Paulina Ruiz
En un emotivo encuentro que unió la fe con el compromiso ambiental, la parroquia Nuestra Señora de la Consolidación celebró una misa especial el pasado miércoles 22 de abril dedicada a la Custodia de la Creación. En el marco del Día Mundial de la Tierra, la comunidad parroquial se reunió no solo para orar, sino para reconocer acciones concretas en favor de la Casa Común. 
Llamado a la acción inmediata
Durante la homilía, el padre Manuel Bañuelos, párroco, recordó que la Creación es un desbordamiento del amor de Dios hacia el hombre. Sin embargo, lanzó un mensaje de urgencia sobre el estado actual del medio ambiente, recordando con nostalgia cómo han cambiado los climas de la región.
“Yo cuando era chavito disfrute las nevadas actuales que empezaban a partir de noviembre y terminaban hasta febrero. Por eso les digo: hay que hacer algo. Que las futuras generaciones nos den luz para cuidar nuestra casa”, expresó el sacerdote.
Haciendo un llamado a la acción práctica, el padre Manuel exhortó a los fieles a no conformarse con buenas intenciones: “hagamos un propósito: busquemos la manera de sembrar un arbolito. Es algo sencillo pero muy importante, porque así participamos de la vida y de la Creación que Dios empezó”.

Guardianes de la tierra
Tras la homilía, la parroquia entregó reconocimientos a un nutrido grupo de niños del Catecismo y a miembros de la comunidad que han destacado por su conciencia ambiental. Entre los galardonados se encontraban pequeños como Natalie Campa, Joshua Hernández y los hermanitos Gaitán, así como reconocimientos especiales a ciudadanos que, aunque no asisten frecuentemente al templo, han dedicado décadas al cuidado de los árboles el sector.
Destacaron las menciones a Amparo Gonzáles Niño, José Antonio Pacheco Puentes y Demetrio Rafael Rivera Granados, por su inestimable ayuda en la reforestación y mantenimiento de áreas verdes de la zona.
El documento entregado por el Equipo Levadura de la parroquia rezaba: “Cuidar este arbolito es cuidar nuestra casa común. La tierra nos da todo y tú le devuelves la vida”.
El momento del ofertorio fue especialmente simbólico, junto al pan y el vino, se presentaron ante el altar elementos que recordaron la fragilidad y belleza de la naturaleza: la tierra, como suelo que pisamos y lugar de germinación; el agua, símbolo de purificación y compromiso de riego constante; la semilla, representando el potencial de vida que debe ser protegido y el sol, fuente de energía y motor de la fotosíntesis que recarga la Creación.

Entregan reconocimiento
Hacia el final de la celebración, la comunidad sorprendió al padre Manuel entregándole un reconocimiento por su liderazgo en el programa de Ecología Integral.
María Fidelia Luna, coordinadora de la Dimensión Diocesana para el Cuidado Integral de la Creación, destacó la sensibilidad del párroco para motivar a vecinos y servidores a “colaborar en acciones que ayuden a sanar nuestro planeta enfermo”. De su iniciativa nació el equipo “Levadura”, que hoy funge como motor de conciencia ambiental dentro de la diócesis.
La celebración concluyó con un renovado compromiso de la comunidad por dejar un espacio de vida y naturaleza a las futuras generaciones, bajo la premisa de que ser cristiano implica, hoy más que nunca, ser un protector del entorno.



































































