La alegría de la Resurrección no se puede vivir sin antes haber pasado por la cruz y morir al pecado. Así lo muestran estos testimonios de familias que llegan a la Pascua 2025 como fieles testigos del Resucitado

Ana María Ibarra
Después de haber sido rescatado de las adicciones y de experimentar una vida plena con un matrimonio y una familia llena de amor, Sergio sintió que tocó el infierno a causa de sucesos dolorosos ocasionados por la bipolaridad de su esposa, llenándose de sentimientos negativos.
Sin embargo, fue gracias a sus hijos como Sergio volvió a experimentar la paz que solo Jesús Resucitado puede dar.
Sacado de las drogas
Hijo de padres divorciados, criado por su madre, Sergio Carrillo reconoció que faltó tiempo para ser guiado.
“Mi mamita hasta el día de hoy dice que para nada necesité a mi padre. Fui creciendo con eso, pero me di cuenta de que era muy importante tanto la mamá como el papá. Hubo muchas carencias económicas, pero también de atención y amor”, reconoció Sergio.
Conforme fue creciendo, esas carencias llevaron a Sergio a experimentar con drogas hasta que fue sacado de ese mundo por quien ahora es la madre de sus hijos.
“Me dedicó el tiempo que necesitaba. Hubo cambios muy bonitos en mi vida, dejé las drogas y empecé una nueva vida, me casé por el civil y por la Iglesia. Hicimos una familia bonita, nunca me falló y nunca le fallé, pero entró una enfermedad que se llama bipolaridad y fue algo muy duró que detonó en divorcio”, compartió.
A la cárcel
Ante el diagnóstico de su esposa, la vida familiar comenzó a dañarse, pues ella comenzó a entrar en crisis, más no aceptó su enfermedad y no se medicó.
“Estuve casado por 21 años. Esa enfermedad fue la etapa más difícil de mi vida. Fueron momentos muy difíciles. Prácticamente estaba solo atendiendo la casa y a mis hijos, porque ella a veces no se levantaba. Fue duro ver que se iba apagando el amor y tantas cosas bonitas, su sonrisa se fue, nos golpeaba, dormíamos encerrados bajo llave por miedo a que nos hiciera algo peor”, relató Sergio.
El trastorno de la mujer la llevó a denunciar a Sergio en tres ocasiones por violencia familiar cayendo él en el CERESO el mismo número de veces.
“La más cruel fue cuando me denunció por violación. Me sacaron de mi casa como un vil delincuente”, recordó con un nudo en la garganta.
En unos minutos Sergio se quedó sin esposa, sin hijos, sin hogar, e incluso sin negocio, y eso generó rencor hacia ella ocasionando faltas de respeto y graves pleitos entre ellos.
Sergio recordó que antes de la audiencia de su última ocasión en el CERESO, despertó de madrugada y comenzó a orar, sintiendo que sus oraciones habían sido escuchadas y eso le generó esperanza.
“El CERESO es un infierno. En la audiencia ella cayó en contradicciones y el fallo fue a mi favor. Ella metió la demanda de divorcio. Mis hijos se quedaron con ella”, señaló Sergio.
Familia rota
Sus hijos huyeron de la casa materna y se refugiaron con su padre, sin embargo, el daño interior en los tres, no les permitió vivir como una familia sana, además Sergio volvió a beber alcohol.
“Tanto la mamá como yo los agarramos de réferis, los involucramos en un problema que no les correspondía. Ellos resintieron todo eso y llegaron a casa con rebeldía, con rencor, con muchas preguntas y empezaron los reclamos. El alcohol me encerró y descuidé a mis hijos, dejamos de hacer cosas juntos”, mencionó.
Resucitados en Lazos de Amor
Fueron sus hijos quienes se acercaron primero al retiro que organiza Lazos de Amor Mariano y ellos mismos buscaron la manera en que su padre también lo viviera.
“Titubee para decir sí a ese retiro que cambió mi vida. No me sentía preparado ni con la disponibilidad de vivirlo ni de darle cabida a Dios en mi vida. Tenía tiempo para todo, pero no le daba tiempo a mi salvación”, reconoció.
Sergio recibió la invitación de parte de un misionero, dejando de lado la invitación, sin embargo, su hija ya le había pagado su lugar en el retiro.
En esa experiencia, compartió Sergio, tuvo un encuentro, primeramente, consigo mismo y con Dios, ahora continúa en formación experimentando el gozo de la Resurrección en su vida.
