Ana María Ibarra
Con la esperanza de participar en el triunfo de Jesús sobre la muerte, la comunidad diocesana se congregó en el templo de Nuestra Señora de Guadalupe, Catedral, para participar de la noche más grande de las noches, la Vigilia Pascual.
Monseñor J. Guadalupe Torres Campos presidió la Eucaristía y estuvo acompañado de los padres de Catedral: el párroco, Eduardo Hayen Cuarón, y los vicarios Daniel Samaniego y Arturo Martínez, este último encargado de la liturgia.
Convocada a conmemorar la Pascua del Señor, la comunidad se dispuso a participar de la celebración más importante para la Iglesia.
En la oscuridad de la noche, el bracero ardía ante la vista de los asistentes. Hasta él llegó el obispo J. Guadalupe Torres Campos para bendecir el fuego nuevo y encender el Cirio Pascual.
En un primer momento, el obispo signó el Cirio Pascual y pronunció las oraciones específicas mientras trazó la cruz con el alfa y la omega, e incrustó los cinco granos de incienso, recordando las llagas de Cristo.
El obispo bendijo el fuego nuevo y encendió con él el Cirio Pascual, siendo el diácono Alonso Martínez quien llevó el Cirio al presbiterio del templo y en el trayecto por el pasillo central, la luz se fue compartiendo con los fieles.

El padre diácono Alonso fue el encargado de entonar el Pregón Pascual y enseguida se continuó con la proclamación de los textos del Antiguo Testamento: la narración de la Creación, en el Génesis; la libertad del pueblo, en el Éxodo; y los Salmos del profeta Isaías.
Concluida esta primera parte de la liturgia de la Palabra, el obispo entonó el Gloria y el encendido de luces y el repicar de campanas fueron anunciaron la alegría de la Buena Noticia: Jesús ha Resucitado.
La liturgia continuó con las narraciones del Nuevo Testamento y fue el diácono Alonso quien le anunció a monseñor Torres el Aleluya, siendo el mismo diácono quien proclamó el evangelio.

En su homilía, el obispo Torres Campos hizo un recuento del Triduo Pascual que precede a la Pascua.
“En estos días hemos reflexionado sobre nuestra condición de pueblo. Por la misa Crismal, reconocimos que somos un pueblo sacerdotal. La cena del Señor, nos indica que somos un pueblo eucarístico; es la eucaristía Sacramento de amor y de vida. En esta Vigilia contemplamos y reflexionamos a la luz de Cristo Resucitado que somos un pueblo vivo, de la Nueva Alianza. Hemos renacido, hemos vuelto a la vida”, expresó el obispo.
Monseñor Torres hizo una breve reflexión sobre los signos hermosos de la Vigilia que, dijo, mueven el espíritu.
“El fuego nuevo, es Cristo luz del mundo. Somos un pueblo al que se nos comunica la luz de Cristo Resucitado, un pueblo que recibe y da la luz de Cristo. En esta noche Santa participamos en su triunfo sobre la muerte. Esta es la noche, la vigilia de vigilias, noche tan hermosa, Noche Santa”, expresó.
Y añadió: “Esta noche hermosa Jesús sale a nuestro encuentro, nos da su luz y su gracia, nos manifiesta su amor. Somos una Iglesia enviada, que anuncia a Jesús”.

Después de la homilía, el obispo bendijo el agua y el pueblo, con sus cirios encendidos, hizo la renovación de su compromiso bautismal.
El obispo, los sacerdotes y el diácono, caminaron por los pasillos del templo para hacer la aspersión de agua bendita sobre los fieles.
La celebración concluyo en la alegría del Resucitado.


































































