Dios quiere que prosperemos

Comenzamos nueva serie apoyados por el Movimiento María Mediadora, que comparte con nuestros lectores parte del material de su Seminario de restauración económica que enseña a los fieles a manejar el dinero en su justa dimensión: Dios en el corazón y el dinero en la bolsa.

1.La fe es una fuente de gran riqueza
Cita bíblica: 1 Tim 6,6-8
La riqueza y el agradecimiento de tener a Dios:
Cuando emprendemos nuestro caminar con Dios, el Espíritu Santo viene a transformar nuestra manera de ver la vida; ya no ponemos como centro la satisfacción material y los deseos desmedidos, ahora vemos la vida bajo una óptica cristiana: con sentido de trascendencia y con interés por lo realmente importante. San Pablo le recomendó a su amigo Timoteo vivir de acuerdo con la voluntad de Dios y manejar con cordura el recordar las obras maravillosas de Dios en todo momento: «Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios» (Sal 103,2).
El Señor no limita nuestros sueños de salir adelante en las diversas áreas de nuestra vida, tampoco nos llama a vivir en la mediocridad o en el conformismo ¡No! Él desea cumplir nuestros anhelos más profundos, veamos:

Sal 37,4-5
Ama al Señor con ternura, y él cumplirá tus deseos más profundos. Pon tu vida en las manos del Señor; confía en él, y él vendrá en tu ayuda.
El Señor quiere que alcancemos las metas y los grandes sueños que hay en nuestro corazón, pues Él mismo los ha sembrado, por eso nos capacita para que desarrollemos al máximo nuestro potencial; no obstante, nos llama a valorar sus misericordias diarias, puesto que muchos cristianos se acostumbran a sus regalos (poder caminar, ver, oír, trabajar, pensar, entre otros) y vuelven «ordinarias las bendiciones extraordinarias».
Debemos mantener una actitud de agradecimiento al Señor, esta es la puerta de entrada para recibir más de sus bondades; el Señor confiará más al que en su corazón le agradece más.
Tenemos más motivos para agradecer que para quejarnos delante del Señor. ¡Cambiemos de actitud!

Libres de apegos materiales
San Pablo continúa diciendo que nada hemos traído a este mundo y nada podemos llevarnos, realidad que debemos tener en cuenta a la hora de administrar correctamente todo lo que tenemos en esta vida terrenal; las bendiciones materiales y económicas que hemos podido disfrutar en este mundo no pueden obnubilarnos mentalmente, las cosas terrenales llegan a su final.
Cuando una persona no está afirmada en el Señor tiene fuertes temores, por eso tiende a atesorar sin límites para sentir más seguridad, eso es un gran problema. Esta desviación del corazón se soluciona por medio de la fe y dependencia absoluta a la obra del Señor, allí se dispersa toda inseguridad y viene una profunda sanación en el alma. Cuando permitimos que la obra del Espíritu Santo trascienda y nos acogemos a la voluntad de Dios, salen todos los afanes de este mundo.
Leer Mt 6,31-34
Dios conoce nuestras necesidades, sabe que requerimos alimentación, vivienda, vestido,
trabajo, entre otros recursos, y nos llama a confiar en su provisión; Jesús conoce nuestras dudas y
nos eso temores, por exhorta sabiamente diciéndonos: «Los que no conocen a Dios se preocupan por estas cosas». Cuando tenemos como principal objetivo la búsqueda del Reino de Dios nunca nos faltará la provisión abundante, pues el Señor quiere que gocemos de sus beneficios. Utilicemos correctamente todo lo material, no permitamos que nuestro corazón encuentre su
seguridad en el dinero, el cual nos respalda en algunas situaciones, pero no en todoas. Jesús desea que nuestro corazón esté cimentado en El a través de la confianza y que reconozcamos como bendición todo lo que tenemos para suplir nuestras necesidades.
El apóstol no está diciendo: “con que tengan que comer y con qué vestirse es suficiente, no pidaan más”, él no nos muestra hasta dónde podemos pedir, lo que hace es darle orden a nuestro corazón para que valoremos lo más importante; la satisfacci®on a la que nos invita san Pablo es a la tranquilidad, confianza y agradecimiento al ver que nuestro Padre nos da todo lo necesario.

