Mons. J. Guadalupe Torres Campos/Obispo de Ciudad Juárez
Les saludo con mucho amor de padre y pastor. Deseo se encuentren bien en esta semana. Seguimos en la Pascua del Señor, celebrando a Cristo resucitado. Que el gozo, la alegría del tiempo Pascual crezca y que en este tiempo de la victoria de Cristo crezcamos en la fe, en la caridad, en la esperanza.
Hoy, domingo cuarto de Pascua, pero, además, domingo del buen pastor, Jesús nos dice de sí mismo, ‘yo soy la luz del mundo, yo soy la sal de la tierra’. Pero hay dos aspectos muy importantes que el Evangelio de san Juan nos presenta: a Jesús el buen pastor, y utiliza la figura de la puerta. ‘Yo soy la puerta de las ovejas’. Entendamos las expresiones:
En aquel tiempo había una especie de redil de aprisco, donde las personas resguardaban sus rebaños. Y hay una puerta, un acceso importante. Comienza diciendo el Evangelio de San Juan ‘Jesús se dirigió a los fariseos, diciéndoles, yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, si no por otro lado, es un ladrón’.
El ladrón entra por la pared, por el techo, a escondidas, que nadie lo vea. Es un ladrón. Pero el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas.
Sabemos de esa hermosísima figura del pastor, Jesús cargando con la oveja. Entonces Jesús, el buen pastor, es la puerta y él abre la puerta, él abre su corazón para que nosotros, las ovejas, el rebaño, ingresemos al redil. Cristo es el buen pastor, nos conoce como el buen pastor conoce a sus ovejas, Él nos alimenta.
Estaremos escuchando en estos días, ‘yo soy el pan de la vida’. Quien me come, tendrá vida en abundancia, vida eterna. El Señor nos guía, va caminando con nosotros, va adelante para que nosotros lo sigamos, conocemos su voz como las ovejas conocen la voz del pastor.
Y como el ladrón es un desconocido, viene a robar, a matar, a confundir, el texto nos advierte estar atentos.
Entonces, pongámonos alerta, identifiquemos cuáles serían esos ladrones, que pueden ser personas, puedo ser yo mismo, no sé, o pueden ser ideologías, o pueden ser situaciones, objetos, en fin, los ladrones. Sepamos quiénes son para cuidarnos, valga la expresión, pero, sobre todo, enfocar nuestra mirada y nuestro corazón en Cristo, el buen pastor.
Dice el texto que los fariseos no entendieron. A veces nosotros tampoco entendemos, entonces hay que pedir la gracia, la luz, para entender su Palabra, acogerla y vivirla.
Jesús, en el evangelio añadió: ‘les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas’ y aquí te invito a reflexionar queridos hermanos: ¿Identifico, creo, por una parte, que Jesús es el buen pastor, y que Jesús es la puerta, y que me invita a entrar por Él? Él me abre la puerta, me abre su corazón, su vida para entrar con Él, ser parte de Él.
Si yo soy un ladrón, o me dejo engañar por ladrones, y no sigo a Jesús, me cierro a Jesús, me voy a perder, no va a tener vida, y menos vida en abundancia. Esto también en relación con el Salmo de este domingo, hermosísimo, clásico, lo conocemos, lo cantamos todos, el Señor es mi pastor, nada me falta…creo en Él, lo acepto, soy dócil a su Palabra.
Fortalezcamos esta relación íntima entre Cristo, buen pastor, y nosotros, como rebaño en comunión, como ovejas con Jesús.
Por otra parte quiero aprovechar este domingo del Buen Pastor, que es la Jornada de Oración por las vocaciones y Día del Seminario, para recordar que la colecta se hace a favor del Seminario.
El llamado vocacional es universal, cultivemos nuestra vocación, pero también hay vocaciones específicas y una de ellas es el sacerdocio. Para nosotros es importante orar y trabajar por las vocaciones al sacerdocio, y hoy de manera especial colaborar con nuestro Seminario.
Agradezco su generosidad porque hoy se hace una gran colecta para continuar la formación de nuestros seminaristas, espero hayamos ido o seamos muy generosos en solidaridad con el Seminario.
La bendición de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo permanezca siempre con ustedes. Un abrazo, cuídense mucho, Dios bendiga.
































































