora el Día del Párroco, una fecha para reconocer la entrega de quienes, siguiendo el ejemplo de Cristo Buen Pastor, dedican su vida al servicio de Dios y de su pueblo.
Pbro. Patricio Pelayo: El reto de ser suficiente para los demás

Por Diana Adriano
En el marco de esta celebración, el padre Patricio Pelayo, párroco de la comunidad de San Felipe de Jesús desde el 23 de agosto de 2023, compartió cómo vive el ministerio sacerdotal y la misión que diariamente desempeña al frente de una comunidad parroquial.
El sacerdote explicó que la labor de un párroco inicia desde el momento en que el obispo le confía una comunidad.
“Cuando el Obispo designa un párroco, en la misa de toma de posesión se lee un decreto que menciona su encomienda pastoral, porque esa es la misión que se le está confiando en esa comunidad parroquial», señaló.
Esa misión, explicó, consiste en acompañar a los fieles en cada etapa de su vida, acercándolos a Dios mediante los sacramentos y el acompañamiento pastoral.

“Es el encuentro con los feligreses en cada uno de los momentos que viven para hacerles presente al Señor, santificar sus vidas con la celebración de los sacramentos, atender a los más necesitados en cualquier aspecto de su vida y, sobre todo, fomentar una vida cristiana, para que cada uno de ellos llegue a ser discípulo del Señor», expresó.
Otras responsabilidades
La realidad actual del ministerio sacerdotal también exige asumir diversas responsabilidades. Debido a la escasez de sacerdotes, muchos párrocos desempeñan, además de su servicio en la parroquia, otras encomiendas dentro de la diócesis.
«Debido a la falta de sacerdotes, la mayoría de los párrocos no solo atendemos el oficio de párroco; también tenemos otras encomiendas tanto administrativas como subsidiarias, es decir, coordinadores de grupos diocesanos y otras encomiendas, lo que hace que un día normal entre semana tengamos dos ocupaciones compatibles para poder atenderlas diligentemente», comentó el sacerdote, quien por cierto, es también Vicario judicial de la diócesis.
La semana de un párroco

Durante la semana, gran parte de su tiempo se dedica a la atención de los grupos parroquiales, la celebración de los sacramentos y el acompañamiento de los fieles. Sin embargo, explicó que el domingo ocupa un lugar especial dentro de su ministerio.
«El día domingo nos enfocamos mayormente a la celebración eucarística, y esto nos lleva a un encuentro con la comunidad parroquial donde se dan momentos de convivencia y alegría en la fe. Es, ante la comunidad, la mejor expresión de ser imagen de Jesucristo, Buen Pastor, porque estamos cerca de los fieles para alimentarlos con la Eucaristía, ayudarles a reflexionar la vida desde la Palabra de Dios y animarlos en el seguimiento y perseverancia al encuentro de Jesús», afirmó.
El padre Patricio señaló que entre semana la mayor parte de su tiempo está dedicada a los grupos parroquiales, mientras que los fines de semana las celebraciones eucarísticas ocupan el centro de su actividad pastoral.
Algunos desafíos
Sobre los desafíos que enfrenta actualmente un párroco, aseguró:

«El mayor reto es ayudar a crecer espiritualmente a los feligreses, porque esa es la misión de la Iglesia».
Al hablar de las mayores satisfacciones de su ministerio, destacó el contacto cercano con las personas y la posibilidad de compartir sus alegrías y dificultades.
«Lo que más disfruto es el encuentro con la comunidad, porque el trato personal se fortalece y la plática que surge de ese momento me hace ser más empático a la vida de los demás», comentó.
No obstante, reconoció que una de las experiencias más difíciles es no poder responder a todas las necesidades pastorales que se presentan.
«Lo difícil es no poder atender todas las necesidades pastorales por limitaciones humanas, y aquí podemos ver el gran testimonio del Santo Cura de Ars, que Dios le dio la gracia de ser suficiente para los demás», señaló.

Pedir su intercesión
El sacerdote también destacó la importancia de cuidar la vida espiritual y el descanso como parte de la misión evangelizadora.
«La oración y el descanso también son acciones pastorales. Jesús mismo nos enseña que ambas son necesarias, y Él mismo las vivió junto con sus discípulos. En los Evangelios podemos encontrar algunos ejemplos cuando Jesús les invita a orar y descansar junto a Él», expresó.
Finalmente, al recordar la figura de San Juan María Vianney, aseguró que su testimonio continúa siendo un modelo vigente para todos los sacerdotes.
«El Santo Cura de Ars vivió su ministerio sacerdotal en entrega íntegra y completa a Dios, atendiendo las necesidades espirituales que descubría en el encuentro con los feligreses. Hoy podemos pedir por su intercesión que, al conocer su vida, cautive a muchos jóvenes para escuchar la llamada del Señor», concluyó el padre Patricio.































































