Paulina Ruiz
A dos décadas de su partida, la figura del padre Richard Thomas continúa siendo una llama encendida en la frontera. En un emotivo encuentro, amigos, colaboradores y discípulos se reunieron el pasado viernes 8 de mayo en el auditorio del Seminario para honrar la memoria del sacerdote jesuita que transformó la realidad social y espiritual de Ciudad Juárez y El Paso, recordándolo no solo por sus milagros conocidos, sino por su capacidad de sembrar una esperanza inquebrantable en los corazones más olvidados.
Vencer el mal con el bien
José Ruiz y su esposa Malicha abrieron su corazón para recordar cómo el padre Thomas no solo ofrecía consuelo, sino herramientas prácticas para la vida cristiana. Malicha recordó una ocasión en la que llegaron con el “corazón roto” a la comunidad y fueron recibidos por el sacerdote con una instrucción directa: “vengan, el Señor los está esperando… les quiere decir de qué manera se liberen”.
Aquella no fue una respuesta superficial. Según relata el matrimonio, el padre les enseñó a aplicar el libro de Números (6:24-26) para orar por sus enemigos y por quienes les hacían daño, bajo la premisa de “vencer el mal con el bien”.
“Él era un siervo de Dios lleno del Espíritu Santo”, afirmó José, subrayando que el fruto más grande de esa guía es su hijo Pepe, hoy es sacerdote con 10 años de ministerio, un camino que inició bajo la guía del padre Thomas.

Esperanza y providencia
Para Gabriel y María Lorena Rodríguez, el encuentro con el padre Richard Thomas en el año 2000 marcó un antes y un después en su matrimonio. Gabriel destacó que la mayor herencia del sacerdote fue el capítulo 35 de Isaías, un pasaje que llama a “fortalecer las manos débiles… digan a los tímidos: ánimo, no teman”. Gabriel recordó que, para el padre Thomas, la misión era clara: animar a los tímidos y confiar en que Dios viene en persona a salvar.
“Si Dios ordena algo, Él lo paga”, era una de las máximas del sacerdote.
“El padre descubrió un mundo interior inmenso comparado a las penas y alegrías de este mundo”, reflexionó la pareja que hoy dirige el Centro de catequesis Las Alitas en San Isidro.
Según el testimonio de la pareja, el padre no solo creía en los milagros, sino que los esperaba, fundando obras como el Banco de Comida de Dios basándose en que Dios provee según los recursos que él mismo entrega.

Bálsamo de sanación
Norma Bruder, quién conoció al padre en 2003, compartió cómo su dirección espiritual la llevó a dejar la vida pública para dedicarse de tiempo completo al servicio. Recordó con especial cariño el sentido del humor del sacerdote, quien solía orar: “Señor, ayuda a que el tonto en mí no salga hoy”.
“Un día sucedió y aquí hay personas que que son testigos de esto: que esta canastita solamente tenía una bolsita de frijol y una bolsita de arroz. Y el padre Tomás les levantó la canastita y les estaba diciendo, «Mire, Dios nos dice que hay más dicha en dar que recibir.» Y estaba solamente esa bolsita y empezó a chorrear el frijol y empezó a chorrear el arroz”. Norma, quien dejó su cargo público en México para seguir el llamado del servicio, define al padre Richard Thomas con tres títulos: “Un profeta, un amigo y un sacerdote santo”.
Ella destacó que el sacerdote no sólo creía en los milagros como la famosa multiplicación de comida en el basurero en 1972, sino que los esperaba.
María Lorena recordó su primer encuentro con honestidad, que todavía hoy le arranca una sonrisa: “Lorena, eres un ignorante de la palabra de Dios”, le dijo el padre, para luego añadir con humildad, “yo también soy un ignorante”.
Desde ese día, ella comprendió que la Biblia era una guía para la vida diaria y no un libro estático.
Bajo la influencia de la filosofía Montessori y la guía al sacerdote, Lorena se convirtió en una catequista del buen pastor:
“Él buscaba hacer al niño asomarse a las ventanas del Infinito”, explicó.
Dijo que esta dedicación a los más pequeños, entrelazó su labor en la clínica para enfermos y su servicio en el Valle de Juárez, donde la palabra de Dios sigue siendo el único material que guía a los jóvenes.
Servicio misionero
El sacerdote William quien fue ordenado en 1994 gracias a la intermediación del Padre Thomas ante el obispo de Las Cruces, destacó las lecciones fundamentales que recibió del padre Thomas: la oración diaria y el servicio a los más necesitados, basado en Mateo 25.
“El padre Thomas conoció al obispo de Las Cruces y me concretó una cita con él”. Para él, la lección más profunda fue comprender que la lectura de la Biblia es el alimento fundamental para nutrir el espíritu y actuar como una guía en la vida diaria.
Hoy, con 32 años de vida sacerdotal, el padre William destacó que el padre Thomas siempre fue firme en enseñar que la presencia de Jesús se experimenta de forma real a través del servicio a los más necesitados.
Citando el capítulo 25 de San Mateo, William enfatizó que ayudar a los hambrientos, enfermos, presos e inmigrantes, es la forma tangible de amar y reafirmó su compromiso de continuar con el legado de los ministerios en Juárez.
Por su parte, Armando y Ramona, misioneros desde 2008, continúan con el legado en el Centro Comunitario Integral Las Alitas, reafirmando que “la obra de Dios permanece joven y activa través del servicio”.
La jornada concluyó con un sentimiento unánime: el padre Richard Thomas fue un sacerdote santo, y que ahora está más vivo que nunca.
“Su mayor enseñanza no fue la multiplicación del pan, sino la multiplicación de la esperanza en los corazones olvidados”.


































































