Los ancianos son maestros de vida y por ello hay que tratarlos bien…conoce cuál es la esperanza de vida en México y qué nos dice la Biblia sobre los ancianos.
Agencias
El índice de longevidad en México, como en el mundo, ha incrementado conforme pasan los años, debido a diversos factores. Y aunque México es el único país de la OCDE que no ha superado el listón de los 75 años de esperanza de vida, hay cada vez más casos de hombres y mujeres que logran llegar a un siglo de vida.
En México, de acuerdo a reportes del INEGI, para el 2015 la esperanza de vida es de 74.6 años siendo que las mujeres viven en promedio más años que los hombres. Pero aún así, el avance de la esperanza de vida puede considerarse como “mediocre”.
Según un estudio publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), comportamientos perjudiciales para la salud como la mala alimentación o la altísima tasa de obesidad figuran entre las primeras razones que explican la mediocre progresión de la esperanza de vida en México.
Época de fecundidad
La Biblia y la Iglesia por lo general no hablan mucho de la ancianidad como época de descanso, sino que más bien exhortan una y otra vez a que sea época de fecundidad, de maduración, de enseñar y compartir y de oración.
El 23 de mrzo de 1984, el Papa Juan Pablo II, en una audiencia a unos ocho mil ancianos dejó constancia de la preocupación de la Iglesia por los mayores: “No se dejen sorprender por la tentación de la soledad interior. A pesar de la complejidad de sus problemas […], las fuerzas que progresivamente se debilitan, las deficiencias de las organizaciones sociales, los retrasos de la legislación oficial y las incomprensiones de una sociedad egoísta, no están ni deben sentirse al margen de la vida de la Iglesia, o elementos pasivos en un mundo en excesivo movimiento, sino sujetos activos de un periodo humana y espiritualmente fecundo de la existencia humana. Tienen todavía una misión que cumplir”
Lo que enseña la Biblia
En el Antiguo Testamento se considera al anciano sobre todo como un maestro de vida: “Dice la sabiduría a los ancianos: la corona de los ancianos es su rica experiencia, y el temor del Señor, su gloria” (Eclo 25, 7-8).
Además, el anciano es transmisor de la sabiduría de Dios: “¡oh Dios!, hemos oído, nos contaron nuestros padres la obra que tú hiciste en sus días” (Sal 44, 2).
Anunciando la fe a los jóvenes, los ancianos conservan fecundidad. “En la vejez seguiré dando frutos, lozano y frondoso, para proclamar que justo es el Señor, mi Roca, en quien no existe la maldad? (Sal 92, 15-16).
La Biblia anima a escuchar a los ancianos: “No desprecies las sentencias de los ancianos” (Eclo 8, 11), “pregunta a tu padre, y te enseñará; a tus ancianos, y te dirán” (Dt 32, 7).
La Biblia enseña también a atender a las personas mayores. “Hijo, acoge a tu padre en su ancianidad, y no le des pesares en su vida. Si llega a perder la razón, muéstrate con él indulgente y no le afrentes porque estés tú en plenitud de fuerza” (Eclo 3, 14-15).
Las enseñanzas
Los ancianos representan, desde el punto de vista bíblico, al menos 7 enseñanzas positivas si se saben vivir desde la sabiduría de la Palabra de Dios. Una religiosa de las Hijas de la Caridad ha seleccionado tales enseñanzas.
1) Hay que respetar al anciano (Lv 19,32)
“Ponte en pie ante las canas, […] y honra a tu Dios?”, leemos en Levítico 19. “Honra a tu padre y a tu madre” (Dt 5,16) es una exhortación potente. Eclesiástico (Eclo 3, 1-16) es contundente: ”Quien desampara a su padre es un blasfemo, un maldito del Señor quien maltrata a su madre”.
2) Los ancianos nos enlazan al pasado:
El Salmo 44 afirma: “Nuestros antepasados nos contaron la obra que realizaste en sus días”. Dios se presenta ante Moisés remitiéndose a una relación previa: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” (Ex 3,6). El hijo, el joven encuentra a Dios a través de los padres, de los ancianos.
3) En la ancianidad hay fecundidad y servicio
“En la vejez seguirán dando fruto”, dice el salmo (Sal 92 [91], 15). Del vientre estéril de Sara y del cuerpo centenario de Abraham nace todo un pueblo para Dios (como recuerda Rom 4,18-20). Del vientre estéril de Isabel y de un padre mayor, Zacarías, nace Juan el Bautista, precursor de Cristo. Hay mucho por ver y por hacer en la ancianidad: “Le haré disfrutar de larga vida, y le mostraré mi salvación”, promete Dios en un salmo (Sal 91 [90], 16).
4) La ancianidad enseña a todos que esta vida es fugaz
El libro sapiencial del Eclesiástico nos recuerda: “Ten en cuenta a tu Creador en los días de tu juventud, antes de que lleguen los días malos” (Eclo 12,1). El salmista recuerda con todo realismo que la vida pasa rápido: “Setenta años dura nuestra vida, y hasta ochenta llegan los más fuertes; pero sus afanes son fatiga inútil, pues pasan pronto, y nosotros nos desvanecemos” (Sal 90 [89], 10). Por eso la Escritura propone mirar a Dios, y no a las cosas mundanas.
5) La ancianidad prepara para morir con visión sagrada
“Abraham murió en buena vejez, colmado de años, y fue a reunirse con sus antepasados” (Gn 25,7). Esta escena muestra una muerte serena que redondea una vida plena. Cristo, que promete la Resurrección (y la ejemplifica) da aún más esperanza y hace más sagrado el morir, que no es mera biología. “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que está vivo y crea en mí, jamás morirá” (Jn 11,25-26)
6) La ancianidad es tiempo de verdadera sabiduría vital
“Enséñanos a calcular nuestros días para que adquiramos un corazón sabio”, dicen los salmos (Sal 90 [89], 12). No basta con cumplir años para crecer en sabiduría: hay que reflexionar sobre ellos bajo la enseñanza de Dios (“enséñanos a calcular nuestros días” significa “enséñanos a aprender de lo que vivimos y de lo que nos queda por vivir”).
7) La ancianidad enseña a confiar en Dios:
Un anciano reza en el Salmo: “A ti, Señor, me acojo; no quede yo avergonzado para siempre” (Sal 71 [70], 1). La ancianidad es una época para desengañarse finalmente de muchas vanidades y propagandas falsas y confiar en el Creador de la vida. Muchos santos de actividad incansable en su vejez se consolidan como rezadores incansables (Luisa de Marillac, Vicente de Paúl, Catalina Labouré y muchos otros).
Todas estas enseñanzas preparan al anciano cristiano para dar fruto fecundo, alegre y sereno en sus últimos años.
(Publicado en religión en Libertad)