Los habitantes de la frontera entre México y los Estados Unidos han aprendido, a lo largo de generaciones, una verdad ineludible: los conflictos geopolíticos y las agendas de los gobiernos federales terminan por imponerse sobre sus territorios, pero son los habitantes locales quienes deben soportar las consecuencias. Ante las divisiones impuestas desde las capitales, la comunidad fronteriza se ve obligada a encontrar soluciones por sí misma para seguir adelante. Están destinados a vivir juntos y comparten una realidad donde los problemas —pero también los lazos de sangre y cultura— no se detienen ante una línea divisoria. Por esta razón, los esfuerzos históricos de ayuda mutua deben ser recordados y celebrados; son estos actos de solidaridad los que han forjado una verdadera comunidad binacional. El Monumento a Cristo Rey es, precisamente, el símbolo de esa resistencia compartida.
Contexto: Persecución en México y Refugio en El Paso (1920 – 1937)
Para comprender las raíces del monumento, es necesario remontarse a las dolorosas heridas de la persecución religiosa en México. Durante la década de 1920, el Bajío mexicano vivió los años más cruentos de la Guerra Cristera. El choque entre la Iglesia y el Estado alcanzó un punto crítico el 30 de enero de 1928, cuando el gobierno federal, mediante una avioneta militar comandada por el general Joaquín Amaro, bombardeó y destruyó el primer monumento a Cristo Rey en el Cerro del Cubilete, cerca de Silao, Guanajuato.
La violencia y la intolerancia no terminaron ahí. Durante una segunda ola de persecución religiosa registrada en el estado de Chihuahua durante la década de 1930, las libertades de los cultos locales volvieron a ser sofocadas. Ante el cierre de templos y el asedio en territorio mexicano, miles de católicos de Chihuahua cruzaban la frontera para ser atendidos espiritualmente por la Iglesia en El Paso, Texas. La comunidad paseña se convirtió en un santuario vivo para sus hermanos mexicanos.
Fue en medio de este flujo de dolor y apoyo mutuo, en 1933, cuando el Padre Lourdes F. Costa, párroco de la Iglesia San José de Cristo Rey en la comunidad obrera de Smeltertown en El Paso, miró por la ventana trasera de su residencia. Al contemplar la silueta de la montaña, entonces llamada Cerro de los Muleros, concibió una idea monumental: levantar un Cristo Rey en la cima como un símbolo de esperanza inquebrantable para México y para los habitantes fronterizos. Sería un faro de fe que los gobiernos no podrían apagar.
Respuesta Comunitaria: Primer Paso (1933 – 1934)
Sin saber a quién pertenecía legalmente la montaña o si estaba ubicada en Texas, Nuevo México o México, el Padre Costa y otros dieciséis creyentes locales hicieron un arduo viaje de exploración el 28 de octubre de 1933. Al día siguiente, el sacerdote compartió su visión con la congregación. La respuesta de los fronterizos fue inmediata y solidaria: se comprometieron a levantar una cruz temporal de madera y a ofrecer voluntariamente su tiempo y esfuerzo para acondicionar el terreno.

El proyecto avanzó gracias a la organización local:
El 31 de octubre de 1933: El Padre Costa presentó la idea al Obispo A.J. Schuler de El Paso, quien otorgó su total aprobación.
La Adquisición: Al confirmarse que el área se encontraba en Sunland Park, la Diócesis de El Paso compró casi 200 acres al Comisionado de Tierras de Nuevo México.
El esfuerzo físico de la comunidad dio su primer fruto en vísperas de la Cuaresma, el 13 de febrero de 1934. Desafiando pendientes sumamente peligrosas y cargando los materiales sobre sus propios hombros, un grupo de hombres colocó la primera cruz de madera de doce pies de alto, la cual fue bendecida por el Padre Costa al atardecer.
Cinco Años de Esfuerzo Colectivo
Fieles a la promesa de reemplazar la madera por un monumento permanente, los estudiantes de la Escuela Vocacional Smelter comenzaron a fabricar una robusta cruz de hierro. Mientras tanto, la comunidad entera —hombres, mujeres, niños, granjeros y rancheros de la región— se volcó a la montaña. Durante casi cinco años, trabajaron arduamente no menos de tres veces por semana. Con el uso de dinamita y herramientas manuales, cientos de personas tallaron un sinuoso camino de dos millas y media para hacer accesible la cumbre.
Este excelente sendero, documentado por las crónicas de la época serpentea a lo largo de 5,650 pies por la falda de la montaña. A lo largo del trayecto, los fieles erigieron 14 pequeñas cruces de madera turquesa y grabados que representan las 14 estaciones del Vía Crucis, diseñadas para que los peregrinos experimentaran el mismo sentido de reverencia y sacrificio al ascender. Tras construir la base, la cruz de hierro fue subida en una segunda procesión durante el Domingo de Ramos y bendecida formalmente el 25 de marzo de 1934.

