Paulina Ruiz
Con la celebración de la Santa Eucaristía, el Seminario Conciliar dio inicio al Triduo Pascual el pasado 2 de abril, el tiempo más importante del año litúrgico donde los fieles conmemoran la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. La misa fue presidida por el padre Jesús Manríquez, rector, quien destacó la vigencia de este memorial con el que se recuerda la donación del Cuerpo y Sangre de Cristo en la Eucaristía.
Un gesto de servicio
Uno de los momentos más significativos de la celebración fue el rito del lavatorio de pies. El padre Manríquez recordó a los presentes que este acto es mucho más que una tradición; es una poderosa representación de la humildad y el amor incondicional que Jesús tuvo hacia sus discípulos.

“Es un principio de amor por parte de Jesús”, destacó el sacerdote, enfatizando que este gesto invita al cristiano a dejar de lado la autosuficiencia. “A veces, en el cargar nuestros pecados, queremos hacerlo con nuestras propias fuerzas… pero Cristo es quien lleva la mayor parte en este esfuerzo de cargar nuestros errores”, continuó el padre.
Adoración eucarística
Al finalizar la misa, los fieles se trasladaron al Monumento que se instaló para la Adoración Eucarística con el Santísimo Sacramento expuesto, como es costumbre en Jueves Santo. Este espacio de silencio y oración fue concebido con la intención de propiciar un acercamiento íntimo con Dios en estos días santos, marcados por una intensa carga espiritual.
El padre Jesús invitó a los asistentes a vivir esta jornada no como un trámite, sino como una oportunidad para abrir el corazón: “si quieres vivir esta vida feliz, atrévete, deja que Dios toque tu corazón y sea él quien cargue tus angustias, tus tristezas y tu soledad”.
Un tiempo de reflexión y entrega
La intención de esta jornada fue preparar a los fieles para el resto de los días santos, exhortándolos a mantenerse en un estado de reflexión profunda. El padre rector señaló que, alimentados por el cuerpo de Cristo, los creyentes están llamados a vivir purificados, entendiendo que el amor y el servicio son el regalo más grande que Dios ha dejado a la humanidad.
La comunidad de concluyó el encuentro con la disposición de continuar el camino hacia el Viernes Santo y la alegría de la Resurrección, recordando que, en la fragilidad de la vida, el encuentro verdadero con Cristo es lo que da sentido a la existencia cristiana.

































































