Ana María Ibarra
Llevar esperanza y alegría a niños y jóvenes enfermos a través de acciones sencillas, es misión de algunos grupos en la Diócesis de Ciudad Juárez, donde dan testimonio de la compasión del Buen samaritano, imagen del evangelio que es el centro del mensaje del Papa León para la Jornada Mundial del Enfermo de este 2026.

“La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro” es el título de este mensaje y es lo que en la práctica realizan tanto las Voluntarias Vicentinas, como ministros de la comunión encabezados por la señora Luz del Carmen Don Lucas Muñoz, quienes desde hace años visitan el Hospital Infantil y algunos otros nosocomios para llevarles el mensaje evangélico o preparación sacramental.
Presentamos ambos testimonios con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo 2026, la cual quiere subrayar este aspecto del amor al prójimo: el amor necesita gestos concretos de cercanía, con los que se asume el sufrimiento ajeno, sobre todo el de aquellas personas que viven en situación de enfermedad, a menudo en un contexto de fragilidad debido a la pobreza, al aislamiento y a la soledad.
Voluntarias Vicentinas
En el área de Oncología del Hospital Infantil, las Voluntarias Vicentinas acuden para cumplir su misión que es evangelizar, dar fe y esperanza a los enfermos.
“La misión es evangelizar, el pretexto es llevar comida, un regalo, juguetes. Nuestra misión es que escuchen alguna Palabra del amor de Dios”, expuso Rubicela Ramos Antillón, una de las voluntarias que asiste a este servicio.
Las visitantes trabajan de la mano con las trabajadoras sociales del hospital cuando se acercan fechas clave como Navidad o el Día del Niño.
“Ellas nos comparten las edades de los niños y llevamos los juguetes con su nombre. Damos continuidad y acompañamiento a las familias, especialmente a las de oncología ya que son tratamientos largos. Les llamamos por teléfono para saber cómo están. Hay una capilla y los invitamos a rezar el Rosario”, dijo María Duarte, presidenta del consejo de Voluntaria Vicentinas.
Para las voluntarias, es conmovedor asistir a los niños sabiendo que enfermaron cuando su vida apenas comienza.
“El regalo ellos me lo dan al recibir lo que llevamos y ver sus ojitos, sus sonrisas. Nuestro voluntariado es para transmitir amor con nuestro servicio a las demás personas y hacer una cadenita de amor. No necesariamente somos quienes compramos los regalos, recibimos ese apoyo de la familia y amigos”, añadió Rubicela.
Es así como las Vicentinas dan a conocer lo que algunos niños sufren, buscando contagiar el amor a los demás.
“El servicio es algo hermoso cuando se comparte no solo económicamente, sino en tiempo, en cansancio. El voluntariado sensibiliza. A veces somos muy religiosas y rezamos en la iglesia, pero en el fondo lo que Dios quiere es que hagamos caridad, que nos acerquemos a nuestros semejantes con amor”, añadió la entrevsitada, quien tiene 25 años como voluntaria.

Recompensadas
Desde la perspectiva de las entrevistadas, para las Voluntarias Vicentinas no son las personas quienes necesitan su servicio, sino ellas mismas quienes necesitan a las personas.
“El ratito que hablamos con ellas y la evangelización que les damos les ilumina su rostro. Es bonito hablar con ellas, conocer su situación”, compartió María Duarte.
“Gracias a ellos crezco como ser humano y conozco el verdadero amor de Dios. Llega un momento en que si no hago el servicio, me voy quedando vacía. Ese vacío lo llenan las personas con las que tengo contacto. Les agradezco que me permitan llegar a ellos y que me reciban con una sonrisa o una lágrima”, agregó Rubicela.
Hacen falta manos
Pero las Voluntarias Vicentinas están conscientes de que hoy les hacen falta manos y ayuda para lograr sus objetivos en el acompañamiento a los niños enfermos y sus familias.
Por ello invitaron a todas las mujeres humildes de corazón que deseen trabajar en el bien de los demás, a que se acerquen a la misión que realiza Voluntarias Vicentinas.
“Las invito a que le pidan a Dios que les dé sensibilidad, inquietud y ánimo para decidir ayudar a alguien que no pertenezca a su familia. Que pidan el deseo de servir con amor y disponibilidad. No tengan miedo, Dios siempre bendice y facilita el camino”, dijo Rubicela.
“A través de la consagración servimos a Dios a través de los demás, pero siempre de la mano de Él”, concluyó María.
Interesadas llamar a:
Casa Vicentina al 656 616 8536
Se atiende por las mañanas

































































