Reflexión y acción de la Palabra de Dios, con la guía de integrantes del Instituto Bíblico San Jerónimo…
Samuel Pérez/IBSJ
1. Lectura: ¿Qué dice el texto?
Mateo 18, 21-35
En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Jesús le contestó: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”. Entonces Jesús les dijo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda. Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: ‘Págame lo que me debes’. El compañero se le arrodilló y le rogaba: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.
Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ‘Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?’ Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía. Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano’’.
Ahora hagámonos las siguientes preguntas:
¿Qué pregunta le hace Pedro a Jesús?
¿Qué respuesta le da Jesús y qué cantidad menciona para expresar la amplitud del perdón?
¿Qué hizo el rey cuando su servidor no podía pagarle la gran deuda que tenía?
¿Cómo reaccionó ese servidor cuando encontró a uno de sus compañeros que le debía una cantidad mucho menor?
¿Qué hizo finalmente el rey al enterarse de la actitud de su servidor?
¿Qué enseñanza da Jesús al final del relato?
Interioricemos en el texto

En el Evangelio Jesús da una enseñanza sobre el perdón debido a una pregunta que realiza el apóstol Pedro. El perdón debe ser ilimitado y brotar de un corazón que esté dispuesto a hacerlo siempre; esta es una actitud fundamental del cristiano. Jesús lo ilustra con la parábola de un rey misericordioso que, movido por la compasión, perdona una deuda enorme a su servidor; sin embargo, este no tiene misericordia con un compañero que le debe mucho menos. La actitud del servidor revela la contradicción entre haber recibido misericordia y negarse a ofrecerla a los demás. Jesús concluye señalando que el perdón recibido de Dios debe transformar nuestra manera de relacionarnos con nuestros hermanos. Así lo afirma la oración que Él mismo nos enseñó: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden” (Cfr. Mateo 6, 12). Aunque la enseñanza es difícil en la práctica, tomemos en cuenta que, perdonar no significa ignorar el mal, sino renunciar al deseo de devolverlo y abrir un camino hacia la reconciliación. Seamos más conscientes de la gratitud y de la grandeza del perdón que recibimos de Dios y que esta experiencia nos haga más misericordiosos con nuestros hermanos. El discípulo de Cristo está llamado a vivir el perdón de corazón, como expresión concreta de la misericordia recibida de Dios.
2. Meditación: ¿Qué me dice Dios en el texto?
Para profundizar en el Evangelio contestémonos a nosotros mismos las siguientes preguntas:
Al reconocer el perdón y la misericordia que Dios me ha dado, ¿qué persona o situación concreta necesito perdonar de corazón para comenzar un camino de reconciliación?
Como comunidad eclesial, ¿qué podemos hacer para cultivar entre nosotros una verdadera cultura del perdón y la reconciliación, especialmente ante las heridas, conflictos y diferencias que pueden dividirnos, de manera que nuestra comunidad sea un signo vivo de la misericordia de Dios?
3. Oración: ¿Qué le digo a Dios?
Padre Nuestro, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Amén.
4. Contemplación:
Para intensificar la contemplación repitamos varias veces durante la semana un versículo de la Sagrada Escritura para que alimente nuestra fe:
«El Señor es compasivo y misericordioso» (Salmo 102).
5. Acción: ¿A qué me comprometo con Dios?
«Nada nos hace tan semejantes a Dios como estar siempre dispuestos a perdonar.» — San Juan Crisóstomo.
Propuesta: Acerquémonos con humildad al sacramento de la Reconciliación, dejemos que Cristo sane nuestras heridas y experimentemos la alegría de su perdón, para aprender también a perdonar de corazón a nuestros hermanos.

































































