Ana María Ibarra
Recordando el momento en que recibieron la unción sobre sus manos, sacerdotes de la diócesis renovaron con alegría sus promesas sacerdotales delante del obispo, monseñor J. Guadalupe Torres Campos, y teniendo como testigos a fieles de distintas comunidades.

Este signo se llevó a cabo el pasado jueves 2 de abril durante la Misa Crismal en la Catedral, en el inicio del Triduo Pascual.
También en la Misa Crismal, fiesta del sacerdocio ministerial y que hace presente a Cristo, el ungido, el obispo bendijo los óleos para la vida sacramental de las distintas parroquias.
En su homilía, el obispo dio gracias a Dios, por el sacerdocio bautismal, del que forma parte todo el pueblo de Dios, y por el sacerdocio ministerial, invitando a los sacerdotes a poner su mirada en Dios Padre que ha enviado a Jesucristo sumo y eterno sacerdote.
“Seamos agradecidos por el don del sacerdocio. Con este don del sacerdocio bautismal y ministerial, proclamar de Palabra y, con la vida, testimoniar el don que hemos recibido”, expresó.
Monseñor Torres mencionó que, con la renovación de las promesas sacerdotales, se actualiza el amor que Dios les tiene, el llamado y la respuesta.
Añadió que proclamar la Buena Nueva, hacer el bien, acompañarse unos a otros, es la misión del sacerdote.
“Somos enviados, se nos confía una misión. Tenemos retos, desafíos en el mundo, en México, en nuestra diócesis. Tanta gente lastimada llega a nosotros y es nuestra misión ofrecerle consuelo. Sacerdotes, vayamos a ejercer nuestro ministerio a ejemplo de Cristo”, motivó.

Contento de ver a los fieles de distintas parroquias presentes en la celebración, les agradeció su entrega y su amor.
“Son un pueblo de Dios maravilloso. Gracias por su fe. Sigamos todos viviendo nuestro sacerdocio. Hay que dar buenas noticias al mundo”, expresó.
Después de la homilía de monseñor Guadalupe, configurados con Cristo y en unión con el obispo, los sacerdotes subieron al presbiterio y renovaron sus promesas sacerdotales.
Enseguida, los diáconos transitorios y permanentes hicieron la presentación de los aceites. En ese mismo momento se presentaron el pan y el vino y, al momento de ser consagrados estos dones, se bendijo el óleo de los enfermos.
Después de la Comunión, el obispo bendijo el óleo de los catecúmenos y preparó el Crisma, vertiendo los aromas, transformándose en signo de la unción del Espíritu Santo en los sacramentos.
Siendo el óleo de mayo dignidad, el Santo Crisma es utilizado para la dedicación de iglesias y altares, y lleva al cristiano a un mayor compromiso con Dios y los hermanos viviendo con integridad el evangelio.
Después de la celebración, los fieles dedicaron aplausos a los sacerdotes en señal de alegría. Ya en el exterior, de manera personal, los felicitaron con diversas muestras de cariño.
Para saber…
Como cada año en Jueves Santo, el grupo Talleres de Oración y Vida ofreció una comida para el obispo y sus sacerdotes en el CEPAP, donde monseñor Torres presentó al padre César Solís como nuevo asesor del Talleres de Oración y Vida.

































