“Fue un encuentro muy hermoso, necesitaba ese retiro, ese gozo que una vez sentí y había perdido. Estoy agradecido porque Dios me dio otra oportunidad de vivir. A raíz de ese retiro hay armonía en casa, respeto, empatía, volví a escuchar a mis hijos que dejé de hacerlo. Ahora estoy sacando a mis hijos adelante, venimos al grupo los viernes, y está Dios en nuestro hogar”, concluyó.
Vivieron su propia Pascua al resucitar su matrimonio
Gael y Mayela experimentaron su propia Pascua al ver resucitar su matrimonio después de haber atravesado una agonía dolorosa que los hizo sentir que todo había terminado para su familia.

Vida de pecado
Con una vida cercana a Dios y procurando seguir sus responsabilidades como bautizados, Gael y Mayela se convirtieron en padres de su primer hijo siendo muy jóvenes, procreando después otros dos hijos.
A los 18 años de una vida familiar estable, algo en la relación no estaba bien.
“Estuve a punto de perderlo todo, esposa, hijos, hasta mi vida, todo por caer en la tentación y en el pecado, pero Dios me mostró su misericordia y perdón y me regresó todo. Ahí me di cuenta de su grandeza y que siempre ha estado conmigo y mi familia”, expresó Gael.
La tentación a la que Gael se refirió fue a otra mujer. Su amor y su fe se encontraban débiles y comenzó una vida de engaño sosteniendo relaciones extramaritales que, a pesar del placer que pudiera sentir, algo en su interior no encontraba paz ni alegría.
“Ahí estaba, escondiéndome, mintiendo y pecando. Mis hijos tuvieron su confirmación y como padres tuvimos un retiro, en ese momento me hice consciente de la situación y me confesé. Le pedí a Dios que me ayudara con eso, pero seguí en el pecado, aunque también le seguía pidiendo que me ayudara”, recordó.
El entrevistado admitió que Dios le habló de muchas maneras para que cambiara su situación de pecado, sin embargo, su voluntad era débil.
“Estuve a punto de perder la vida a causa de una intoxicación con alimentos. Tuve un encuentro muy personal con Dios y le pedí me diera una segunda oportunidad. Dios me concedió la vida, pero aun así seguí pecando, con todo el remordimiento de conciencia, y seguía pidiéndole a Dios”, refirió.
Lección definitiva
Para ese entonces, Mayela ya sospechaba y le pidió a Gael ir a un encuentro de matrimonios, en ese momento él aceptó el llamado de Dios para servirle.
“No fue ahí donde me convertí, porque seguía con esa relación, aunque muy esporádicamente y con miedo. Seguía muerto en el pecado hasta que mi esposa descubrió mi infidelidad. Fue entonces cuando todo se vino abajo”, compartió.
Gael sabía que perdería todo, pero también se dio cuenta que esa fue la manera en la que Dios le daba su más grande lección.
“Me sentía morir, pero aceptaba las consecuencias de mis actos. Para mi sorpresa, mi esposa me dio la más grande prueba del perdón de Dios”, afirmó.
Mayela, a pesar de su dolor al saberse engañada, sabía que Dios estaba con ellos y así como estaba convencida de la misericordia y del perdón de Dios, decidió perdonar a su esposo.
“Ella me perdonó y fue ahí donde tuve mi conversión. Dios me había regresado todo, ahora dedico mi vida y mi servicio a Dios y a mi familia”.
Vida nueva en el Resucitado
Si bien para Mayela no ha sido fácil y el tema sigue siendo incómodo y doloroso, el testimonio de conversión de su marido es motivo de agradecimiento, pues su matrimonio y su familia experimentaron la vida nueva que da Jesús Resucitado.
“Gracias a Dios servimos como pareja en nuestra parroquia agarrados del amor de Dios con ese hilo de tres, y estamos muy agradecido con Dios por la comunidad que nos dio. Para nuestra conversión y reconciliación, nuestros pastores de pequeña comunidad y nuestros compañeros nos ayudaron muchísimo en esa etapa”, dijeron.
Gael y Mayela, siguen una vida marital normal, con problemas y saben que afuera sigue habiendo tentaciones, pero hoy es diferente su relación.
“Hay más comunicación y con Dios en nuestro corazón, ningún problema es imposible de solucionar. Dios es todo poderoso y él nos tiene un plan que a veces no entendemos. Dios obra de forma misteriosa. Deseamos que nuestros hijos vean esa conversión y atiendan también el llamado de Dios”, concluyó Gael.

































































