Mons. Ramón Castro Castro/Presidente CEM
Hoy volvemos la mirada al corazón de nuestra vida cristiana. ¿Cuál? La familia. Es allí, en medio de alegrías y desafíos, donde el reino de Cristo está llamado a florecer en primer lugar.
No como un reinado de imposición, sino como un reinado de amor que transforma. La Iglesia llama a la familia Iglesia Doméstica. Esto significa que la fe no se vive solo en el templo, sino en casa, en lo cotidiano.
Padres, madres, abuelos e hijos Somos protagonistas del anuncio del Evangelio con gestos sencillos, incluso en medio de nuestras imperfecciones. Seamos realistas. La vida familiar no es fácil.
En México muchas familias enfrentan heridas profundas, migración forzada, violencia, adicciones, ausencia de oportunidades. Hay hogares marcados por el silencio, el cansancio, la separación. Y es precisamente ahí donde resuena la llamada a la conversión permanente.
Jesús llama siempre a la conversión. Ser cristiano no es un punto de llegada, sino un camino continuo que comienza en la familia, en casa. No debemos avergonzarnos de nuestras caídas.
La vergüenza que paraliza no viene de Dios. Su gracia levanta, sana y reconstruye, especialmente en los hogares y familias heridos. Cuando Cristo reina en la familia, su amor se expande.
El bien que nace en la intimidad del hogar no se queda encerrado. Se convierte en testimonio para la comunidad y para la sociedad. Las familias de los santos no fueron perfectas, fueron familias perseverantes.
Pensemos en Santa Mónica, madre incansable que nunca dejó de orar por su hijo, Agustín. Hoy también hay muchas Mónicas en México, madres que oran por hijos atrapados en la violencia, padres que no pierden la esperanza. Su amor cotidiano construye el reino.
La santidad familiar se vive en lo concreto. Por ejemplo, pedir perdón, compartir cargas, rezar juntos, servir a otros. No hace falta ir lejos para ser misioneros.
Nuestra casa, nuestro barrio, nuestra comunidad son tierra de misión. Que nuestras familias, aún heridas y cansadas, sean luz y esperanza. Que vivan el Evangelio con autenticidad y alegría.
Venga a nosotros tu Reino.






























