Aplicación práctica
Escribe una oración de alabanza con tus propias palabras en la que reconozcas las riquezas abundantes que has recibido durante tu vida.
- La raíz de todos los males
Cita bíblica: 1 Tim 6,9-10
El espejismo del mundo engaña el corazón
La Iglesia nos ha enseñado que uno de los grandes enemigos del cristiano es el «mundo» con sus múltiples propuestas: el deseo de admiración, la vanidad, la fama y el poder; el interés por sobresalir, sin importar las consecuencias que los otros puedan sufrir; entre otras propuestas que de manera sutil- terminan separando al ser humano del plan de Dios para su vida. Pablo extiende a todos los cristianos una advertencia relacionada con el peligro que hay cuando se busca la riqueza de este mundo de manera desmedida, perdiendo el objetivo más importante de esta vida que es seguir a Jesús para alcanzar la vida eterna.
Otro de los enemigos del hombre es el diablo, quien trata de engañar el corazón a través de múltiples propuestas, ofreciendo supuesta tranquilidad y seguridad en la vida; por ejemplo: una persona que ha sido humillada por su falta de recursos y tenga la herida latente en su corazón puede plantearse la meta de conseguir riquezas para no volver a ser rechazada, hace de las riquezas una seguridad para minimizar la herida. Asimismo, encontramos muchos ejemplos de personas que por sus heridas y tristezas- buscan satisfacciones en lo pasajero y descuidan lo eterno, por eso Jesús nos invita a trascender y a no poner la seguridad en los tesoros de esta tierra.
Leer Mt 6,19
El corazón del ser humano debe ser purificado y moldeado intensamente por el Espíritu Santo para alcanzar la plenitud y la verdadera libertad que ofrece Dios; en las heridas y temores que hay en el corazón se encuentra el anhelo desmedido por las riquezas, allí se arraigan los ídolos y necesidades más profundas. No es en vano que el autor del libro de Proverbios nos advierte sobre la importancia de cuidar el corazón: «Primero que nada, vigila tu corazón, porque en él está la fuente de la vida.» (Prov 4,23), y no solamente es cuidarlo de las relaciones afectivas que puedan lastimarlo, sino también de la avaricia y los malos deseos que le dan lugar a un ídolo: el dinero, el cual somete a las personas a la esclavitud.
El amor al dinero
La Palabra de Dios advierte que cuando el corazón humano no es gobernado por Dios se comporta de manera engañosa (Jer 17,9), apegándose a las cosas más efímeras y mentirosas; al mismo tiempo señala que cuando no se tiene al Señor como centro es posible colocar fácilmente ídolos en el lugar que sólo le corresponde a Él, entre ellos está el dinero. San Pablo expresa algo significativo: no es el dinero en sí lo que hace daño, es el amor al dinero lo que destruye al hombre. Cuando se ama el dinero por encima de Dios, cuando se da un mejor lugar a la finca, al carro, a la casa o las propiedades, en ese momento nos hacemos esclavos del «dios dinero».
Uno de los pecados en los que somos más propensos a caer es en la codicia, el cual se manifiesta en el afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas. De este pecado han resultado terribles guerras, asesinatos, tráfico de armas, trata de personas, la destrucción del medio ambiente y los crímenes más abominables, entre una lista sin fin. La ambición enfermiza es la que ha llevado a esta humanidad a permanecer entre cadenas, llorando en medio de la esclavitud; por esto, el apóstol nos advierte de manera imperativa sobre la facilidad con la que el corazón. humano puede verse sometido a la idolatría más terrible, rindiendo la vida al dios riqueza; Jesús lo expresa de la siguiente manera:
Leer Mt 6,24
Dios ha prometido en múltiples pasajes de las Escrituras que cuando confiamos en Él nos da
provisión abundante, pero tristemente muchas personas han puesto más su confianza en el dinero que en el Señor. Cuando logramos identificar que en nuestro interior hay una lucha entre creer en la provisión que viene de Dios y confiar en lo que tenemos en el bolsillo, reconocemos el llamado a dejar de servir a dos amos, así como lo expresó Jesús.
Ahora, lo más importante es identificar que nuestro corazón tiende a endiosar el dinero y a depender de él, por eso debemos trascender a una experiencia de fe donde pongamos la confianza sólo en la provisión de Dios. Necesitamos orar con las promesas que Dios puso en su Palabra para que el Espíritu Santo nos convenza de la realidad de su presencia en nuestra vida, así tendremos la certeza de su dirección y dependeremos mucho más del Señor.
Leer Sal 37,25-28
- Donde está tu riqueza, está tu corazón
Cita bíblica Mt 6,19-21
¿Dónde está tu corazón?
