Paulina Ruiz
La Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe fue sede de la Misa de Unción de los Enfermos que se celebró como preludio al Triduo Pascual, el pasado 31 de marzo, presidida por el Obispo Don José Guadalupe y concelebrada por el padre Eduardo Hayen.
Durante la celebración, decenas de fieles con diversos padecimientos y adultos mayores recibieron el sacramento de la unción, uniendo sus sufrimientos a la Pasión de Cristo en este martes santo. 
Consagrados para ser luz
En la homilía, el obispo recordó a los presentes que la dignidad de hijos de Dios no se pierde con la enfermedad ni con el paso de los años. Al contrario, señaló que la consagración recibida desde el Bautismo se hace presente con mayor fuerza en los momentos de fragilidad.
“Antes de que nacieras, Dios te consagró. Y por eso, aun en los momentos difíciles como es la enfermedad, el peso de los años, los achaques o las preocupaciones, también ahí podemos ser luz y dar testimonio de esa consagración”, expresó el obispo.
Subrayó que el enfermo no está solo, y que el salmo del día, “en ti, Señor, pongo mi esperanza”, debe ser el motor que dé fortaleza para sobrellevar la enfermedad con paciencia.

Unirse en la Pasión de Cristo
Don José Guadalupe explicó que realizar este sacramento en el marco de la Semana Santa tiene un significado teológico muy profundo: es la oportunidad del fiel de subir a la cruz junto a Jesús.
“Ahí está la ofrenda, ahí está mi fe: ‘estoy enfermo, pongo mi enfermedad en tus manos, me uno a ti, Jesús’, dijo el obispo.

Salud de Cuerpo y Alma
Posteriormente se procedió al rito de la unción. Invocando las palabras del apóstol Santiago, el obispo y el padre Hayen impusieron las manos y ungieron con el óleo sagrado a los hermanos enfermos.
El obispo recordó la promesa bíblica de que la oración hecha con fe no solo busca la salud del cuerpo, sino el perdón de los pecados y el consuelo del espíritu.
“Sánanos, Señor. Queremos vivir. Danos la fuerza, la paciencia y la fortaleza para vivir esta enfermedad… y dame tu gracia para estar preparado para lo que quieras, Señor, si me llamas a tu encuentro”, oró el obispo en nombre de toda la asamblea.
La celebración concluyó con un mensaje de aliento para los enfermos que siguieron la transmisión desde sus hogares, recordándoles que son parte del “rebaño que Jesús pastorea con especial amor”, especialmente en medio del sufrimiento físico.
































































