Ana María Ibarra
Elegir entre estar postrada en una cama enferma o levantarse a tomar la vida que Dios le ofrecía, fue una decisión que Minerva tuvo que tomar para encontrar su paz interior y seguir viviendo.
Aunque no fue fácil, la entrevistada, cuyo nombre verdadero queda en reserva, optó por el diálogo y hoy vive tranquila después de experimentar la paz que el perdón ha traído a su corazón.
Este testimonio ilustra buena parte del mensaje que el papa León XIV envió con motivo de la Jornada Mundial de la Paz.

El declive
Sentirse desechada como esposa y ver como su matrimonio iba en declive llevó a Minerva a la depresión. Aunado a esto, la angustia de ver a su hijo envuelto en las adicciones, se convirtió en una agonía real. Su situación emocional se reflejó en síntomas físicos que la postraron en una cama.
“De unos años para acá dejé de sentirme valorada por mi marido, dejó de atenderme en todos los aspectos, era frustrante sentirme desechada como mujer y como esposa. Al mismo tiempo, mi hijo cayó en las adicciones. Esas situaciones me sobrepasaron”, compartió Minerva.
Al escuchar de su médico que físicamente se encontraba sana, Minerva quedó desconcertada, pues sentía muchos malestares físicos, incluso poco a poco sus piernas iban perdiendo fuerza.
“Casi no podía caminar. El doctor me había dicho que físicamente no estaba enferma, que necesitaba buscar como manejar mis emociones. Todo era por estrés y por las situaciones familiares que vivía”, expresó.
Encontrar paz
Al ser una mujer de fe, Minerva acudía a una parroquia, donde se dio cuenta que había un Centro de Escucha. A la vez, una servidora se dio cuenta de su situación y la invitó a acercarse.
“Llegué al Centro de Escucha con dificultades para caminar. Comencé a hablar de todo lo que tenía guardado y la persona que estaba en escucha me ayudó a entender mi situación. Me invitó a seguir en el proceso y cada vez que iba me hacía más consciente de lo que vivía en ese momento”, señaló.
La entrevistada añadió que, además del apoyo de la persona de escucha, fue canalizada con un psicólogo y una tanatóloga, además, su médico la envío con un psiquiatra.
“Mis enfermedades eran por ansiedad y depresión. Los problemas en mi hogar me generaban demasiado estrés. El médico no podía sanarme, solo adormecía mis síntomas con el medicamento. Con el proceso que inicié comencé a sentir paz. Era una paz espiritual, una paz interior, esa paz que se busca afuera y que no se encuentra”, afirmó.
El proceso terapéutico fue complementado con oración y la Eucaristía, fue cuando Minerva reconoció que Dios estaba con ella.
“Me di cuenta que estaba tan enfocada en mi esposo y en mi hijo, que me perdí de vista. Con el proceso, aprendí a buscar a la paz que Dios me quiere dar y a recibirla. Aprendí a tener proyectos personales, a buscar solución en mi vida, poniéndome en primer lugar”, dijo.

Soluciones
La paz que Minerva experimentó, la llevó a hablar con su esposo, sin reclamos, sin enojos, sin ocasionar un enfrentamiento con él, solamente expresando su sentir y decidida a poner límites.
“No me gusta pelear ni discutir, no me gusta la violencia. Hablé con mi esposo sobre la situación, lo hice tranquila. Después de ir al Centro de Escucha y con el psiquiatra supe que tenía que poner límites. No hemos llegado al divorcio, pero si está en mis planes. Vivimos juntos, aunque separados, sé que no es sano, pero esto es un proceso que pasaré con Dios a mi lado”, afirmó.
En el caso de su hijo, de 27 años, Minerva habló con él para pedirle que, si no busca ayuda para sus adicciones, tendrá que dejar su hogar, pues en este momento ella se encuentra priorizando su salud.
Fue así que Minerva eligió vivir sana, consciente de su valor, sabiendo que Dios está a su lado y que sin él nada se puede lograr.
“Puse distancia entre mi esposo y yo, y de igual manera con mi hijo para poder sanar. Pensaba al principio que era egoísmo, pero no es así, tenía que sanar física, emocional y espiritualmente. Tenía que elegir entre estar postrada en una cama enferma o levantarme a tomar la vida que Dios me ofrecía”, mencionó.
Compartir paz
Al ver a Minerva hablar de manera pacífica, su marido y su hijo respondieron también de manera tranquila.
“No soy una persona de escándalos ni de violencia. Soy una persona de oración y es Dios quien me va llevando a tomar decisiones sin hacer daño. Me perdoné a mi misma y los perdoné a ellos”, dijo.
La paz interior que Minerva experimenta, hoy la comparte hacia el exterior en los distintos ámbitos de su vida personal y laboral.
“Me ha ayudado este proceso a entender a las personas con las que interactúo en el trabajo. He aprendido a escucharlas, a compartir lo que me ha funcionado para sanar, a motivarlos a que busquen su paz. Puedo compartir con los demás que venía de una enfermedad, de un bullicio que no me dejaba vivir, porque todo dentro de mi era mucho ruido y hoy siento paz”, resaltó.
Experiencia infinita
Consciente de que siempre habrán situaciones y conflictos en la vida, está convencida de que también la paz y el perdón pueden ser experiencias infinitas.
“Ante cualquier cosa que pase, mi esperanza está puesta en Dios y todo lo que suceda será como Dios quiera, no como yo lo idealice. Es simplemente confiar en la voluntad de Dios. No tengo la vida perfecta, pero las experiencias que he pasado me ayudan a transmitir mi paz a los demás”, sentenció.
En este momento, en que ha dejado todo en manos de Dios, Minerva sigue pidiendo por su esposo, no para que regrese la relación de pareja, sino por su salud y su conversión. En cuanto a su hijo, la entrevistada pide para que lleguen las personas que lo ayuden a salir de su adicción y que él tenga la fuerza para salir de esa situación.
“Es una lucha de todos los días y esta misma paz se puede estar firme en la esperanza y la fe en Dios, mi paz está en no crear conflictos con ellos, vivimos en la misma casa pero no hago problemas, sino soluciones. Busco llevar la relación lo más decente posible, moralmente hablando, para que si estas relaciones terminan, sea de la mejor manera.
De la casa a la sociedad
Minerva está convencida de que esta situación enfrentada dentro de un hogar, se puede realizar a niveles más amplios.
“Como personas podemos llevar una vida de paz, pidiendo ayuda lo logramos. Como dice el Señor, si tocamos la puerta se nos abrirá. El Señor nos enseña a perdonar. Si la gente está pasando por situaciones complicadas hay que buscar la ayuda de Dios. Podemos perdonar, podemos dar paz y seguir caminando”, expresó.
Y añadió: “El perdón y la paz que se vive en un hogar, puede generar paz en la comunidad, en la ciudad, en el mundo, incluso. A veces nos sentimos limitados humanamente, pero poniendo todo en manos de Dios, se puede lograr”.
Minerva sigue en su proceso y ahora se integró al Centro de Escucha para apoyar a otras personas.
“Si el Señor me permite ver a mi esposo y a mi hijo con su vida resuelta, en paz y cerca de Dios, viviré agradecida”.

































