En otros momentos hemos estudiado sobre el tema de los ídolos, pero es importante que recordemos lo que son y el daño que causan en la vida de los hijos de Dios: «Un ídolo es todo aquello que ponemos en nuestro corazón por encima del Señor, el único digno de adoración. En muchas ocasiones hemos optado por desplazar al Señor del lugar que le corresponde y por entregarle ese lugar a una serie de personas o cosas que terminan coronados como el centro de nuestra existencia».
La idolatría es tomar ese ídolo y rendirle la adoración que solamente se le puede rendir al Señor, este pecado trajo graves consecuencias al pueblo de Israel, pues lo llevó a sus peores momentos de exilio y esclavitud; cuando el pueblo de Israel olvidaba el pacto que había hecho con Dios a través de Moisés y le daba a otros dioses el lugar que le correspondía a Yavé, inmediatamente sufrían las consecuencias de miseria y ruina. Lo sufrido por el pueblo de Dios es el reflejo de lo que experimentamos cuando abandonamos la voluntad del Señor, en este caso, cambiándolo por ídolos como el dinero, el dios poder, el dios placer, el dios tener, entre otros dioses que contaminan nuestro corazón.
Dios desea tomar el control de nuestra vida -para llevarnos a la santidad- y ocupar el trono de nuestro corazón, pero este trono ha sido profanado al darle lugar a dioses falsos o ídolos que nos someten a esclavitud. Jesús, en el Evangelio de Mateo, hace una revelación maravillosa: cuando el corazón se deja encantar por la avaricia pone todas sus fuerzas en proteger aquellos tesoros que la sacian, haciendo del dinero un fin y no un medio; por eso terminamos profanando el lugar santísimo, el aposento del Espíritu Santo en nuestro interior. El Señor aborrece el pecado de idolatría porque es como un espejismo que nos engaña y desvía del conocimiento del verdadero Dios que nos ama hasta el extremo y quiere llevarnos a la plenitud de vida.
Cuando los conquistadores europeos llegaron a enfrentar algunas tribus de las américas intentaron pelear contra ellos, pero no pudieron vencerlos; al ver esto, ingeniosamente se dieron cuenta que, al cambiar amistosamente espejos, cofres, vestidos, collares y demás objetos de poco valor, los aborígenes americanos les devolverían oro y piedras preciosas, de esta manera lograron conquistarlos. Lo mismo hace el enemigo, nos vislumbra con ídolos como el dinero y las posesiones materiales para que quitemos nuestros ojos de Aquel que es más valioso que todo el dinero y las posesiones juntas, y terminemos entregando nuestra alma a la esclavitud y a la condenación eterna.
El Evangelio que estamos meditando nos habla de dos sitios donde podemos acumular nuestras riquezas: aquí en la tierra -donde corremos el riesgo de que sean robadas, degradadas por las condiciones ambientales o destruidas por la naturaleza -o en el cielo donde no existen estos peligros-; debemos decidir entre poner el corazón en las riquezas celestiales dadas por Jesús -por medio del Espíritu Santo- o poner el corazón en una cuenta bancaria, por eso el Señor expresa el siguiente detalle: «Porque donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón» (Mt 6,21).
¿Cómo deben usarse las riquezas?
Es bueno comenzar estas líneas de reflexión sobre el uso de las riquezas respondiendo con sinceridad los siguientes interrogantes: ¿Alguna vez hemos soñado con ser ricos? ¿Hemos querido tener mejores ingresos económicos para dar más comodidad y mejor formación escolar a nuestros hijos? ¿Hemos soñado con viajar y conocer las maravillas de este mundo? ¿Hemos soñado con tener una casa propia con unas condiciones especiales de acuerdo a nuestros gustos? La mayoría de las personas responderían estas preguntas de manera afirmativa, puesto que hemos soñado con mejores condiciones de vida, tras entender que el dinero se ha constituido en un elemento importante para vivir.
De acuerdo a lo que hemos estudiado hasta este momento debemos tener claro que no son los bienes materiales o las riquezas de este mundo las que nos hacen daño, es nuestro corazón el que tiene esta debilidad de apegarse a ellos y se olvida de lo que es realmente importante: la vida eterna en el cielo y la experiencia del Reino de Dios sobre la tierra. En ningún pasaje del Antiguo Testamento se condena el tener abundancia de bienes y riquezas, lo que se condena es el uso que cada persona hace de ellos.
El Señor nos bendice abundantemente para que no pasemos necesidades ni apuros y para que bendigamos la vida de los más necesitados. En el libro del Deuteronomio el Señor da una indicación que es eje fundamental para que las riquezas y bendiciones materiales que han llegado por misericordia de Dios a nuestra vida- sean fuente de bendición y prosperidad para todos.
Lee Dt 15,9-11
La clave es dar de buena gana a nuestros hermanos, sin permitir que a nuestro corazón llegue la
avaricia, codicia o tacañería. El Señor nos bendecirá en todo lo hagamos como consecuencia de la ayuda a estos necesitados, es un mandato del Señor abrir la mano a nuestro hermano para
ayudarle.

































































