Diana Adriano
En mayo, cuando la Iglesia celebra a la Virgen María, madre de Dios y madre nuestra, el testimonio de Nersy Paola Márquez se convierte en un recordatorio de cómo la fe puede sostener a una persona incluso en los momentos más difíciles de la vida.
Originaria de Colombia y con apenas 28 años de edad, Nersy ha tenido su propio viacrucis: una infancia compleja, la maternidad a temprana edad, un atentado que casi le cuesta la vida, meses de hospitalización, una difícil travesía migratoria y, finalmente, una nueva etapa en la frontera mexicana donde, asegura, ha encontrado consuelo en la fe y en la comunidad.
Su llegada a la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe fue providencial. Ella siempre ha sido una devota mariana que no deja de rezar el Rosario. Y en esta casa de la advocación guadalupana encontró el consuelo y la ayuda necesaria para recomenzar su vida como una hija amada de Dios, y por extensión, de su Madre.

Infancia marcada
La historia de Nersy es cruda. Su padre falleció cuando ella era pequeña y su madre no estuvo presente durante parte de su infancia. Fue su abuela materna quien asumió su cuidado y su formación, enseñándole valores que la acompañarían durante toda su vida.
Cuando Nersy tenía 16 años enfrentó una de las decisiones más importantes de su juventud al quedar embarazada: A pesar de las dificultades y de las presiones que enfrentaba, decidió continuar con el embarazo. “Fue una decisión de amor y de fe”, afirma.
Luego, tras el fallecimiento de su abuela, la joven tuvo que trabajar en distintos oficios para sostener a su familia y continuar pagando sus estudios universitarios. Tenía 18 años de edad.
Trabajó como mesera, cuidó niños y adultos mayores en hospitales, y en otros trabajos hasta que logró terminar la universidad.
Posteriormente comenzó a desempeñarse como profesional en programas vinculados a la equidad y el acompañamiento social dentro de la administración pública en Colombia.

Un atentado cambió su vida
La vida de Nersy dio un giro dramático el 29 de julio de 2023. Mientras se trasladaba en motocicleta, fue interceptada por dos vehículos. El hecho, señala, estuvo relacionado con situaciones de riesgo que había enfrentado previamente debido a su trabajo como funcionaria pública.
El ataque le provocó graves lesiones: fracturas en tibia, fémur y tobillo que la dejaron completamente inmóvil.
“En ese momento entendí que ningún dinero del mundo puede comprar la salud o la vida”, recordó.
Intercesión de María
Su proceso médico fue complejo. Los especialistas tuvieron que realizar 15 cirugías para intentar salvar su pierna, pues una bacteria adquirida durante las intervenciones comenzó a afectar huesos y tejidos y los médicos consideraron la posibilidad de amputar la pierna.
“Cuando estaba lista para la cirugía yo le pedí a la Virgen que intercediera por mí ante su Hijo”, compartió.
De manera inesperada, durante una revisión médica se optó por intentar otro procedimiento, lo que permitió evitar la amputación.
Nersy pasó un mes hospitalizada y luego seis meses más en una clínica, donde continuó el tratamiento y las cirugías para controlar la infección.
Durante ese tiempo enfrentó también una profunda crisis emocional. Para entonces ya era madre de dos hijos y ante sus preocupaciones e incertidumbres, sufrió un preinfarto.
“Me aferré mucho a Dios y a la Virgen. En cada cirugía rezaba el rosario”, recordó.
Después de las cirugías llegó pasó seis meses en cama sin poder moverse y posteriormente inició un largo periodo de terapias físicas de rehabilitación.
Recuperar la movilidad le tomó aproximadamente un año y en esa etapa comenzó a pensar en el futuro de sus hijos y en la posibilidad de iniciar una nueva vida fuera de su país.

Travesía de incertidumbre
En diciembre de 2024 decidió emprender el viaje hacia México con la intención de continuar su aventura hacia el norte del continente.
El trayecto estuvo marcado por momentos de gran incertidumbre. Durante el traslado hacia la frontera, el grupo de migrantes con el que viajaba fue retenido durante varios días por personas que controlaban el paso en la región. En ese periodo permanecieron en condiciones difíciles.
“Fue un tiempo de mucho miedo, sobre todo por mis hijos”, contó.
Finalmente, gracias a la ayuda de familiares y amigos que reunieron recursos económicos para apoyarla, Nersy y sus hijos pudieron continuar su camino.
Nuevo comienzo en la frontera
Tras esa experiencia llegó a Ciudad Juárez, donde comenzó una nueva etapa llena de incertidumbre, pero también de esperanza.
Sin conocer a nadie en la ciudad, se hospedó inicialmente en un hotel mientras buscaba orientación y apoyo.
En medio de la angustia decidió acercarse a una Iglesia.
Así fue como llegó por primera vez a la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe, donde encontró una comunidad que poco a poco comenzó a acompañarla.
Recuerda que aquella primera vez entró justo cuando un grupo de fieles rezaba el Santo Rosario. Una de las personas presentes le preguntó si quería dirigir uno de los misterios.
“Yo acepté, y desde ese día empecé a venir todos los días”, contó.
Con el paso del tiempo fue conociendo a miembros de la comunidad y a los sacerdotes de la comunidad, pero en especial al padre Arturo Martínez, vicario parroquial, quien la escuchó y la acompañó en su proceso.
Su hijo incluso comenzó a servir como monaguillo, por invitación del padre Arturo, algo que Nersy considera una bendición.
“Sentí que Dios nos estaba mostrando un camino nuevo”, afirmó.
Actualmente Nersy se encuentra en proceso de regularización migratoria en México. Su solicitud de refugio fue aceptada y ahora espera la emisión de sus documentos.
Mientras tanto, recibe apoyo del programa de la Pastoral de la Movilidad Humana de la Misión Columbana, en instalaciones de la Catedral y de personas de la comunidad para cubrir necesidades básicas y continuar con su tratamiento médico, ya que aún sigue en rehabilitación por las secuelas del atentado.
Mensaje en el mes de María
En este mes de María, Nersy comparte su experiencia como un mensaje de esperanza para quienes atraviesan momentos difíciles.
“Las pruebas van a llegar, pero nunca abandonen su fe”, dice.
Para ella, la oración del rosario y la devoción a la Virgen María fueron fundamentales en los momentos más oscuros de su vida.
“Aférrense a la Virgen. Van a sentir paz y protección. Dios nunca nos abandona”.
Hoy, acompañada de sus hijos y de la comunidad que la ha acogido en la frontera, Nersy continúa reconstruyendo su vida con la convicción de que cada prueba que ha enfrentado ha fortalecido su fe.
“Todo lo que he vivido me ha acercado más a Dios. Y sigo luchando”.


































































