Ana María Ibarra
El Viernes Santo la Iglesia Diocesana vivió un día de duelo, ayuno y abstinencia. Jesús fue muerto y sepultado y, en espera de su resurrección, los fieles participaron de las celebraciones litúrgicas y los momentos de piedad.
Tal fue el caso de la comunidad parroquial de Dios Padre, que se congregó en el templo parroquial para vivir la Pasión del Señor y después salir a las calles en la marcha del silencio.
Adoración de la Cruz
En silencio y recogimiento, el único día en que la Iglesia no celebra la Eucaristía, la comunidad de esta parroquia ubicada en el poneinte de la cciudad partiocipó en la liturgia en cabezada por el párroco, padre Juan Carlos López, quien ingresó en silencio y, acompañado del diácono Diego Carreón, se postró rostro en tierra para hacer reverencia ante la cruz, mientras que el pueblo lo acompañó arrodillado.
Esta celebración constó de tres momentos. La liturgia de la Palabra, la adoración de la Santa Cruz y la Sagrada Comunión.
En la primera parte, el padre Juan Carlos dirigió su homilía resaltando que, al mirar a Jesús crucificado, se debe aprender que en el momento de la prueba es cuando hay que confiar en el Padre.
“Es el momento del sacrificio donde podemos comprender que lo único que nos sostiene es Dios. Esa expresión de Jesús: Padre, en tus manos en comiendo mi espíritu, no es una palabra de derrota, sino que es donde Jesús mismo nos dice que en ese momento difícil no hay otra cosa que hacer más que abandonarnos al Padre, porque Él nos ama y nos salva”, expresó.
El sacerdote señaló que todo cristiano debe sentirse motivado a agradecer a Dios por cuánto nos ama. Asimismo, invitó a mirar a Jesús y adorar la cruz porque en la cruz, el mundo ha sido salvado.
“Que también nosotros en los momentos de prueba y dificultad podamos abandonarnos en Dios. Que celebrar la Pasión y adorar la cruz haga crecer en el corazón de cada uno de nosotros la confianza y el amor hacia Dios”.
Después de la Oración de fieles, se dio paso a la adoración de la Cruz, siendo el diácono Diego quien entonó en tres ocasiones, el cántico invitando a la adoración de la Cruz mientras que el padre Juan Carlos descubrió el madero.
El padre diácono y el padre Juan Carlos adoraron la cruz, seguidos de catequistas de la comunidad, dejando para el final la adoración del resto de los fieles.
Para el tercer momento de la celebración, la Comunión, se vistió el altar. Al concluir, nuevamente fue descubierto.
Finalizada la celebración, los fieles adoraron en silencio la Cruz para luego retirarse.

Marcha del silencio
Por la tarde, la comunidad se reunió nuevamente para participar en la Marcha de silencio, un momento de piedad cuyo sentido es acompañar a María Santísima de camino al sepulcro de su hijo Jesucristo, para después acompañarla con la oración y darle el pésame.
“Venimos a unirnos al dolor de María Santísima como madre de Jesucristo. La característica de esta procesión, como el nombre lo dice, es el silencio. Esta es nuestra manera de hacer oración en esta tarde. Los invito a que hagamos el esfuerzo de ir en silencio lo que dura la procesión y respetemos el orden”, pidió el padre Juan Carlos.
Los fieles caminaron detrás de María como acompañantes en el dolor.
“Ella camina adelante como la dolorosa que nos sostiene también a nosotros en nuestras tristezas”, dijo el párroco para dar paso a la procesión.
Fue así como más de 300 personas caminaron por las calles del sector parroquial, llamando la atención de los vecinos, quienes salían para santiguarse o, incluso, unirse a la procesión.
Al regresar al templo, en el mismo estado de recogimiento se dio el pésame a la Virgen con el rezo de los Siete Dolores de María.
Para concluir, ofrecieron unas pequeñas velas que los fieles encendieron y colocaron en torno a la imagen de la Virgen Dolorosa.


































































