Ana María Ibarra
Con una misa y sus nombres escritos en cartulinas, se recordó a los cuarenta migrantes fallecidos en el incendio ocurrido en Instituto Nacional de Migración (INM) hace tres años.

La misa se realizó el pasado viernes 27 de marzo en la Catedral, presidida por don J. Guadalupe Torres Campos, obispo de Ciudad Juárez y concelebrada por los sacerdotes Francisco Bueno, director de Casa del Migrante; Guillermo Mortón, de la Misión Columbana; y Eduardo Hayen, párroco de Catedral.
La celebración, a la que asistieron algunos migrantes, se vivió no desde la desesperanza, sino mirando a María que permanece de pie junto a la cruz y cuyo dolor no se vuelve silencio estéril, sino entrega y esperanza.
“Así también nosotros, unidos a ella, presentamos al Señor el sufrimiento de tantos migrantes, sabiendo que ninguna lágrima se pierde ante sus ojos y que Él transforma el dolor en vida nueva”, se leyó en la monición de entrada.
El obispo Torres Campos, dio la bienvenidos a los asistentes a la celebración e invitó a pedir en la eucaristía por la paz y la justicia para los hermanos migrantes.
“Venimos a recordar a los 40 migrantes que murieron tristemente hace tres años y en estos 40 hermanos todos los migrantes que han perdido su vida en su caminar, en su peregrinar, no solamente en México. Pedimos a Dios la paz y la justicia para todos, nos conceda un corazón generoso para servir y atender a nuestros hermanos migrantes, refugiados y retornados”, expresó el obispo.

Tres años, 40 vidas
En su homilía, el obispo mencionó que, así como a Jesús quisieron apedrearlo, actualmente existen otras piedras para atacar a los migrantes.
“Hoy hay otro tipo de piedras: el odio, la injusticia, la maldad el desprecio la indiferencia. Seamos como Jesús, la piedra viva para dar vida y acoger a los hermanos desprotegidos, en este caso, los migrantes, con un corazón dispuesto a recibirlos con amor”, dijo el obispo.
Monseñor Torres señaló que al cumplirse tres años del lamentable suceso en el que cuarenta hermanos migrantes murieron, no se puede permanecer indiferentes y olvidar.
“Hoy este suceso nos sigue cuestionando, interpretando. ¿Qué hemos hecho por el migrante? ¿Qué hemos dejado de hacer? Esta situación lamentable sucedió, sigue retumbando en Ciudad Juárez y nos llama a una conversión”, expresó.
Y añadió: “Como Iglesia, como sociedad, como instancia de gobierno, debemos cuestionarnos sobre qué estamos haciendo y qué podemos cambiar en pro de todos, especialmente del migrante. Hay mucho por hacer, cada uno desde su estancia. No perdamos la fe”.

































































