Entre la presión social, el agotamiento y la búsqueda de una maternidad humana: hablan religiosa misionera de María Dolorosa y psicóloga…
Paulina Ruiz
En la sociedad, la figura de la madre ha sido elevada a un pedestal de perfección casi inalcanzable. Sin embargo, detrás de las imágenes de felicidad en redes sociales y los ideales religiosos mal comprendidos, se esconde una realidad marcada por la presión social, la ansiedad y el sentimiento de insuficiencia.
Profesionales de la salud mental y guías espirituales coinciden en que este esfuerzo por ser “perfectas” está desgastando la salud mental de las mujeres y, paradójicamente, alejándolas de sus hijos.
El peso de la perfección
Para la psicóloga Elizabeth Barajas, la presión por ser una madre ideal no nace del vacío, sino de una sociedad consumista y cibernética que dicta nuevas reglas de éxito. Elizabeth señala que hoy en día, la “madre perfecta” es erróneamente percibida como aquella que puede proveer tecnología de punta y experiencias costosas, lo que genera un desgaste profundo.
“La sociedad nos lleva a pensar que el éxito para nuestros hijos es el iPhone, las motos o asistir a conciertos de moda. Nos desbaratamos por ganar más para gastar, y mientras tanto, somos las primeras en llorar viendo a nuestros hijos perderse ante el imán de las pantallas. Esa es la verdadera presión social que nos está desgastando”, explicó.
Este esfuerzo se vuelve contraproducente cuando la madre se obsesiona con evitar cualquier tipo de dolor o frustración en sus hijos, confundiendo el amor con la falta de límites. Según la especialista, el error de querer ser “absolutas” impide que los hijos desarrollen autonomía.

El ideal religioso y la trampa de la soberbia
Desde la perspectiva espiritual, la hermana Georgina Onofre, MMD, doctora en mariología, analiza cómo incluso figuras como la Virgen María pueden ser malinterpretadas, convirtiéndose en una carga, en lugar de un apoyo.
La religiosa advirtió que buscar una perfección inalcanzable puede derivar en pecados de desesperación o, peor aún, de soberbia.
“Los ideales son siempre inalcanzables completamente. Si una mujer busca una perfección obsesiva, puede caer en la soberbia de creer que ella solo puede con todo, o en la desesperación de sentir que no sirve para nada”, afirmó la hermana Georgina.
“María no es una cuestión de obsesionarse; ella vivió una maternidad normal, de entrega, pero no se le pide a la mujer que sea exactamente como ella en su divinidad, sino que la vea como una compañera de camino”, abundó.

Los aspectos negativos: el rostro del agotamiento
Al hablar sobre las facetas negativas de la maternidad, o lo que no debe ser y/o hacer una madre, la psicóloga explicó que la salud mental materna se quiebra cuando la mujer no se permite ser humana.
Explicó las siguientes actitudes negativas en una madre:
La honestidad ausente. “No podemos decir ‘yo lo sé todo’ o ‘yo lo puedo todo’. Ser honesta sobre nuestras inseguridades es vital”, mencionó la profesionista.
La distorsión del afecto. Se refirió a una actitud presente en los tiempos modernos que usa objetos materiales para suplir la presencia emocional. “Pero esto crea un vacío que la tecnología no puede llenar”, aclaró.
Para la hermana Georgina, a veces la falta de “mano dura” o de una corrección clara por miedo a no ser “amorosa” es otro aspecto que perjudica el desarrollo del ser humano y el buen actuar de una madre.
“Los seres humanos a veces requerimos mano dura. A las mamás les toca obligar y corregir, y eso también es parte de su labor”, sentenció.
Presentes, no perfectas
A pesar de las sombras que puede haber en la maternidad, ambas entrevistadas rescataron elementos que la transforman en una experiencia de luz. “No se trata de ser perfectas, sino de estar presentes”.
Elizabeth Barajas destacó que lo positivo surge cuando la madre acepta que no lo ha vivido todo.
“Nuestra experiencia es nuestra evidencia, pero aportar lo mejor de lo que hemos aprendido con el caminar de la vida, es suficiente. El amor es suficiente cuando se sabe acoger y poner límites”, dijo.
Por su parte, la Hermana Georgina concluyó con una reflexión sobre la divinidad que abraza ambos roles:
“Dios no solamente es padre, sino que es padre y madre. Nos ama, nos acoge, nos perdona y nos guía. María nos alimenta y nos guía, pero es muy respetuosa, nunca nos obliga”.
De acuerdo a las entrevistadas, la clave para una relación sana en la maternidad, es la constancia amorosa.
“Si tú como mamá haces sentir a tus hijos tu presencia amorosa y constante, él desarrollará confianza. Sabrá que puede aventurarse a explorar y regresar en caso de susto. Eso es lo positivo: construir seguridad, no perfección”, concluyó la psicóloga Elizabeth.


































































