Diana Adriano
Con un sentido de comunidad, cientos de estudiantes, docentes y personal del Colegio Teresiano participaron en la Peregrinación Teresiana 2026, realizada el pasado mes de febrero, en el marco de la fiesta de San Enrique de Ossó y de la celebración por los 150 años de fundación de la Compañía de Santa Teresa de Jesús.
El contingente salió del Estadio 20 de Noviembre, donde los estudiantes se reunieron portando pancartas, cantos y mensajes de fe para comenzar su peregrinar, y desde ahí recorrieron la Avenida 16 de Septiembre, en un trayecto lleno de entusiasmo y espíritu teresiano.
La caminata culminó en la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe, donde a las 11:00 de la mañana se celebró la Eucaristía.
A la entrada del templo, el párroco de Catedral, Eduardo Hayen, recibió a los estudiantes y maestros, bendiciéndolos con agua bendita como signo de acogida y preparación espiritual para la celebración.

Setenta años
La misa fue presidida por el obispo de la diócesis, José Guadalupe Torres Campos, quien invitó a los jóvenes a vivir con profundidad el carisma teresiano y a seguir conociendo y amando a Jesucristo, tal como lo enseñó su fundador.
Durante la peregrinación también se recordó un momento significativo para la comunidad educativa: los 70 años del Colegio Teresiano en la frontera, siete décadas dedicadas a la formación integral de generaciones de estudiantes, sembrando valores, fe y compromiso social en la comunidad juarense.

En el mensaje se destacó que la fiesta de San Enrique de Ossó marca el inicio de un camino de gratitud y memoria por el carisma que Dios inspiró al fundador y que hoy sigue vivo en cada integrante de la familia teresiana.
“Celebramos juntos el regalo de un carisma que Enrique acogió y que hoy continúa latiendo en cada persona que forma parte de esta gran familia”, se escuchó.

Volver al corazón
Los presentes recordaron que en distintos lugares donde está presente la comunidad teresiana, la celebración se vivió con creatividad, símbolos y cantos que reflejan unidad, gratitud y sentido de pertenencia.
Como parte del espíritu jubilar, también se destacó el significado de la peregrinación como un signo de camino y búsqueda compartida.

“Un jubileo no es solo una fecha; es una invitación a volver al corazón, a la raíz, y a hacer memoria agradecida de nuestra historia”, se escuchó en la reflexión.
La jornada concluyó con un ambiente de esperanza y compromiso renovado. Los participantes dieron gracias por los 150 años de la congregación, por las hermanas que han dedicado su vida a esta misión educativa y evangelizadora, y por el llamado que continúa vigente: conocer y amar a Jesús, y hacerlo conocer y amar en el mundo.

































































