Paulina Ruiz
Con el sonar de los cantos y el agitar de las palmas, parroquias de la Diócesis de Ciudad Juárez comenzaron la celebración de la Semana Santa el Domingo 29 de marzo, Domingo de Ramos 2026.

En Catedral, madre de todas las iglesias, el obispo don J. Guadalupe Torres Campos bendijo ramos a las 7.30 de la mañana y se dispuso a comenzar la celebración con la cual la Iglesia Universal se adentra en la conmemoración del tiempo más importante para los católicos en el mundo.

En la diócesis
La comunidad de la Parroquia Nuestra Señora del Refugio vivió esta celebración encabezada por su párroco el padre Juan Manuel Sánchez, MNM, quien encabezó la solemne procesión en la que se recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, marcando el preámbulo de los misterios de su Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.

Durante la procesión, la comunidad caminó cantando, resaltando así el contraste entre la humildad de Cristo y el poder terrenal. En su reflexión, el párroco subrayó que Jesús no entró montado como los grandes guerreros o emperadores, sino sobre un “pollino”, como el Rey de Reyes que viene a servir.

“No es un simple ramo, no es un simple palo, es el signo de la fe, de la esperanza en Jesucristo. Al llevarlo a casa, debemos colocarlo en un lugar digno para recordar que nosotros también participamos de la alegría y la esperanza de un cambio nuevo cada día”, expresó el párroco tras bendecir las palmas.

La Pasión y el camino a la Victoria
Tras la lectura de la Pasión de Cristo según San Mateo, la atmósfera de triunfo se transformó en una de profunda contemplación. En su homilía, el sacerdote recordó que este domingo tiene una doble vertiente: el gozo del “Hosana” y el dolor del sacrificio voluntario de Cristo.

“El Señor ha resucitado del sepulcro porque la muerte no tiene ningún poder. Nosotros estaremos unidos en Cristo, y la muerte tampoco tendrá un día de dominio para nosotros, porque en él también nosotros venceremos”, enfatizó el sacerdote, animando a la comunidad ante la crudeza del relato de la crucifixión.
Un llamado a la esperanza
El párroco invitó a los fieles a no quedarse únicamente en la tristeza del rechazo y la condena que sufrió Jesús, sino a mirar hacia el tercer día. Señaló que, aunque el “hosanna” de este día se convertirá pronto en dolor, la meta final es el “Aleluya” de la Pascua.
“Que el dolor y la tristeza se conviertan también en la alegría de la vida y de la esperanza para todos y cada uno de nosotros”, mencionó.
Así, la comunidad de Nuestra Señora del Refugio entró de lleno a la Semana Santa y el Triduo Pascual, invitando a todos los vecinos del sector a participar en los oficios de los días santos para renovar su fe y compromiso cristiano.


































































