Ana María Ibarra
Un día dedicado a Jesús vivieron miles de fieles en el retiro de sanación “Aférrate a Jesús 2026” que contó con la predicación y oración de los padres Pedro Núñez y Ricardo López; los laicos Lupita Aguilar y Alfredo Pablo; así como del arzobispo auxiliar de Denver, monseñor Jorge Rodríguez.

Fue el sábado 21 de marzo cuando miles de fieles abarrotaron el Gimnasio de Bachilleres para vivir un encuentro con Dios, aferrados a su amor y a su poder sanador.
Durante el día, los asistentes escucharon y recibieron las oraciones de los predicadores, quienes se enfocaron en mostrar el deseo de Jesús por sanar a quienes confían en Él y lo reciben en su corazón.
El arzobispo auxiliar de Denver, monseñor Jorge Rodríguez, nacido en Mérida, Yucatán y con estudios en España e Italia predicó el tema “Déjate tocar por Jesús”.
El obispo, quien aún siendo sacerdote llegó a Estados Unidos en el año 2000, resaltó el hecho de que los asistentes hayan decidido dedicar un día completo a encontrarse con Jesús.
“¡Qué bonita expresión: Aférrate! Aferrarse es agarrarse, no soltarte, mantenerte con fuerza. Lo más grande es que es agarrarse con toda el alma de Jesús. Mantenerse anclados a Jesús”, expresó el obispo.
La predicación estuvo dirigida a reflexionar sobre la mano divina de Jesús, de la cual, dijo el obispo, la humanidad se agarra fuertemente y recibe el poder sanador.
“Este es un retiro de sanación, eso implica que aquí hay gente que está enferma y podemos estar enfermos en el cuerpo, en la mente, sentir dolor, estar esclavizados por adicciones, también podemos estar enfermos en el alma con las heridas del corazón, la desesperación, los odios, los rencores, la tristeza de haber pecado, de no saber amar y necesitamos ser sanados”, abundó para corroborar que todas esas realidades arrojan a los brazos de Jesús.

Monseñor Rodríguez reflexionó sobre el uso que Jesús da a sus manos en el evangelio.
“Las usa para bendecir, para acariciar, para agarrar con fuerza. La mano fuerte de Jesús capaz de sostener a Pedro cuando se hunde en el agua. Lo saca de su propio miedo y de la desesperación. La mejor medicina es la confianza total en Dios”, aseguró.
Puso otros ejemplos sobre la mano sanadora de Jesús: cuando cura a la suegra de Pedro, a quien toma de la mano y la sana de sus enfermedades y cuando sana las heridas más repugnantes, como la lepra.
“Jesús, judío practicante, toca a un rechazado. Así toca las heridas más repugnantes que tenemos, las heridas del pecado. Nos sana con el perdón en el confesionario. El pecado es la lepra del alma. Jesús usa sus manos para sanar a los ciegos. Quiere sanar de nuestras cegueras. Es también una mano tierna sobre los niños”, expuso.
Dijo que la sanación más grande que Jesús quiere dejar a su pueblo es la vida eterna, la felicidad total. Y para ello, dijo hay que confiar en Él.
“El amor que Jesús te tiene es infinito y eterno. Nunca es indiferente a lo que nos pasa; nos concede lo que necesitamos antes de que se lo pidamos. El hospital donde Él sana es en la Iglesia. Aférrate a Jesús, es tu ancla, es tu medicina, es tu salvador, porque si hay alguien que puede y quiere curarte es Jesús de Nazaret”, concluyó.


































