Para consolidar el carácter sagrado del sitio, el Padre Costa gestionó ante la División de Geografía el cambio de nombre del Cerro de los Muleros o Rodadero Peak. El sitio pasó a llamarse formalmente Sierra de Cristo Rey. Geográficamente, la cumbre se eleva a 4,576 pies sobre el nivel del mar (841 pies más alta que El Paso) y se localiza exactamente a unos 1,300 pies al norte de la línea fronteriza internacional.
Obra Maestra de Urbici Soler (1937 – 1939)
El 31 de agosto de 1937, el proyecto tomó una dimensión artística mundial. El Padre Costa propuso al obispo Schuler encargar la escultura definitiva a su buen amigo, el artista español Urbici Soler, quien se encontraba en la Ciudad de México. Tras recibir el patrocinio de la diócesis y donaciones del pueblo —incluyendo aportaciones que llegaron desde el interior de México—, Soler llegó a El Paso el 4 de octubre de 1937. Su modelo conceptual en arcilla fue aprobado el 7 de diciembre de ese mismo año.
El 1 de abril de 1938, Soler viajó a Austin, Texas, para seleccionar personalmente casi cuarenta toneladas de la piedra caliza más fina de sus canteras. Él mismo cortó y dio forma a los bloques antes de enviarlos a El Paso en septiembre, momento en que comenzó el trabajo definitivo en la cumbre.
La construcción avanzó con precisión titánica:
La Base: De 14 pies de ancho por 10 de alto, fue diseñada para albergar placas conmemorativas de Talavera con los nombres de los contribuyentes locales, vendidas a $25.00 cada una para financiar la obra. Se completó el 15 de mayo de 1939.
La Estatua: El 24 de mayo de 1939, Soler colocó la primera piedra de la escultura de piedra caliza. Desde ese día, el artista habitó un andamio de las 4:00 AM hasta el ocaso. En la intemperie de la cumbre, Soler soportó el calor sofocante, tormentas de arena e incluso la cercanía de relámpagos, trabajando hasta que sus dedos quedaban entumecidos por el uso de la pistola de aire.

Soler tenía clara la intención humanista de su esfuerzo: «La cara debe ser pacífica. Debe mirar hacia abajo a El Paso con una expresión de paz. Debe irradiar paz en un mundo de guerra y odio».
La imponente imagen de 29 pies estuvo lista para la gran peregrinación del 29 de octubre de 1939. Décadas más tarde, para conmemorar el quincuagésimo aniversario el 29 de octubre de 1989, se construyó la corona de piedra que hoy rodea la base.
Espacio Sagrado Compartido: Tres Estados y Dos Naciones
Al pararse en el altar, bajo la sombra de la estructura, el visitante contempla una panorámica de grandeza inigualable: una extensión que abarca tres estados (Texas, Nuevo México y Chihuahua) y dos naciones (Estados Unidos y México). Mirando al norte, se aprecia el esplendor del Valle del Río Grande, un listón de agua que serpentea por campos agrícolas. Sin embargo, la cumbre también expone las profundas asimetrías de la frontera. Como señala el párroco paseño Monseñor Arturo Bañuelas: «Puedes ver a las personas que tienen agua y a las que no la tienen. El lugar te llama, te desafía».
Mientras El Paso se consolidaba como una de las ciudades más seguras de EE. UU., Ciudad Juárez ha tenido que enfrentar periodos de intensa violencia. A pesar de ello, ambas ciudades se mantienen indisolublemente entrelazadas por el comercio, la cultura y familias que viven con un pie en cada país. En 2016, el Papa Francisco celebró una misa en Juárez a escasos metros del límite internacional; mientras hablaba sobre la crisis humanitaria de la migración, la estatua de Cristo Rey lo custodiaba desde las alturas.
Un Nuevo Frente (2026)
Casi un siglo después de su edificación, la Sierra de Cristo Rey es el escenario de un nuevo conflicto provocado por las agendas de un gobierno federal. La administración de Donald Trump ha interpuesto una demanda civil utilizando leyes de dominio eminente (eminent domain) para confiscar 14 acres de terreno en la base de la montaña, propiedad de la Diócesis Católica de Las Cruces. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) busca utilizar este espacio —a solo 300 yardas de la estatua— para erigir tramos de un muro fronterizo de acero de 30 pies de altura e instalar tecnología de vigilancia electrónica.
La respuesta de la Iglesia y de la comunidad local ha sido de profunda indignación y firme resistencia legal. Los líderes eclesiales defienden que la edificación de una barrera física en este sitio sagrado viola sus derechos constitucionales de libre culto protegidos por la Primera Enmienda, además de agredir la memoria histórica de la región.
Monseñor Bañuelas resume el sentir de una comunidad que se niega a ver su hogar fracturado por decisiones tomadas a miles de kilómetros de distancia: «El muro estará enviando el mensaje equivocado sobre un sitio sagrado. Un muro allí sería un símbolo de hostilidad, en lugar de un símbolo de Fe y Libertad».

































































