
Agencias
Con un llamado a poner a las víctimas al centro y asumir la corresponsabilidad, recordando que la paz exige no ser indiferentes concluyó el Segundo Diálogo Nacional por la Paz luego de tres días de trabajo colocando al frente de este esfuerzo a las víctimas de la violencia y con la certeza de que la paz social solo será posible con la contribución de cada uno.

El corazón del Diálogo
Mantas con los rostros de personas reportadas como desaparecidas al pie y al centro del escenario y la presencia de madres buscadoras participando en las actividades del programa, fueron el rostro más visible de las víctimas de violencia presentes en el encuentro.
Al cierre de los trabajos, el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Monseñor Ramón Castro llamó a la corresponsabilidad de los asistentes al encuentro y de los mexicanos en general en la construcción de la paz.
“¿Qué pasos de reconciliación estás dispuesto a dar?”, dijo cuando los llamó a no voltear la mirada ante el sufrimiento de las víctimas y ser valientes ante la denuncia de aquello que atenta contra la dignidad humana.
“Solo quien se deja tocar por el dolor ajeno puede convertirse en un verdadero artesano de paz”, dijo durante la intervención con la que concluyeron los trabajos del encuentro.
“Las víctimas no son un tema más en la agenda, son el lugar teológico desde donde Dios nos está hablando, la paz no se construye ignorando el sufrimiento, maquillando las cifras o acelerando procesos sin sanar heridas”, agregó.
Recordó a las víctimas de la violencia en México al enfatizar que Cristo continúa su Pasión ahí donde hay una vida rota, una familia desplazada, una madre que busca a su hijo, un joven reclutado o una comunidad silenciada.
Dijo que el mensaje de este segundo encuentro “ha sido claro y valiente, al señalar que no habrá paz verdadera mientras no se reconozca la dignidad herida de las víctimas, mientras no se escuche su voz, mientras no se restituyan los derechos con justicia restaurativa y procesos reales de reconciliación”.
Antes, en su conferencia magistral de cierre, Castro recordó que este encuentro nació hace más de tres años “de una herida profunda que atraviesa a México desde hace años y que se ha expresado en la violencia cotidiana, la fragilidad del tejido social y el dolor acumulado de miles de víctimas con un nombre concreto, una identidad dañada, sueños lastimados, vidas interrumpidas, vidas crucificadas”.

Lo que la paz exige
Luego de tres días de trabajos, conferencias y foros de discusión, monseñor recordó a los participantes que la paz exige decisiones, procesos y compromisos concretos que se sostengan en el tiempo.
“La paz para ser real necesita estructura, método y mucha perseverancia. Que nadie se vaya de aquí pensando que esto no le corresponde, la paz nos necesita a todos, que este diálogo no termine hoy, sino que se transforme en una vida entregada, en un compromiso perseverante y en una esperanza organizada”, dijo a los asistentes a quienes encomendó volver a sus comunidades “con el corazón abierto y los pies en el camino” y “retomar la escucha para sostener los espacios de diálogo y fortalecer los equipos locales”.
Conferencias magistrales y mesas
En el evento hubo tres conferencias magistrales: el académico Mauricio Merino abordó las causas estructurales de la violencia en México, subrayando la urgencia de recuperar al Estado como un espacio de acuerdos colectivos que dé marco institucional a la vida social.
El sacerdote Elías López reflexionó sobre los desafíos de la reconciliación nacional, destacando la necesidad de formar liderazgos comunitarios y sinodales capaces de construir propuestas desde la escucha.
Por su parte, Monseñor Ramón Castro enfatizó que construir la paz exige escuchar, discernir y actuar, es una vocación de toda persona para buscar un orden social de relaciones armonizadas, poniendo en el centro a las víctimas y convencidos que la paz solo se alcanza si hay verdad, justicia y reparación.
Asimismo, se desarrollaron mesas de análisis sobre los principales desafíos del país.
El Dr. Alfonso Alfaro llamó a imaginar un Estado capaz de integrar a los jóvenes hoy atrapados por la violencia. Sandra Ley señaló la urgencia de fortalecer a las policías municipales. Sergio López Ayllón propuso la justicia cívica como una vía concreta desde lo local. Daniel Moreno subrayó la importancia de incorporar a los medios de comunicación como actores estratégicos en la construcción de paz. Alberto Olvera llamó a fortalecer las alianzas con la sociedad civil. Elena Azaola recordó la deuda pendiente con las cárceles. Sara González, universitaria, expuso los retos para activar la participación juvenil. Y José Medina Mora presentó el Modelo Inclusivo de Desarrollo como una contribución del sector empresarial a la paz.
En tres mesas adicionales se compartieron experiencias nacionales e internacionales de construcción de paz, confirmando que existen caminos viables con resultados concretos en los territorios. Entre ellas destacaron el Proyecto VIVA y los Centros Manresa en la Sierra Tarahumara, que han atendido a más de 8,000 personas en salud mental, así como experiencias de colaboración en el diseño de Consejos de Paz y Justicia Cívica con el gobierno federal. Los embajadores de Irlanda, Ruairí De Burca, y de Noruega, Dag Nylander, coincidieron en que todo proceso de paz debe construirse junto a las víctimas de la violencia y ofrecer caminos de reinserción para los victimarios.
Conclusiones
En las conclusiones se destacó que el gran reto es imaginar y reconstruir el Estado que México necesita para recuperar la paz, a partir de acuerdos que regulen la vida institucional y garanticen condiciones de vida digna para todas las personas.
Este segundo encuentro dejó tres claves fundamentales:
– El Estado somos todas y todos, y la paz exige acuerdos colectivos desde lo local, esto implica la conversión de quienes lucran con la violencia y quienes permanecen indiferentes ante ella.
– Es urgente construir un sistema social que integre a las juventudes hoy excluidas y vulnerables, y ahí es importante escucharlos y construir junto con ellos.
– No será posible una nueva convivencia sin atender y sanar la herida de las personas desaparecidas y acompañar de manera prioritaria a las víctimas de la violencia.
El encuentro concluyó con la lectura de un manifiesto (Ver pag. 9 de esta edición), en el que se afirmó que el camino hacia la paz pasa por refundar la comunidad desde la escucha, el reconocimiento y el compromiso, abrir horizontes de esperanza para las juventudes y caminar del lado de las víctimas, teniendo como eje transversal la cultura del cuidado.
“Deseamos ser esa generación que puso las bases para recuperar la paz”, dijo al cierre del encuentro el P. Jorge Atilano González Candia, director ejecutivo del Diálogo Nacional por la
Paz en México.
Ana Paula Hernández, coordinadora del Diálogo Nacional por la Paz dijo que “salimos hoy aquí decididos a no apartar la mirada, a dejarnos tocar por el dolor, a ser esa esperanza organizada que hoy reclama cada uno de sus territorios”.
“La invitación es a contarnos, a contagiarnos, a multiplicarnos, porque ya somos miles, pero necesitamos ser millones para transformar este país”, concluyó.
Para saber…
Las metodologías de construcción de paz sistematizadas por este movimiento serán entregadas al gobierno federal, a los gobiernos estatales y a los gobiernos municipales del país aportando con ellas caminos para construcción de la paz desde programas probados en la atención de las violencias. Se entregaron a los 9 alcaldes presentes en el Diálogo Nacional por la Paz.

































































