Ana María Ibarra
En agosto la Iglesia Católica celebra a los catequistas. Específicamente el día 21 de agosto está designado como Día del Catequista, en honor al Papa Pío X, quien es considerado su santo patrono debido a que durante su pontificado, impulsó fuertemente la catequesis.
Así, en este mes se busca reconocer y agradecer la labor de quienes dedican su tiempo a la enseñanza de la fe cristiana a niños, jóvenes y adultos.
Con este motivo, Presencia comparte el testimonio de Julio César Delhumeau Esparza, joven de 27 años quien a pesar de haber perdido la vista, ha respondido al llamado que todo bautizado tiene: catequizar y evangelizar.
El joven maestro de fe ha trabajado ya con jóvenes y en el próximo ciclo lo hará con niños. 
Riqueza de la Iglesia
El testimonio de Julio César recuerda las palabras del papa Francisco, quien en el Día Internacional de Personas con Discapacidad 2020 señaló que cada bautizado está llamado a ser discípulo misionero, aun aquellos con alguna discapacidad.
En aquel día, el papa Fracisco expresó: “La presencia de personas con discapacidad entre los catequistas, según sus propias capacidades, representa un recurso para la comunidad. Su participación activa en la catequesis es una riqueza para la vida de toda la parroquia”.
Ante esto, Julio reconoció que su labor, al igual que la de todo católico, es llevar la Palabra, misión que realiza con gusto.
“Me integré como catequista porque me pidieron ayuda. Me acerqué a ayudar y seguí adelante en este servicio. Siempre hay algo que se puede enseñar, y aprender, acerca de Dios. Los catequistas, al tener que prepararse, aprenden, y los catecumenos siempre tienen ganas de aprender sobre Dios, especialmente los niños”, expresó.
Totalmente ciego
Julio, quien se dijo “calmado y deseoso de empezar” el próximo ciclo de catequesis, nació con glaucoma congénita, padecimiento que provocó sesibilidad en sus ojos y los médicos advirtieron que poco a poco perdería la vista.
A los trece años de edad, Julio quedó totalmente ciego.
“Un día, en un campamento de verano, por un desprendimiento de retina me di cuenta de que ya no podía ver. Siempre me advirtieron que eso pasaría, así que el duelo no fue tan largo. Fuera del shock inicial, lo acepté muy rápido”, compartió Julio.
El adolescente no tuvo dificultad en adaptarse a su nueva vida, pues tanto él como su familia se habían preparado previamente para ese momento.
“Pasé un año estudiando braile, también la movilidad con el bastón y el uso de la computadora con el programa lectores de texto. Lo demás fue continuar y aprender de manera autónoma”, explicó.

Maestro de éxito
El haberse preparado le facilitó continuar con su vida.
“Tengo licenciatura en Administración Pública y Ciencias Políticas. Soy profesor de braile por honorarios en la UACJ para personas de todo tipo de edades, aunque me han tocado alumnos de la misma universidad de diferentes carreras como psicología, enfermería y educación”, mencionó.
Añadió que tiene como alumnos a ingenieros que están desarrollando software, así como una persona que está haciendo una tesis doctoral en braile y otro más que realiza el proyecto de una maquina para traducir el braile al castellano regular.
“Me alegra decir que siempre he tenido buenos alumnos, con disponibilidad de aprender”, dijo.
Añadió que en cierto momento intentó realizar curso de braile en su parroquia, pero no hubo suficiente respuesta, sin embargo no descarta volver a intentarlo.
Catequista disponible
Dado que su familia es cercana a la Iglesia Católica, a los siete año Julio hizo su primera Comunión y continuó en el grupo de perseverancia por un año. Después, estuvo intermitente en el grupo y asistiendo a misa los domingos.
Hace cuatro años, Julio se integró a la parroquia como asistente de catequistas ya que ingresó un niño que era parcialmente ciego y le pidieron ayuda para atenderlo.
“Necesitaban ayuda para que fuera su interprete de braile. Más que nada para asegurarse de que el niño estaba cumpliendo con sus tareas. Me invitaron a ayudar y vine”, dijo satisfecho.
Al concluir ese servicio y al estar confirmado, Julio se integró como coordinador de confirmaciones.
“Era temista. Se me dio muy bien hablar frente a la gente, supongo que porque no los tenía que ver a la cara. Se me da muy bien hablar de cualquier tema. Si de un día para otro me pedían dar un tema, solo les pedía los puntos a tratar y lo armaba. Se me facilita retener la información y tengo facilidad de palabra”, señaló.
Con la tenología, Julio ha logrado preparar sus temas, ya que cuenta con un lector de pantalla y está inscrito en canales de apologética en Youtube.
“Tomo mis notas en braile y las utilizo como referencia al momento de dar los temas”, compartió.

Poner dones al servicio
Después de esa etapa de coordinador de Confirmaciones, Julio decidió integrarse a la catequesis familiar de la parroquia.
“Primero, fue por mi edad. Soy cinco años más grande que el joven mayor de Confirmaciones. Por eso decidí integrarme a la catequesis”, mencionó.
Aunque en este momento Julio no sabe si llegará algún niño con discapacidad visual al curso de catequesis, él siempre está preparado para recibirlo ya que en esta labor la única dificultad es el transporte.
“Me gusta ayudar y siempre estoy dispuesto a dar cursos de braile o bien ofrecer asistencia a algún muchacho ciego. Si alguna otra parroquia tiene esa necesidad, puedo ayudarles”, afirmó.
Para finalizar, Julio motivó a las personas que tengan alguna discapacidad a que hagan el intento de ayudar en su parroquia, pues, dijo, siempre habrá quien necesite ayuda en la comunidad.
“No hay impedimento para ayudar a otros, especialmente en la catequesis, siempre hay dones y talentos que se pueden poner al servicio de la comunidad. No hay pretexto para no evangelizar, sí se puede, es algo que vale la pena”, concluyó.

































































